Un nuevo informe del Conicet revela cuáles son los ecosistemas que hacen única a Mendoza
El Conicet presentó el relevamiento más completo realizado sobre los ecosistemas argentinos. Cuáles están presentes en Mendoza y qué características tienen.
La Laguna del Diamante es uno de los ecosistemas altoandinos destacados en el nuevo mapa del Conicet por su biodiversidad, la calidad de sus aguas y su importancia para la conservación.
ALF PONCE MERCADO / MDZPor primera vez, Argentina cuenta con un mapa que describe con detalle los ecosistemas marinos, acuáticos y terrestres de todo el país. Detrás del trabajo hubo más de 50 especialistas de universidades e institutos nacionales que, durante meses, reunieron información de campo, imágenes satelitales y estudios científicos para construir la radiografía ambiental más completa realizada hasta ahora.
Aunque el informe abarca todo el territorio nacional, Mendoza ocupa un lugar destacado por la diversidad de ambientes que reúne. Desde lagunas de alta montaña hasta los grandes ríos que abastecen de agua a millones de personas y los paisajes áridos del Monte, el trabajo permite entender por qué la provincia es mucho más que viñedos y cordillera.
Más allá del valor científico, el estudio tiene una aplicación concreta. La información servirá para planificar el uso del territorio, mejorar estrategias de conservación y anticipar los efectos que pueden tener la sequía, la pérdida de glaciares o el avance de distintas actividades humanas sobre los ambientes naturales.
Una provincia atravesada por el agua que baja de la cordillera
Uno de los ecosistemas más importantes identificados dentro de Mendoza son los lagos de los Andes Centrales. Allí aparece la Laguna del Diamante, ubicada a 3.250 metros sobre el nivel del mar, considerada uno de los ambientes acuáticos mejor conservados de la cordillera mendocina.
El informe describe a la laguna como un cuerpo de agua de extraordinaria transparencia y baja presencia de algas, características que reflejan su buen estado ambiental. Además, alberga especies que sólo viven en estos ambientes de altura y constituye un espacio de enorme valor para el turismo, la investigación científica y la conservación de la biodiversidad.
Pero el trabajo también advierte que estos ecosistemas no son ajenos a los cambios que atraviesa la cordillera. Entre las principales amenazas aparecen la retracción de los glaciares, la disminución de las precipitaciones, el uso intensivo del agua, el desarrollo de infraestructura, el crecimiento del turismo y posibles impactos de actividades mineras.
Los ríos Mendoza y Atuel, mucho más que agua
Otro de los ambientes analizados es la cuenca de los ríos Mendoza y San Juan. Para los investigadores, estos cursos de agua cumplen una función que excede ampliamente el paisaje: abastecen de agua potable, permiten el riego agrícola, generan energía hidroeléctrica y sostienen actividades recreativas y turísticas.
En el caso del río Mendoza, el estudio recuerda que el dique Potrerillos es el principal regulador del sistema y una pieza fundamental para el suministro de agua al Gran Mendoza. También señala que el río nace del deshielo cordillerano, por lo que depende directamente del comportamiento de las nevadas y de los glaciares.
Sin embargo, el informe identifica varios problemas ambientales. En sectores urbanos aparecen registros elevados de contaminación orgánica y nutrientes, mientras que a escala regional preocupa la disminución futura de los caudales debido a la sequía prolongada, la retracción glaciar y el aumento en la demanda de agua.
La cuenca del río Atuel también ocupa un capítulo especial. El estudio recuerda que nace en la cordillera, atraviesa el Cañón del Atuel y alimenta el complejo hidroeléctrico de El Nihuil antes de avanzar hacia La Pampa.
El conflicto por el agua también aparece en el mapa
Uno de los aspectos más llamativos del informe es que incorpora conflictos ambientales actuales. En el caso del Atuel, los investigadores mencionan que el aprovechamiento del agua para riego en Mendoza redujo considerablemente los bañados ubicados aguas abajo, situación que dio origen al histórico conflicto con La Pampa.
El documento recuerda incluso que la Corte Suprema fijó en 2020 un caudal mínimo permanente para el río, aunque aclara que el conflicto todavía continúa abierto. A eso se suman otras amenazas como la sequía, la pérdida de glaciares, la salinización del cauce y la presencia de especies exóticas introducidas.
Lejos de quedarse en una descripción geográfica, el trabajo muestra cómo un mismo ecosistema puede ser indispensable para la producción agrícola, el abastecimiento de agua y la generación eléctrica, pero al mismo tiempo encontrarse sometido a fuertes presiones ambientales.
El desierto mendocino también guarda una enorme biodiversidad
El informe también pone la lupa sobre los ecosistemas terrestres de Mendoza. Uno de ellos son los bolsones endorreicos, grandes llanuras áridas donde sobreviven humedales como las Lagunas de Guanacache, cuyo tamaño depende directamente del agua que llega desde los ríos cordilleranos.
Según los investigadores, estos ambientes albergan vegetación adaptada a la salinidad, aves, reptiles y especies endémicas que sólo existen en esta región. Sin embargo, el uso intensivo del agua para los oasis agrícolas redujo notablemente la permanencia de muchos humedales que históricamente formaban parte del paisaje mendocino.
Entre las amenazas también aparecen el sobrepastoreo, la tala y la salinización de los suelos por prácticas de riego inadecuadas. El informe recuerda que, hace décadas, Guanacache mantenía una importante actividad pesquera que abastecía incluso a la ciudad de Mendoza, una realidad muy diferente a la actual.
Otro ambiente destacado es el Monte Austral o Monte Típico, el ecosistema que domina gran parte del piedemonte mendocino. Allí prosperan jarillas, retamos, cactus y numerosas especies de reptiles y pequeños mamíferos especialmente adaptados a vivir con muy poca disponibilidad de agua.
Los investigadores señalan que buena parte de los oasis productivos de Mendoza reemplazó sectores originales de este ecosistema. Además, el avance urbano, el sobrepastoreo, los incendios y la extracción de vegetación representan hoy algunos de los principales desafíos para conservar uno de los paisajes naturales más característicos de la provincia.
En definitiva, el trabajo del Conicet no sólo ofrece el mapa ambiental más completo elaborado en Argentina. También ayuda a comprender que detrás de los paisajes más conocidos de Mendoza existe una red de ecosistemas que hace posible el agua que llega a las ciudades, la producción agrícola, el turismo y la biodiversidad. Conocer cómo funcionan y cuáles son las amenazas que enfrentan es el primer paso para entender por qué conservarlos también implica cuidar la calidad de vida de quienes habitan la provincia.





