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Verano extremo: por qué el calor daña terrazas y balcones y cómo evitar filtraciones

Especialistas advierten que el calor extremo debilita selladores y recubrimientos. Detectar señales tempranas es clave para anticiparse a daños mayores.

El calor y las lluvias aceleran la degradación de terrazas, generando microfisuras que pueden derivar en filtraciones.

El calor y las lluvias aceleran la degradación de terrazas, generando microfisuras que pueden derivar en filtraciones.

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Los veranos con altas temperaturas, sol intenso y lluvias repentinas someten a terrazas y balcones a un estrés térmico que provoca dilataciones, contracciones y fallas invisibles. Con mantenimiento preventivo y controles simples, es posible anticiparse a las filtraciones.

El verano argentino combina radiación UV elevada, jornadas que superan los 35°C y tormentas cada vez más abruptas. Este escenario expone a terrazas, balcones y fachadas a un nivel de exigencia térmica difícil de sostener: los materiales se dilatan y contraen de forma continua, se fatigan y, con el tiempo, desarrollan fisuras. Muchas de estas fallas comienzan de manera imperceptible y se manifiestan semanas después como filtraciones.

La evidencia técnica respalda esta tendencia. Una investigación publicada en Sustainability (MDPI) analizó el impacto del cambio climático en materiales de fachada y concluyó que las variaciones extremas de temperatura, humedad y radiación incrementan la degradación de recubrimientos, selladores y estructuras exteriores. El resultado: microfisuras y fallas prematuras cada vez más frecuentes durante los veranos actuales.

Cómo el calor y el sol alteran los materiales

La exposición prolongada al sol modifica el comportamiento de los materiales más utilizados en exteriores. Las pinturas y recubrimientos pierden resistencia por la acción de los rayos UV; los revoques se deshidratan y generan microfisuras; los morteros reducen su cohesión superficial; y los selladores rígidos o envejecidos dejan de acompañar los movimientos naturales de las superficies.

Los especialistas coinciden en que el calor extremo provoca desplazamientos que, si no cuentan con sistemas elásticos adecuados, terminan en fisuras, desprendimientos y filtraciones. Se trata de fallas silenciosas: avanzan sin señales evidentes hasta que el agua logra ingresar.

Señales tempranas que no conviene ignorar

Antes de que aparezca una filtración visible, suelen presentarse indicios claros. Entre los más frecuentes se encuentran pequeñas líneas capilares, zonas con craquelado, desprendimientos granulares y sellados que se retraen, dejando juntas irregulares. Estas señales se intensifican en superficies orientadas al oeste, donde la radiación solar incide durante horas y una lluvia intensa posterior actúa como un shock que acelera cualquier deterioro previo.

Cinco factores clave para prevenir filtraciones en verano

  • Revisar juntas y sellados antes del primer calor
  • Identificar y actuar sobre fisuras activas
  • Fortalecer superficies debilitadas por la radiación UV
  • Controlar frentes de losas, bordes y esquinas expuestas
  • Verificar drenajes y desagües