Será posible: por qué todo me pasa a mi
Existe un pequeño número de personas que resultan víctimas de toda clase de accidentes. Les puede ocurrir en las calles, camino al trabajo y en otros tantísimos lugares y pueden ser atribuidos a diferentes causas, pero hay una de ellas a la que quizás no se le presta la atención adecuada y es la que se encuentra relacionada con el comportamiento inconsciente del accidentado.
La psicología del accidente es una rama de la psicología que enfoca a los factores que contribuyen a los accidentes. Pueden deberse a las siguientes variables:
- Falta de atención: la distracción puede llevar a la ocurrencia de accidentes. Pero aquí nuevamente lo mismo ¿cuántas veces se puede estar “distraído”? Si esto es habitual de ningún modo podemos justificar lo ocurrido por una distracción.
- Estrés, ansiedad, fatiga: afectan a la capacidad de reacción y toma de decisiones.
- Percepciones equivocadas: influye a nuestra atención y no detecta a tiempo el peligro. Las personas a veces la llaman “confusión”.
El estudio de accidentes llevó a conclusiones interesantes
Por ejemplo, en una fábrica el 4% de los trabajadores son víctimas del 28% de los accidentes ocurridos en el lugar del trabajo y éstos no se deben a la falta de seguridad. Los conductores de camiones quienes tienen una serie de choques u accidentes en las calles o rutas, cuando se dedican a un trabajo completamente diferente, continúan presentando un alto índice de accidentes en la nueva actividad.
Hay quienes tienen más accidentes que otros. En 1930 comenzó a expresarse “personas predispuestas a accidentes”. El psicólogo americano Karl Dallenbach, propuso que ciertas personas son propensas. Hans Eysenck realizó estudios sobre la personalidad que se involucran en comportamientos de riesgo como aquellos que conducen de modo temerario o participan en deportes extremos. Los impulsos se llevan la delantera frente a la falta de atención y la búsqueda de sensaciones nuevas involucran una tendencia a la agresividad llevada a la persona propia.
Los accidentes no constituyen una característica permanente de la personalidad
Puede aparecer y desaparecer con igual rapidez. Se ha comprobado que personas que han tenido fracturas en los huesos se muestran generalmente inquietos, tensos y sin buena coordinación. Toman sus decisiones dominados más por el impulso que por la razón. Antes de tomar una decisión y actuar nunca se detienen a pensar y analizar la cuestión.
Esto último sucede de modo frecuente con las interrupciones de un análisis donde las excusas esgrimidas por los analizantes sólo son resultado de la resistencia que se verifica para malograr un tratamiento posible. Los accidentes también ocurren cuando las personas se ven frente a alguien que tiene autoridad o ante personas que provocan su hostilidad. Incapaces de controlar el fastidio, vuelven contra sí mismos los impulsos de agresividad. Y en el relato o en la historia de las personas puede surgir alguna luz que los accidentes se originen en algún momento de la infancia.
Sigmund Freud en su ensayo psicopatología de la vida cotidiana (1905, Editorial Amorrortu) analiza una serie de accidentes familiares, conocidos por todos nosotros tales como lapsus en el lenguaje, de lectura, de escritura, olvido de nombres propios o de palabras extranjeras, confusión de actividades, mostrando de modo esclarecido que estos “accidentes” frecuentemente motivados por lo inconsciente y cómo los errores propios poseen un significado otro, alejado de la conciencia.
Existe un ejemplo de esos lapsus en un famoso mensaje que ocurrió en la Primera Guerra Mundial. El mensaje cuando salió de la línea del frente de guerra decía “Send reinforcements going to advance” (envíen refuerzos, vamos a avanzar). No obstante cuando llegó a destino se redactó de otro modo “Send three and four pence, going to dance” (envíen tres o cuatro peniques, vamos a bailar). Esta redacción se le atribuye a un telegrafista de la época y a su deseo inconsciente que transmitió, quizás harto de la guerra y con ganas de disfrutar la vida.

No existe un accidente puro
Todo comportamiento tiene un sentido que alguien puede avergonzarse de admitir o exteriorizar. ¿Pueden prevenirse los accidentes? Se intenta cada día. Se regulan leyes, normas, protocolos laborales que se aplican. Sin embargo estar atento no resulta suficiente. La condición humana se encuentra ajustada como lo expresaba un famoso ilusionista argentino cuando realizaba sus riesgosos trucos al estilo Houdini: el puede fallar que pronunciaba para generar expectativa en sus espectáculos era sólo una expresión del riesgo calculado. De los riesgos de lo inconsciente bien se ocupan las herramientas específicas de una terapia que debe tenerse presente cuando los “accidentes” se reiteran en nuestra vida. En esos casos, ya lo sabe: no son casualidades.

* Carlos Gustavo Motta es psicoanalista y cineasta.

