Difícil trabajo el de Dios
Cada calendario guarda fechas que sacan a la luz nostalgias, alegrías y tristezas sin que esto quiera decir que el resto de los días estas emociones transiten con mayor o menor intensidad. Por suerte o por desgracia estas hojas del calendario simplemente cumplen con el paso del tiempo logrando en nosotros una imagen exacta de aquello que ya no esta.
El miércoles 25 de noviembre de 2020 fue un día cualquiera que abandonó para siempre su anonimato para convertirse en un fecha que quedará en la historia porque trajo consigo el relampagueo de lo incierto a través de una primicia que nadie quería dar, aunque fuera la más importante de su vida. Diego Armando Maradona, la persona que parecía que iba transcender a todos los mortales, moría en un barrio privado de Tigre.
El fuego sagrado de su pecho fue apagándose, a ese metro sesenta y cinco que supo volar ya no le quedó una gambeta por tirar, su cuerpo ilustrado dejaba testimonio de sus amores y sus banderas. No necesito morir para ser un mito quizás esa fue su carga más pesada que lo llevo a separar a Diego de Maradona y comenzó a hablar de si mismo en tercera persona. Tan generoso, tantas veces usado, tantos amigos y tan solo, tantas veces juzgados por miserables que se creen jueces de la vida de otros, alguna vez dijo “Quédense con el Maradona jugador que con el Maradona hombre convivo yo las 24 hs del día¨.
Fue un hombre vulnerable con virtudes y defectos pero nunca dejo de ser un hombre, algo que en la piel de Maradona era muy complicado y fue allí donde enfrentó sus demonios y libro sus batallas más difíciles gambeteando finales trágicos. Desde sus hombros la vida fue compleja marcada por todo lo que sucedía a su alrededor porque para alcanzar la cima hay que bordear la cornisa y una vez arriba el aire comienza a ser escaso y se vive en un mundo donde nadie puede permanecer por mucho tiempo.
Nos dejo un Maradona para disfrutar y otro para entender por eso como dice Dolina siempre hay que evocar a las personas por sus mejores obras y la versión mas genuina de Diego esta en una cancha donde decenas de pies lo buscaron con la zancadilla fatal para tirarlo sobre el barro pero su estilo fue mezcla de arte y picardía con la ilusión de los potreros como estandarte. Dueño de un talento crítico, creativo, exigía libertad pero también molestaba e inquietaba, él sabía que la infamia lo esperaba agazapada, que lo acechan la envidia, la intolerancia, las angustias, la impaciencia y la historia con una pesada carga de frustraciones.
Cuando las hojas del calendario eran grises el 10 de su camiseta fue el chispazo que nos alumbró entre tantas sombras porque su fútbol nace desde el brillo de sus ojos y recorre su rostro hasta la sonrisa que ilumina su cara en momentos felices. Antes que el mural existió la gloria y antes que la gloria existió historia, la misma que hoy lo sostiene. Si pudimos disfrutar un Messi es porque antes existió un Maradona, son leyenda y por lo tanto son imbatibles, pese a los imbéciles empeñados en negarlo. Ante la incredulidad y la profunda tristeza de tu muerte soy de los que te piden que vuelvas, así que señoras y señores dejo en estas líneas mi confesión.
Soy de aquellos que siempre te pidió que vuelvas ya sea de una lesión, una suspensión y sobre todo desde tu propia enfermedad. Volvé sin avisar en un mediodía soleado o en una noche fría. Volvé en los sueños de los argentinos que quieren ver tu rostro, sin llanto ni desbordes. Volvé al lugar de donde partiste sin equipaje, en punta de pies con los botines desatados. Volvé para dejar un abrazo que calme tu ausencia.
Volvé vos Diego y deja que Maradona descanse. Yo sé que estamos a mano, me diste tanto como yo te amé, pero la vida tiene un ritmo y una velocidad vertiginosa que el corazón no alcanza y mientras más te pido que vuelvas más veo tu imagen en cada pintada y cada bandera que se levanta. Estas en esa gambeta que llega al gol desde el asombro, estas en un caño, un sombrero, una rabona, en cualquier cancha donde tu presencia se impone.
Habitas dentro de la más pura inspiración de la excelencia, estas pintado en nuestra piel sobre recuerdos y suspiros, tu voz sale de cada boca que pronuncia tu nombre.
Sos ese fútbol que nos da una fantástica excusa para ser felices, al menos por un rato. Por todo lo expuesto es momento de perdonar a Dios por llevarse tantas cosas nuestras y pensar que tanto te pedimos que vuelas que perdemos de vista que nunca te fuiste.

* Gastón Costello. Periodista deportivo.

