ver más

Conoce por qué los gatos amasan y qué dice la ciencia

El instinto de amasar en los gatos, un reflejo de la lactancia, se mantiene en la adultez como un poderoso vínculo afectivo y señal de pertenencia.


Si tenés un felino en casa, seguro viviste este ritual: se te sube y mueve sus patas delanteras rítmicamente. Este curioso hábito de amasar es clave en el lenguaje corporal de los gatos y, según la ciencia, responde a motivos instintivos muy precisos vinculados a su desarrollo.

El origen: un recuerdo de la lactancia

Según explican las especialistas en ciencia animal Susan Hazel y Julia Henning en un artículo publicado por la BBC y la red The Conversation, los gatos comienzan a amasar por primera vez cuando son recién nacidos y se encuentran en la etapa de amamantamiento. Este gesto está asociado directamente con la succión y ayuda a estimular el suministro de leche materna a través de la liberación de oxitocina.

Con el tiempo, este reflejo evolucionó no solo por esa necesidad alimentaria, sino también como una forma de comunicación táctil y química entre el cachorro y la madre. Los gatos poseen glándulas odoríferas en las suaves almohadillas de sus patas, y al presionar liberan feromonas que funcionan como mensajes vinculados a la identificación, el estado de salud y el fortalecimiento del vínculo.

Una forma de demostrar amor y confianza. Foto: Shutterstock

¿Por qué lo siguen haciendo de adultos?

Si bien el hábito nació en la infancia, su permanencia en la edad adulta se debe a un fenómeno biológico que la publicación de la BBC detalla como "neotenia", el cual ocurre cuando un animal conserva rasgos de comportamiento juveniles de forma permanente.

Para los gatos domésticos, mantener este rasgo resulta ventajoso para socializar:

  • Demostración de afecto: cuando un gato adulto te amasa sobre el regazo, utiliza estas feromonas para decir "estamos vinculados", "estás en mi grupo social" o, en términos humanos, "sos mi persona".

  • Búsqueda de calma: muchos felinos acompañan este movimiento lamiendo o succionando mantas suaves o de lana. Este acto les resulta sumamente relajante por la asociación directa con el confort y la seguridad de sus primeros días de vida.

En definitiva, este particular amasado es una de las mayores demostraciones de amor y confianza que puede ofrecerte tu mascota. Si en ese entusiasmo sus garras te llegan a lastimar, las expertas recomiendan simplemente colocar una manta gruesa de por medio para protegerte y evitar retarlo de forma brusca.