¿Cómo recordábamos Malvinas antes de 1982? Cinco notas desde el pizarrón
Cinco notas desde el pizarrón de la escuela hasta el cantito futbolero.
MALVINAS NOS SIGUE INTERPELANDO. Una consideración interesante podría ser: ¿cómo recordábamos a las Malvinas antes del histórico 2 de abril de 1982? ¿Cuál era la imagen que teníamos (y tenemos) los que transitamos el tiempo escolar previo a la gesta (44 años atrás) sobre aquellas islas? ¿Existía un día específico que las conmemorara? ¿Ocupaba el tema Malvinas un espacio puntual en los diseños curriculares escolares? Preguntas que surgen ante el recuerdo de la fecha emblemática, considerando siempre que la historia es un hermoso ejercicio que se hace desde el presente.
Desde mucho antes de aquel heroico 2 de abril, ya Malvinas nos interpelaba. Por aquellos tiempos de “ñaupa”, ¿qué representaban las Islas Malvinas antes del desembarco de abril del ’82 en el imaginario popular? Que significaban antes de la aventura de Galtieri; antes de la emoción por “la reconquista”, la plaza llena, el fervor popular. Antes de Pedro Giachino, de Puerto Argentino, de Costa Méndez y de los 23.428 combatientes argentinos en la guerra.
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¿Había mujeres en esas islas antes de aquellas 14 mujeres enfermeras y operadoras argentinas luchando en el frente de combate? Catorce heroínas prácticamente olvidas que vivieron la guerra sumergidas en la zona de fuego ¿Qué pasaba en el Atlántico Sur antes del Mundial de Fútbol en España ’82 donde Argentina iba a defender el título obtenido en 1978? Antes de los 33 enfrentamientos armados; del hundimiento del Belgrano; de Thatcher; la OTAN; de los traidores; de los 12.500 conscriptos con 18 años, que prácticamente sin instrucción, llegaron a las Islas; de las hazañas de los pilotos de Pucara; de los 1.068 heridos; de los tantos Oscar Ismael Poltronieri (solo por incorporar un ejemplo con nombre propio) que se jugaron heroicamente la vida, entre los miles anónimos con el mismo coraje patriótico del ejemplo Poltronieri.
¿Dónde ubicábamos a Malvinas? Pero no, geográficamente. Qué representaba socialmente antes de las generosas y desinteresadas colectas ciudadanas; las cartas que no llegaron; las donaciones que se robaron; las propagandas manipuladoras; de la llegada del papa Juan Pablo II; de Mario Benjamín Menéndez y la rendición; de las madres, esposas, hijos, que todavía esperan.
¿Qué era Malvinas? Antes de “la Multipartidaria”; de la actitud de Alfonsín; de los 649 muertos en combates; del cementerio de Darwin; de los casi 600 suicidios posteriores al final de la guerra. Qué era antes del olvido, el desamparo, la tendenciosa “desmalvinización” que escondió los héroes. ¿Malvinas? Es duro; pero cada vez que aparece “el tema Malvinas” nos inunda de preguntas. Algunas muy viejas y otras extremadamente vigentes.
EL ROL CULTURAL Y PATRIÓTICO DE LOS MAESTROS
Siempre ahí. Aparece una “flash”. Un destello que empieza a iluminar una preliminar respuesta. Anímica. Sentimental; pero respuesta al fin que alumbra la memoria.
Antes del ’82. Un gran pizarrón en el patio de la escuela que pareciera nos gritaba: “¡Las Malvinas son argentinas!” Guardapolvo blanco, “la señorita”, los compañeros y la Escuela. ¡Cuándo no, la Escuela! Dos islas cara a cara. Letra grande, cursiva, propio de una artista que cautiva con su tiza. Franja con colores de Bandera Argentina y el letrero grande que decía “Las Malvinas son argentinas”.
Te lo enseñaban en la escuela y lo repetían en tu casa. ¿Qué más? No teníamos muy claro el contenido puntual, pero Malvinas (aún sin especificidades lógicas del contexto geopolítico e histórico) se arraigó en nosotros como una causa nacional. “La causa nacional Malvinas” nació en el marco de nuestra cultura como algo propio. Se trasladó de generación en generación. “Las Malvinas son nuestras”. No necesitábamos mucho más.
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LA PREVIA AL 82
Por ese tiempo “pre - 1982” también nos enteramos (gracias a la Escuela) que ya en 1520, Hernando de Magallanes descubrió el paso que unirá los dos océanos. Desde ahí, el portugués que navegaba al servicio de rey español Carlos I, avistó las Islas Malvinas. A partir de ese momento se las disputaron España, Francia e Inglaterra, aunque como siempre decía aquel pizarrón de la escuela: "¡Las Malvinas son argentinas!".
A posteriori, ya más grandecito (pleno secundario, y otra vez, por la Escuela) aprendí que el gobierno de Buenos Aires designó a Luis Vernet como primer gobernador de la Islas a través de un decreto del 10 de junio de 1829, creando la Comandancia Política y Militar de las Islas Malvinas y las adyacentes al Cabo de Hornos. Sí, hasta hubo un tiempo que “el feriado” por Malvinas era ese día (10 de junio), donde recordábamos el “Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Malvinas, Islas y Sector Antártico”. Y después la ocuparon unos, otros, y al final se quedaron “ellos”: “los piratas”, como dictaba vulgarmente el imaginario popular, donde aún permanecen desde 1833.
