Educación: el currículo porta la misión, reconciliando saberes y evangelización
El currículo integra fe y conocimiento, buscando reconciliar saberes con la misión evangelizadora en la educación actual en los colegios.
Los colegios jesuitas, especialmente en las clases alta y media-alta, muestran la predominancia de un currículum gerencial que busca formar individuos racionales.
Archivo MDZ¿Es posible que la educación del siglo XXI, impulsada por la eficiencia y la tecnología, aún pueda formar almas para el servicio y la trascendencia? ¿Pueden los colegios conciliar las exigencias académicas contemporáneas con su profunda tradición humanista y de evangelización?
El debate sobre el currículo en la educación actual revela una tensión crucial: la necesidad urgente de revalorizar el "qué" se enseña, para que realmente encarne la misión de los colegios católicos.
Un libro reciente de Juan Cristóbal García-Huidobro S.J titulado el “Curriculum Porta la Misión” (2023), acerca de la importancia del currículo evangelizar jesuita nos da elementos para repensar la cuestión para el resto de los colegios católicos. Por eso, quiero reseñar con citas textuales esta gran obra que puede servirnos como faro y bitácora a las escuelas católicas y gracias a la generosidad de los autores se encuentra disponible en línea.
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Históricamente, la Ratio studiorum de 1599 fue el pilar que articuló el currículo, la pedagogía y la evaluación en los colegios jesuitas. Este documento no solo detallaba qué se debía aprender (humanidades, filosofía, teología), sino que también sentaba las bases para la formación integral de los estudiantes, orientada al conocimiento y amor a Dios. El currículo era, en esencia, "el principal vehículo de la misión".
Sin embargo, a partir de 1993, la Compañía de Jesús giró hacia un enfoque predominantemente pedagógico-didáctico, priorizando el "cómo" enseñar antes que el "qué". Se afirmó que ya no era posible un currículo jesuita universal, delegando lo sustancial de la tradición a la pedagogía ignaciana. Esta decisión, aunque bien intencionada, ha llevado a una "falta de reflexión profunda sobre el conocimiento como elemento central del sistema" y a una creciente fragmentación.
La peligrosa desconexión entre lo académico y lo pastoral
Uno de los desafíos más patentes es la fragmentación del currículo entre lo académico y lo pastoral-formativo. El componente religioso-espiritual, que debería ser un "eje de integración y sentido", a menudo se relega a un área de pastoral desvinculada del núcleo académico. Esta disociación puede llevar a que el Evangelio no inspire todos los propósitos educativos, sino que se convierta en "un fin entre otros fines". Un estudio de colegios chilenos señala que la integralidad se declara en el discurso, pero en la práctica se hace esquiva, exigiendo una "mancomunión profesional de todo un cuerpo docente" difícil de construir.
Las encuestas realizadas a colegios jesuitas de Latinoamérica revelan esta confusión. Los colegios a menudo mezclan el currículo con metodologías pedagógicas o evaluación, sin una clara delimitación del "qué" se debe aprender. Se observa una preocupación por la extensión y el énfasis cognitivo del currículo, y un anhelo por una visión más integral que incluya lo socioafectivo y lo ético-pastoral. No obstante, existe un "silencio sobre nuestra fe y la visión humanista-cristiana" en las respuestas sobre las fuentes del currículo, lo que sugiere una desconexión entre la fe y el núcleo académico.
Además, los colegios jesuitas, especialmente en las clases alta y media-alta, muestran la predominancia de un currículum gerencial que busca formar individuos racionales, autónomos y cosmopolitas, con una fuerte dilución del componente católico. La misión del colegio termina, en varios sentidos, instrumentalizada para fines como los resultados en pruebas estandarizadas o la empleabilidad futura. La profesora Encarna Rodríguez (2023), al reflexionar sobre la reforma curricular de la Universidad de St. Joseph’s, notó que el laicado no parecía especialmente preocupado por la ignacianidad del currículum. Esta realidad, junto con la disminución de jesuitas en las aulas, plantea el riesgo de que la identidad se diluya si no se establecen "estructuras claras de iniciación y transmisión de la identidad".
El reto de un humanismo cristiano renovado
La solución pasa por un discernimiento colectivo que permita redescubrir y reintegrar el humanismo cristiano como principio articulador del currículo. Este humanismo, en sus orígenes, fusionó lo mejor de la tradición secular con la visión cristiana de la persona, buscando una formación integral orientada al servicio y al bien común.
Hoy, la crisis del humanismo frente a la secularización y la postmodernidad exige que los colegios jesuitas se pregunten "qué tipo de identidad se está cultivando con nuestras innovaciones". El Papa Francisco y otros autores han llamado a reflexionar sobre la crisis antropológica que transforma a las personas en bienes de consumo y dónde Dios desaparece. La propuesta es audaz: construir un currículo que no solo responda a las demandas del mercado o las pruebas estandarizadas, sino que prepare a los estudiantes para una "vida de servicio, plena y feliz, según su vocación".
