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Masacre de San Patricio: "Ya no me pregunto más por qué sobreviví"

Rodolfo Capalozza, sacerdote Palotino, formaba parte de la comunidad que la madrugada del julio de 1976, fueron asesinados 5 de sus miembros, nos visita en MDZ para contar lo que ha visto y oído.
Padre Rodolfo Capalozza. Foto: Analía Melnik/MDZ
Padre Rodolfo Capalozza. Foto: Analía Melnik/MDZ

La madrugada del domingo 4 de julio de 1976, sucedió un hecho que se conoce como "la masacre de San Patricio", el asesinato de tres sacerdotes y dos seminaristas palotinos, en la iglesia de San Patricio, ubicada en el barrio de Belgrano de la ciudad de Buenos Aires. Es el mayor atentado contra la Iglesia católica argentina en toda su historia. Esa noche fueron asesinados tres sacerdotes, Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Dufau, y dos seminaristas Salvador Barbeito Doval y Emilio Barletti.

Casi 50 años después, Rodolfo Pedro Capalozza, hoy, sacerdote, nos visita en MDZ, para recordar aquella noche y que por designio de Dios, él mismo tomó otro camino y no regreso a la Iglesia y pudo seguir viviendo. Días antes se había puesto una bomba en un comedor de la Policía Federal, donde hubo víctimas civiles. 

- ¿Cómo fue ese día?

- Nosotros ese día habíamos tenido un sábado normal de. Estábamos preparando un campamento con chicos de un colegio donde trabajábamos con jóvenes de la parroquia. Habíamos tenido la misa a las 19:00, cenamos y después de la cena fuimos al cine. Por lo general, nosotros vamos haciendo una experiencia de una iglesia post Concilio Vaticano II, una iglesia post Medellín, un momento de mucha renovación en la vida de la Iglesia. Yo trabajaba en un colegio, teníamos actividades en la parroquia, estudiábamos la vida comunitaria, la vida de oración y siempre el fin de semana quería descansar bien, entonces, organizo la ida al cine con los tres seminaristas Salvador y Emilio, que fueron masacrados esa noche, y yo cuando llegamos al cine, la película ya había comenzado, así que decidimos quedarnos a la próxima función.

Entonces fuimos a tomar un café, y luego fuimos a ver la película y cuando estaba finalizando la película, miré la hora y me di cuenta que se había hecho muy tarde. Ese domingo a mí me tocaba ir a la casa de mis padres a almorzar, y ahí pensé. En lugar de volver hasta Belgrano, al norte de la ciudad y a la mañana volver hacia este lado. Me conviene ir directamente a la casa de mis padres. Nunca llevaba conmigo las llaves de la casa de ellos. Si yo no tenía las llaves, yo no podía entrar porque era una antigua casa que habían hecho dos departamentos tipo propiedad horizontal. El dueño vivía en el primer piso, ellos alquilaban el segundo y a las 22:00 cerraban el corredor, y todavía no habían puesto el timbre que sonar en la casa de mis padres. Esa tarde, providencialmente, cuando estábamos limpiando la casa, yo abrí el cajoncito de mi mesita de luz, vi las dos llaves y dije: la voy a unir a todo mi llavero y asi pude entrar.

Con Salvador tenía confianza, lo conocía, hacía diez años, me dijo, no, vamos, volvamos juntos. En aquel momento incluso nosotros hacíamos bromas con respecto a cortar el cordón umbilical, pero me mantuve firme y fui a la casa de mis padres. No le había avisado nada a nuestro formador, Por eso estaba medio dudando. Cuando estaba llegando a la casa de mis padres, tuvo una intuición de volver que yo tenía que volver a San Patricio.  Tal es así que me bajo una parada antes, yo conocía bien el camino, pero una locura volver. Así que entré a la casa de mis padres. Ellos se sorprendieron. Dormí esa noche ahí y a la mañana, cuando me levanto, me dan la noticia de lo que había sucedido.

Había entrado gente armada, la casa y reunieron a los cinco, esperaron que los dos seminaristas volvieran del cine a Juntaron a los cinco en la sala de comunidad, en el living, donde en donde nos reuníamos, la sala de la casa, los tres sacerdotes. Uno de ellos había llegado de celebrar un casamiento en la Iglesia Santo Domingo y se había ido después a la fiesta. Este y los otros dos estaban ahí en la casa, juntaron a los cinco y los llevaron a la sala de comunidad y ahí, con varias armas de diferentes calibres, los mataron.

"No me pregunto más por qué"

- Fue el crimen más grande que sufre la Iglesia argentina en toda su historia. ¿Nunca se supo quién fue?

