El mundo, una escuela

Sería grandioso ver el mundo como una escuela, con numerosas lecciones que aprender y convencernos de que todos nuestros problemas, desánimos y sufrimientos son en realidad “grandes oportunidades veladas”. 

alfredo diez

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Eduardo y Natalia, dos amigos míos, se casaron muy enamorados, pero luego de un tiempo su amor se marchitó porque los negocios y el exceso de dinero no les dejaban tiempo para dedicarse el uno al otro. Estaban a punto de separarse cuando su situación financiera sufrió un gran revés. Se vieron de nuevo pobres, como en los primeros años de su matrimonio; y para poder salir adelante, compraron una casita en el campo y se dedicaron a cultivar el huerto. Trabajaron juntos en él durante muchas horas, todos los días, y llegaron a ser de nuevo una pareja feliz.

Muchas personas saben por instinto que todos los cambios traen consigo un incremento en la intensidad de sus vidas, y disfrutan al adaptarse a las nuevas circunstancias. Si estamos persuadidos de las ventajas de esta forma de enfrentarnos a la vida atraeremos hacia nosotros nuevas personas y oportunidades.

Sería grandioso poder ver el mundo como una escuela, con numerosas lecciones que aprender. Y sería estupendo también convencernos del hecho de que todos nuestros problemas, desánimos y sufrimientos son en realidad “grandes oportunidades veladas”.

¿Cómo advertir que los conflictos son realmente oportunidades?

Una forma es pensar en alguna situación que nos haya parecido un problema enorme e insoluble cuando tuvimos que enfrentarla. Y cómo luego descubrimos, a consecuencia del gran aprendizaje que representó, que debimos haberla valorado como una verdadera bendición disfrazada.

Vale la pena hacer un intento de retrospección, porque así, al mirar hacia atrás, podremos reconocer que los que nos parecieron los mayores problemas de nuestra vida fueron en realidad oportunidades que, bien aprovechadas, nos proveyeron de un mayor crecimiento y conocimiento interior.

Por eso, estoy convencido de que todo lo que nos pasa en la vida son oportunidades. Oportunidades para experimentar, para aprender, para probarnos; solo debemos entender que lo son, y sacarles el mayor provecho posible, ya que “si lloramos porque se ha escondido el Sol, las lágrimas no nos dejarán ver las estrellas”.

Por Alfredo Diez, escritor, conferenciante y consultor de empresas / Instagram: alfredo10coach 

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