Un profesor también me dijo que en el siglo XX (presidencia de Arturo Illia) hubo una Resolución de la Asamblea General de la ONU (Nº 2065 – 1965) que reconoció la existencia de una disputa de soberanía entre el Reino Unido y la Argentina en torno a Malvinas y además estableció que el caso de las Malvinas se encuadraba en una situación colonial. “Ellos”: ingleses, los colonialistas. Pasaron casi 500 años de historia. Desde Magallanes a Illia. Pero no importaba: “Las Malvinas son argentinas”, seguían diciendo los pizarrones de las escuelas.
Sí hasta Atahualpa Yupanqui resignificó el sentimiento “Pre – 82”, cuando junto a Ariel Ramírez, en “Hermanita Perdida” (1980), afirmó como icono identitario para nuestro “ser nacional” el tema Malvinas. La última estrofa de la canción sintetizó aquel sentir histórico y cultural de lo que eran las islas previo al conflicto armado: “Malvinas, tierra cautiva, de un rubio tiempo pirata. / Patagonia te suspira. Toda la Pampa te llama. /Seguirán las mil banderas del mar, azules y blancas. / Pero queremos ver una sobre tus piedras, clavada. / Para llenarte de criollos. /Para curtirte la cara /hasta que logres el gesto tradicional de la Patria”.
Malvinas era la hermana perdida que siempre esperábamos reencontrar. Nadie, absolutamente nadie, se oponía a eso. Reafirmando lo anterior: Malvinas fue siempre una causa nacional. Y las escuelas su mayor impulsor, con maestros que ejercieron una forma de ocupación simbólica, pacífica y emocional; adalides de una patria que enseñó antes de disparar.
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SOBERANÍA, MEMORIA Y GUERRA
El saldo trágico de la guerra no solo dejó una herida que permanece sangrando, también acarreó la ausencia de aquellos que no volvieron y el agrio dolor de tener que arriar la bandera. Pero ya no alcanzaba con el acervo cultural inflado. No era suficiente gritar que las Malvinas eran nuestras. Vivimos en carne propia una guerra.
Están ahí las balas; los aviones caídos; los barcos hundidos; un puñado de militares irresponsables e incompetentes. Están ahí los muertos.
Están ahí las deudas pendientes, de algunos “milicos” trasnochados que, apoyados en una causa popular, tomaron la justa cuestión pendiente de la soberanía, en medio de una deslegitimada dictadura y terminaron de “enchastrar” a la amplia mayoría de sus camaradas. Pero, sin escusas también, están las deudas de la democracia. Allá en guerra; en el frío de las islas entre morteros y trincheras. Acá en democracia, ante el “frío urbano” (hasta institucionalizado) de la incomprensión de quien no observó el flagelante síndrome de la posguerra. Gran contradicción que aumenta las irresponsabilidades: en Malvinas murieron tantos argentinos combatiendo en la guerra, como ex - combatientes que una vez en nuestra casa eligieron quitarse la vida. Vaya paradoja, las siniestras balas inglesas mataron tantos argentinos como los que mató la ausencia y la imperdonable desidia del Estado. Así, Malvinas nos expone ante una doble sensibilidad. 1) La causa nacional y el justo reclamo por la restitución a la soberanía nacional del archipiélago usurpado por Gran Bretaña. 2) El dolor latente (fresco y vigente), triste y cruel de la guerra.
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“CON LOS PIBES DE MALVINAS QUE JAMÁS OLVIDARÉ”
Malvinas siempre aparece. Está en los cantos populares que nacieron en las canchas futboleras y en los grandes estrados académicos. Está en el café, la mesa familiar, los actos escolares, los asados, los recitales. Y seguirá estando y apareciendo. Es por eso que la conmemoración del 2 de abril como “Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas” sigue habilitando espacios para la emoción, la discusión y el debate.
Nadie podrá quitarle el arraigado sentimiento popular que siempre ostentó el tema como “cuestión nacional”. Pero además Malvinas, condensa y expone la incapacidad para pensar políticas de Estado y nuestra la atroz incomodidad para procesar las muertes trágicas colectivas (bombardeos a Plaza de Mayo, Ezeiza, guerrilla, desaparecidos, AMIA, Embajada de Israel, diciembre de 2001, Cromañon, la tragedia ferroviaria de Once, etc.), despertando siempre la inquietante pregunta de hasta qué punto somos una sociedad que puede maltratar a sus jóvenes, empujándolos al abismo o al destierro.
Las Malvinas siguen siendo una deuda pendiente. Tal vez deberíamos contagiarnos (aún en tiempos duros) del entusiasmo esperanzador de aquellas maestras que con tizas de colores pintaban pizarrones: “¡Las Malvinas son argentinas!”. Pero en la actualidad, no solo circunscribiéndolo al merecido, patriótico y reivindicatorio recuerdo, sino además generando escenarios responsables para poder establecer desde nuestros derechos soberanos, una inteligente inserción en el mundo global, con una clara proyección hacia el futuro. Y de una vez, y para siempre, soñar sin egoísmos en el porvenir de ese nieto (o bisnieto) de aquel Veterano de Malvinas. Veteranos que ayer fueron los pibes (soldados) de Malvinas que jamás olvidaremos. Sin descuidar nunca que detrás de cada uniforme argentino hubo un hijo, un amigo, una familia, un sueño.
Seguramente la gran mayoría de los soldados no eligieron la guerra, pero sí tuvieron el heroico coraje de enfrentarla. Por eso la gesta del 2 de abril nos obliga a mirar más allá de la historia escrita, convirtiéndose esta fecha también en una buena oportunidad para recordar a los que quedaron en el frío de las islas, pero al constante y cálido abrigo de nuestra memoria. Como ayer en la escuela, cuando un pizarrón te enseñaba historia y la patria latía en un cuaderno.