- Nunca, pero hay dos cosas que yo quisiera señalar que son importantes. Nosotros el lunes anterior habíamos tenido una reunión de comunidad, que muy diversa en su manera de pensar, en las edades no nos unía una ideología política porque pensábamos diferente. La década, el 70 era un tiempo donde se hablaba mucho de política y se discutía la familia. Pero si era una comunidad que intentaba vivir todo este espíritu de renovación eclesial que trajo el Concilio Vaticano II, que trajo el documento de Medellín, el documento de los obispos argentinos en San Miguel, por el cual la Iglesia intentaba una evangelización mucho más ligada a la promoción de la justicia, la defensa de la dignidad de la persona, mucho más inserta en los medios más pobres. Y la comunidad estaba en esa línea, por eso ese lunes anterior, en la reunión de comunidad, el padre Alfi Kelly, que era nuestro formador y el superior de la comunidad, nos planteó lo siguiente "Miren muchachos, la mano viene pesada, está desapareciendo gente Hemos sabido de algunas cosas que están muy duras, tenemos que seguir en esta línea de predicar el respeto a la vida, a la dignidad humana, el compromiso con la justicia, siempre inspirados en la doctrina de Iglesia, tenemos que ser fieles al Evangelio antes que a los poderosos de este mundo. Por eso ellos se jugaron, digamos, desde una dimensión de fe, por ser fieles a la palabra de Jesús, a la vida de Jesús. Ese fue el motivo por el cual ellos dieron la vida"

Otra cosa que quería destacar es, eh, nosotros como comunidad palatina, fieles a ellos, éramos miembros de la congregación, de la comunidad, padres y hermanos latinos. Hemos hecho un proceso por el cual nosotros reclamamos justicia, reclamamos verdad. Porque cuando no hay justicia, una sociedad sucumbe totalmente, pero a la vez hemos perdonado. Justicia y perdón no se oponen. Esther, la mamá de Emilio, que era el más joven, tenía 22 años. Ante el féretro de su hijo, le pidió a su hijo no guardar rencor y poder perdonar. La madre de Alfie, una mujer ya anciana irlandesa, cuando le comunican lo que había pasado, ella dice "Bendita sea la santa voluntad de Dios. Yo prefiero ser la madre de una de las víctimas a ser la madre de los asesinos".

Ese proceso de no impunidad, pero tampoco no venganza, no justicia, pero también saber perdonar y saber buscar como cristianos la conversión de aquellos que hicieron esa barbaridad. Padre que yo tenía en ese entonces. Yo tenía 20 años, hacía cuatro meses que había entrado a la comunidad así.

P. Rodolfo Capalozza - Nunca se supó quien fue

- ¿Y cómo lo vivió después, con el correr del tiempo?

- Fue un tiempo de mucha soledad, yo perdí mi comunidad, yo conocí a los palotinos por ellos. Esa era la comunidad de origen, y por la cual yo me vinculé a la comunidad palotina. Este encontré en esa comunidad realmente como una integración muy fuerte entre lo humano y la fe. Y yo pude vivir mi, mi adolescencia, mi ser joven, a la luz de la fe y con todas las características de la juventud. Era una juventud que en aquel tiempo soñábamos con un cambio, no con un mundo nuevo. Entonces perdí también todo un proyecto que teníamos juntos, un ideal de una sociedad diferente. Toda la década del 70 estuvo muy marcada por el compromiso de los jóvenes, algunos en acciones pastorales en los barrios más pobres en todo el país, otros en la vida política insertándose en los partidos, algunos hicieron una opción por la violencia, otros tomaron una vía más pacifista.

- Escuchas hablar de la masacre de los palotinos, y hay una estación del subte que fue renombrada, la estación Echeverría, del subte B, que se llama Mártires Palotinos, pero, para la Iglesia, ¿son mártires?

La palabra mártir significa testigo, pero es una palabra que la Iglesia, adjudica a aquellos que mueren por la fe. Eso es un proceso en la Iglesia, hay un tribunal para que no perezcan las causas que está actuando en Buenos Aires se ha pedido la aprobación de la inicio de la causa y está en proceso de iniciar la causa canónica para que sean declarados mártires.

Mirá la entrevista completa con Rodolfo Capalozza

- He hablado con algunos protagonistas de estas masacres, ejemplo el caso de Matías Ballenato y la masacre de Flores, murió toda su familia, también un amiguito de su hermano y él pudo vivir porque se pudo escapar del incendio. Pero él muchas veces sufrió esa culpa de ser el único sobreviviente, ¿le ha pasado?

- Yo nunca tuve esa sensación de culpa por eso, porque realmente no busqué no estar, y yo digo cualquier ser humano que incluso hubiese estado si se podía escapar, se escapaba, salvar la vida. Cada vez que me encuentro esto lo habrán escuchado nombrar este monje benedictino Mamerto Menapace, él siempre me dice "Vos no te salvaste. "Lo que se salvaron fueron ellos, porque están en la casa de Dios" Y eso siempre lo recuerdo.