Para ello, es vital que el Evangelio "no sea ni pueda ser un fin entre otros fines" sino que "su lugar está por sobre estos propósitos o dimensiones, inspirándolos y agrupándolos para nuestros estudiantes". Esto implica un "arduo trabajo epistemológico" para conectar los conceptos superiores de cada disciplina con la idea integradora de la fe.
Pilares para la reconciliación curricular
La conciliación del humanismo con las exigencias curriculares contemporáneas se sostiene sobre varios pilares fundamentales, extraídos de la experiencia y reflexión en los colegios jesuitas:
- Formación docente integral y con "lentes ignacianos": con la disminución de jesuitas en las aulas, la transmisión de la identidad ignaciana recae cada vez más en los docentes laicos. Es "imperativo invertir más decididamente en la formación ignaciana de las y los docentes, para que así puedan desarrollar procesos de diseño e implementación de currículum con sello propio". Esto implica darles "lentes ignacianos" para vincular la ignacianidad con sus disciplinas y el currículo. Un plan de formación estructurado, que abarque dimensiones espiritual-religiosa, socioemocional y cognitiva, es fundamental para asegurar la continuidad de la misión.
- Revalorización del conocimiento poderoso y las humanidades: los colegios deben enfatizar la adquisición de "conocimiento poderoso" (conceptos, contenidos) que amplíe el mundo y las oportunidades de los estudiantes, y no solo centrarse en la experiencia o habilidades superficiales. La literatura, especialmente los textos clásicos, es crucial para la formación humanista, agudizando la sensibilidad estética y estimulando la reflexión sobre la condición humana. Se requiere un debate sobre "qué lecturas y por qué debieran ser parte de un plan lector". Como señala Young (2010a), el conocimiento no es lo mismo que la experiencia, y el currículum debe basarse en el conocimiento disciplinar.
- Marcos curriculares claros y articulados: el éxito de sistemas como el Bachillerato Internacional (IB), con sus programas claros y concretos, ofrece un modelo a seguir. Los colegios jesuitas podrían desarrollar un "marco curricular compartido" que facilite la colaboración en la formación docente y la convalidación de estudios entre colegios de la red. Este marco debería tener una "fuerza estructural, curricularmente hablando", con acuerdos explícitos sobre qué aprender y cómo estructurar las trayectorias educativas. La Ratio studiorum ya planteaba la intuición radical de Ignacio de que es mejor "no mezclar las cosas en el currículum, sino aprenderlas secuencialmente, con conocimientos básicos rigurosos y un sentido claro de cómo encajan en un plan educacional más amplio".
- Fomento de la reflexión colectiva y gobernanza adecuada: la construcción de un currículo es un "acuerdo comunitario y un proceso político". Requiere la participación de toda la comunidad educativa y la institucionalización de "hábitos reflexivos comunitarios" para abordar la complejidad de las tensiones curriculares. El liderazgo debe promover decisiones vinculantes y sostenibles, superando la "autonomía de los colegios" que dificulta acuerdos comunes. Es necesario "delimitar el campo de acción propio del currículum" para que la deliberación sea efectiva.
- "Curricularizar" la misión y las declaraciones: es urgente "volver a hablar de currículum y desarrollar una reflexión jesuita/ignaciana al respecto, que complemente la reflexión pedagógico-didáctica existente". Las declaraciones inspiradoras, como las 4Cs (conscientes, competentes, compasivos y comprometidos), o los identificadores globales de un colegio jesuita (ICAJE, 2019), necesitan traducirse en elementos curriculares concretos. El Itinerario Formativo de la Provincia Argentino-Uruguaya es un ejemplo de cómo un documento puede aspirar a "vincular las diversas áreas del saber (incluidas la catequesis y la pastoral) desde una cosmovisión integradora".
En última instancia, el "currículum porta la misión". Los colegios jesuitas deben tener la audacia de discutir estas dificultades y entrar en reflexiones profundas sobre el currículo. Esto implica "despertar discusiones profundas sobre el currículum en los colegios jesuitas, desde la convicción de que –en un colegio o sistema escolar– el currículum es uno de los soportes fundamentales para realizar la visión y la misión". La "gran promesa de la educación jesuita" reside en un programa que integre humanidades, pensamiento social y científico, filosofía, teología y espiritualidad, entregado por equipos de profesores permanentes y con una visión compartida. Solo así, al "mostrar su fe a través de su currículum", los colegios jesuitas podrán seguir formando hombres y mujeres para y con los demás en un mundo en constante cambio.
Estas son las reflexiones y conclusiones ensayísticas de este gran libro y de parte de la preocupación de los jesuitas por la evangelización del curriculum. Las escuelas parroquiales y diocesanas, están muy lejos de plantearse siquiera el problema, más que enunciar y/o repetir alguna frase del magisterio universal sobre la problemática. En la Arquidiócesis de Buenos Aires, el Ideario y el Proyecto Educativo Pastoral Común abren una brecha y el inicio de un sendero, para que nuestras católicas no sean escuelas laicas con catequesis y actividades pastorales/solidarias/recreativas, sino que el curriculum porte la misión, que implica “el que enseñar” además del “como”, es decir, desde que óptica lo hacemos.
* Mg. Juan Manuel Ribeiro, especialista en educación.