Aceptar lo que me está sucediendo

Debemos aceptar las circunstancias que hoy nos tocan vivir, ya que toda situación que atravesamos es nuestra guía y la lección que nos corresponde en ese momento, y estamos en ella porque tiene algún tipo de enseñanza para nosotros. 

alfredo diez

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La mejor forma de reaccionar ante las vivencias es analizar y capitalizar sus enseñanzas. Para ello, el primer paso es aceptar lo que me está sucediendo, ya que si acepto la lección que recibo estoy despejando el camino para que todo el bien que esta conlleva se manifieste. Y a partir de la aceptación comienza, sí, el aprendizaje. 

¿Cuál sería una forma de advertir ese aprendizaje? Recordando, por ejemplo, cómo aquel sufrimiento tremendo que sentimos por la pérdida de un ser querido se transformó con el tiempo en una profunda enseñanza que nos proveyó de mayor equilibrio y madurez. 

Si somos reflexivos y maduros, comprenderemos finalmente cómo aquellos que consideramos “desastres” en nuestra vida han adquirido un nuevo y luminoso significado para nosotros, transformándose en otras tantas oportunidades de crecimiento y evolución personal. 

Como expresa Viktor Frankl, “el modo en que un hombre acepta su destino y todo el sufrimiento que este conlleva, la forma en que carga con su cruz, le da muchas oportunidades para añadir a su vida un sentido más profundo”. Porque el hombre posee la capacidad de aprovechar o dejar pasar las enseñanzas y el mérito que una situación difícil puede proporcionarle. Pero muchas veces recibimos castigos demasiado duros. ¿Cómo comprender esa particular lección?

Debemos aceptar las circunstancias que hoy nos tocan vivir, ya que toda situación que atravesamos es nuestra guía y la lección que nos corresponde en ese momento, y estamos en ella porque tiene algún tipo de enseñanza para nosotros. Pedir a Dios que cambie nuestra posición no conduce a nada. Mientras nosotros no cambiemos, seguiremos necesitando pasar por esa situación.

Si no aceptamos y aprendemos las lecciones de la vida, volveremos a vivir esas experiencias una y otra vez, cada una de ellas en forma más fuerte y dolorosa que la anterior. Por eso, las mismas vivencias deben analizarse con criterio, y cuando por fin hayamos aprendido la lección que tiene reservada para nosotros, entonces podremos pasar a la siguiente.

¿Cómo hacer, en forma práctica, para aprender de nuestras experiencias?

Les propongo que hagan dos columnas en un papel. En una anoten las experiencias vividas, y en la otra las enseñanzas obtenidas como fruto de esas vivencias. Estoy seguro de que les será de gran ayuda y provecho si, en lugar de lamentarse por lo que les pasa, lo ven como una oportunidad única para crecer.

El cambio y la decisión de aceptar las lecciones que la vida nos dicta solo puede salir de nuestro interior, ya que si pensamos en que el problema está “allí fuera”, y no en nuestra forma de interpretar las experiencias, este pensamiento será el auténtico problema.

Estemos siempre abiertos y dispuestos a recibir lo que la vida tiene preparado para nosotros. En muchas ocasiones, nos sorprenderemos.

Como dice, Thomas Alva Edison, una experiencia nunca es un fracaso, pues siempre viene a demostrar algo.

Por Alfredo Diez, escritor, conferenciante y consultor de empresas / Instagram: alfredo10coach

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