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Quién es el contratista, la figura invisible de la Vendimia que le pone el cuerpo al trabajo de la viña

René tiene 61 años y es contratista. Trabaja en el campo desde niño, primero en la chacra y desde hace más de 30 años en un contrato de viña. Cómo vive y cuál es su trabajo.
René vive en una casa en la finca donde trabaja. Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ
René vive en una casa en la finca donde trabaja. Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ

Se escucha un gallo cantar. René se despierta, el dolor en el hombro es insoportable. Desde hace meses sufre una tendinitis crónica que los analgésicos diarios ya no pueden disimular. Hoy se cosecha. Los muchachos van a llegar en cualquier momento. El perro ladra. “Es el patrón”, piensa en voz alta y salta de la cama. 

René Aragón tiene 61 años y solo conoce el trabajo de la tierra. Nació en Bolivia, su mamá murió cuando tenía 2 años y quedó a cargo de su abuela. Cuando cumplió 6 se vino a vivir a Argentina con su papá y los 11 se mudaron a Mendoza. 

En Luján de Cuyo aprendió a hacer chacra. “Cultivábamos verdura, zanahoria, papa, cebolla, de todo”, recuerda. Cuando se hizo más grande se fue al Este a buscar otras oportunidades y empezó a trabajar en viñedos.

“En esta finca es la segunda vez que estoy. Ahora hace 14 años que tengo el contrato. Yo hago todo: podar, atar, curar, regar cuando toca el turno. El agua llega a cualquier hora y hay que regar porque el agua es la vida de la planta”, detalla René. 

En total, es contratista de 6 hectáreas de distintos dueños. Las épocas de más trabajo son dos: la cosecha en verano y la poda en invierno. Actualmente, solo trabaja en la finca de Junín porque su estado de salud no le permite hacer más esfuerzo físico. 

Lamenta que este año no pudo sembrar en su huerta. Antes plantaba camote, tomate, algunas hileras de zapallo y en invierno las verduras de hojas verdes. Solo tiene gallinas para consumir huevos frescos a diario. 

René vive solo. Nunca se casó y no tiene hijos. Su refugio es la fe. Desde hace unos años asiste al Salón de los Testigos de Jehová y en la religión encuentra el equilibrio mental para el día a día. Por ahora, su objetivo es completar los aportes y jubilarse.

-¿Qué te gustaría hacer René?

-Descansar.

Todo un año de trabajo

La cosecha es el momento más esperado del año. Los racimos vibrantes en los sarmientos son el resultado de 11 meses de trabajo. Controlar que los tachos lleguen llenos al camión, repartir las fichas y revisar las hileras para que no quede ni una uva en los viñedos es el corolario de noches sin dormir abriendo surcos, poner los quemadores para que la helada no afecte al viñedo y podar durante horas.

René controla cada racimos. (Alf Ponce/ MDZ)

Cuando la bodega pague, René se llevará el 18% de las ganancias. Ese es el acuerdo que tiene con los dueños de la finca. Esta temporada el granizo destruyó gran parte de la producción en la zona Este, a la finca llegó solo la cola de la tormenta. "Hay que agradecer que hoy estamos cosechando", insiste. 

Después de la cosecha tiene que afinar el lápiz para repartir el dinero durante el año. El sueldo de contratista es bajo y la única forma de hacer una diferencia económica es previendo los gastos y las entradas mensuales para no terminar con una deuda.

El contratista es una de las personas encargadas de repartir las fichas. (Alf Ponce/MDZ)