Hijos del trauma: la realidad oculta que marca nuestra vida
Todos somos hijos del trauma en la realidad. Asistimos a la difusión de clasificaciones en la clínica psiquiátrica, ya sea el manual americano DSM-V o el manual europeo ICD-10. En los dos casos se admite una extensión del síndrome postraumático, Post-Traumatic Stress Disorder, según la versión anglófona que nos indica que la palabra trauma se dirá cada vez más en todas las lenguas stress.
Los problemas de inmigración y de desplazamiento de poblaciones, que existen en una escala que nunca se vio en la historia, la presencia de guerras explícitas, los atentados terroristas, pandemias, fluctuaciones de la economía y bipartidismos políticos de carácter internacional, nos someten cada vez más a un régimen de inseguridad. Esta inseguridad social no es solamente un problema sociológico. Es nueva en el plano de la clínica. Tenemos que vérnosla con un fenómeno que busca su traducción en el plano científico, y especialmente en el interior de la psiquiatría que se encuentra en la interface entre la descripción científica del mundo y lo que la excede, es decir su inmersión del sujeto en la sociedad.
La ciencia en tanto que descripción programada de cada uno de nosotros, desde la programación genética hasta la programación del medio ambiente, pasando por el cálculo cada vez más preciso de riesgos posibles, hace existir una causalidad programada. En la medida en que esta causalidad toma consistencia surge el escándalo del trauma que escapa a toda programación. En la medida en que tenemos una mejor descripción científica toma consistencia el síndrome postraumático del stress, ligado a la irrupción de una causa no programable y la tendencia a describir el mundo a partir del trauma. Todo lo que no es programable se vuelve un trauma. Esto llega al punto que, por ejemplo, en las conferencias sobre la salud mental se asiste a propuestas que apuntan a considerar la sexualidad misma, el malestar en la sexualidad, como un Post-Traumatic Stress Disorder.
Entre 1895 y 1897, Sigmund Freud pensó que podía reducir la sexualidad a un trauma. Luego abandonó esta teoría y pensó que en la descripción científica había que encontrar la causa necesaria del malestar en la sexualidad. Después de la Primera Guerra Mundial Freud consideró la necesidad de la pulsión de muerte. Tomó como ejemplo de esta pulsión, lo que resiste a la teoría del principio del placer, el síndrome traumático de guerra. Este síndrome, ya sea que su definición sea psicoanalítica o no, está caracterizado por un nudo constante: durante largos períodos, y sin ningún remedio, sueños repetitivos que reproducen la escena traumática y provocan despertares angustiados. Y estos sueños contrastan con una actividad de vigilia que puede no ser lastimada.
El episodio que cambió la concepción del trauma en la psiquiatría militar fue la guerra de Vietnam
Las tropas americanas, muy encuadradas por los psiquiatras, aprovecharon las enseñanzas de las dos primeras guerras mundiales: se mantenía a los soldados en relación constante con su familia, sus camaradas y su modo habitual de diversión, y eso gracias a los poderes de los nuevos medios de comunicación, la radio, la televisión, el teatro en las fuerzas armadas. Todo lo que Francis Ford Coppola filmó en Apocalypse Now. Y, sin embargo, se constató a partir de 1971 que las tropas americanas estaban completamente derrumbadas, con politoxicomanías y revueltas contra los oficiales.
Un campo de reflexión, más secreto, que constituye el corazón de nuestra reflexión sobre el trauma, o por lo menos de la versión que el siglo XX mantiene con el trauma: son los campos de concentración. Los psiquiatras que recuperan a los sobrevivientes descubren el síndrome de culpabilidad del sobreviviente, con los fenómenos comparables a los del trauma de guerra, ansiedad y depresión y con trastornos somáticos variados.
Las grandes ciudades son al mismo tiempo el lugar de la agresión, de la violencia, de la violación sexual, del terrorismo, etc. Por ejemplo, el sindicato de conductores de trenes alemanes señaló que Alemania es el país de Europa en el que se suicidan más tirándose bajo los trenes. Es un fenómeno extremadamente importante en Alemania puesto que, en efecto, los trenes están en horario, y en los períodos importantes llega a haber un suicidio cada cinco minutos.
Tres factores participaron entonces en la extensión de la clínica del trauma. Se trata de la extensión de la experiencia psiquiátrica de trauma de guerra en los países democráticos, es decir en los países en los que no se abandona a los ciudadanos; de la extensión de la consideración de secuelas de los campos de concentración; y la consideración de la patología civil del trauma, más allá del sufrimiento del niño.

En el marco de esta extensión se define la experiencia traumatizante como la que comporta un riesgo importante para la seguridad o la salud del sujeto. ¿Qué aprendimos de esta extensión?
- Primero: hemos aprendido que contrariamente a lo que pensaba Freud en 1918, el hecho de haber sido herido físicamente no protege de una neurosis traumática. El 80% de los heridos graves en los atentados presentan, incluso varios años después del evento, síndromes de repetición, trastornos fóbicos o depresivos.
- Segundo: Hemos aprendido igualmente que los niños pueden perfectamente conocer trastornos similares a los presentados por los adultos.
- Tercero: hemos aprendido que las mujeres, que aparentemente son más frágiles, se revelan mucho a fines del siglo XX e intentan superar los estereotipos ubicados de su lado.
En 1926 Freud adopta y a la vez modifica el sentido del "traumatismo del nacimiento", de su alumno Otto Rank. Desde el momento del nacimiento ya está inscripta una pérdida fundamental, y eso incluye el caso del parto más afortunado y suave. Y Freud osa decir que es el modelo de todos los otros traumas. Fórmula que se encuentra en el aforismo de un texto casi contemporáneo, el texto sobre "La negación" de 1925, en donde "el objeto encontrado es siempre reencontrado", siempre encontrado sobre el fondo de una pérdida primordial.

Jacques Lacan mostró que la tesis de Freud enuncia que venimos al mundo como si fuésemos un parásito
No aprendemos a hablar, venimos al mundo con algo que vive con el viviente: si no estamos demasiado aplastados llegamos a hablar, pero no salimos del lenguaje. El trauma, la alucinación, la experiencia de goce perverso son fenómenos que tocan lo imposible de soportar. El neurótico también pasa por momentos de angustia que le dan una idea de estos fenómenos. La extensión de la clínica del trauma en las clasificaciones psiquiátricas es la consecuencia lógica de la extensión de la descripción lingüística del mundo, ya sea en los modelos científicos o en los modelos paracientíficos. ¿Qué propone el psicoanálisis? Considerar que siempre es cuestión de un sujeto, de su deseo inconsciente y de lo que las palabras pueden querer decir para él y saber cómo lo atraviesan, además de habitarlo.

* Carlos Gustavo Motta es psicoanalista y cineasta.

