La edad de los por qué, ¿me ayudas a dar el paso?
Cree en el camino lo abre ¿Vos qué camino abrís?
Inaceptable un Dios en la cruz.
¡No puede ser!
No le puede pasar a él…
¿Por qué?
La edad de las insistentes preguntas por más respuestas que se le den.
Entre los 3 y los 4 años… Preguntas y más preguntas. Antes le alcanzaba con agarrar, manipular y llevarse a la boca lo que sea… para reconocerlo. ¿Y por qué? ¡Y nuestros “por qué” llaman la atención!
El asombro nos abisma en el otro.
- Hijito, no te acerques al fuego que está encendido.
- ¿Por qué?
- Porque te podés quemar.
- Y ¿por qué me puedo quemar?
- Porque cuando el fuego está encendido está caliente.
- ¿Y por qué está caliente?
- Dame la mano y la acercamos un poquitito para que reconozcas cómo calienta. ¿te das cuenta?
- Sí.
- Bueno si tocás ahí, te va a dolerr mucho, mucho, mucho.
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Imagen: Juan Barros
«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (del Evangelio según san Mateo, 27,46)
“Grita el “por qué” de los “por qué”. “Dios mío, ¿por qué?” Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? El verbo “abandonar” en la Biblia es fuerte; aparece en momentos de extremo dolor: en amores fracasados, negados y traicionados; en hijos rechazados y abortados; en situaciones de repudio, viudez y orfandad; en matrimonio agotados, en exclusiones que privan de vínculos sociales, en la opresión de la injusticia y la soledad de la enfermedad.
En fin, en las más dramáticas heridas de las relaciones. Ahí se dice esta palabra: “abandono”. Cristo llevó todo ello a la cruz, tomando sobre sí el pecado del mundo. Y en el momento culminante, el Hijo unigénito y amado experimentó la situación que le era más ajena: el abandono, la lejanía de Dios. . ¿Y por qué llegó a ese punto? Por nosotros, no existe otra respuesta. Por nosotros. Hermanos y hermanas, hoy esto no es un espectáculo. Que cada uno, sintiendo el abandono de Jesús, se diga a sí mismo: por mí.
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Este abandono es el precio que pagó por mí. Se hizo solidario con cada uno de nosotros hasta el extremo, para estar con nosotros hasta las últimas consecuencias. Él está conmigo, en mis tantos “por qué” sin respuesta, Él está ahí. Así es como el Señor nos salva, desde el interior de nuestros “por qué”. Desde ahí despliega la esperanza que no defrauda. En la cruz, de hecho, aunque se sienta abandonado completamente, no cede a la desesperación ?este es el límite?, sino que reza y se encomienda. Grita su “por qué” con las palabras de un salmo (22,2) y se entrega en las manos del Padre, aun sintiéndolo lejano (cf. Lc 23,46) o no lo siente porque se encuentra abandonado. En el abandono se entrega.
Hoy, queridos hermanos y hermanas, hay tantos “cristos abandonados”. Hay pueblos enteros explotados y abandonados a su suerte; hay pobres que viven en los cruces de nuestras calles, con quienes no nos atrevemos a cruzar la mirada; hay emigrantes
que ya no son rostros sino números; hay presos rechazados, personas catalogadas como problema. Pero también hay tantos cristos abandonados invisibles, escondidos, que son descartados con guante blanco: niños no nacidos, ancianos que han sido dejados solos? que tal vez pueden ser tu papá, tu mamá, tu abuelo o tu abuela, abandonados en los institutos geriátricos?, enfermos no visitados, discapacitados ignorados, jóvenes que sienten un gran vacío interior sin que nadie escuche realmente su grito de dolor. Y no encuentran otro camino más que el del suicidio. Los abandonados de hoy. Los cristos de hoy”.
Papa Francisco, domingo, 2 de abril de 2023
La épica de los escépticos nos alcanza?
¿Solo interrogantes?
¿Y hablar con Dios para hablar de Dios?
¿Por qué a mí?
¿Por qué… NO?
¿Reconocemos al prójimo en particular o representa lo que podes creer? ¿Lo que te pasa o lo que le pasa?
¡Gracias por ser mi prójimo!
¿Me reconoces?
* Juan Barros energizante natural. Apto para todo público.

