La iconografía de Manuel Belgrano

La iconografía de Manuel Belgrano

En vísperas de un nuevo 20 de junio, repasamos las distintas imágenes con las que a lo largo de la historia se representó al creador de la bandera argentina.

Carlos María Pinasco

Seguramente una gran mayoría de los argentinos reconoce a Don Manuel Belgrano en la imagen reproducida en el depreciado billete de diez pesos que todavía circula. No obstante, es dudoso que el héroe a quien hoy recordamos a los 202 años de su muerte tuviese algún parecido a ese rostro ambiguo con que se lo representa. Ya Tulio Halperín Donghi en “El héroe sin rostro” (2014) afirma que de los retratos de Belgrano “sólo tres fueron realizados en vida… sin embargo presentan rasgos completamente distintos entre sí”.

Un par de años atrás, coincidente con el bicentenario, la historiadora del arte Laura Malosetti Costa publicó un interesante trabajo donde recopila las distintas imágenes que, a lo largo de la historia, y a medida que la figura del creador de la bandera se agiganta, le fueron dando una fisonomía propia.

A pedido de Bartolomé Mitre, quien escribe la primera biografía de Belgrano, un amigo personal lo describe: “era de regular estatura, pelo rubio, cara y nariz fina, color muy blanco algo rosado, sin barba…. su cara era más bien de alemán que de porteño...”.

¿El primer retrato?

En el Museo Histórico Nacional se conserva una miniatura pintada sobre marfil procedente de la familia de Belgrano firmada J.A. Boichard que en el dorso tiene escrito: "Retrato del General Don Manuel Belgrano pintado en Europa en 1793 por J. A. Boichard". Malosetti, con argumentos convincentes pone en duda lo escrito y la historia del arte solo registra a un Joseph Alexandre Boichard en el s XIX.

El retrato del Museo Marc de Rosario

“El único retrato hecho en Buenos Aires en vida de Belgrano fue el que realizó Pablo Núñez de Ibarra (1782-1862), apenas un año antes de su muerte", dice Malosetti Costa. "Es difícil discernir si tuvo el modelo a la vista, aunque el cabello, que parece algo canoso, podría ser un indicio de que Belgrano haya posado poco antes de morir para aquel platero correntino con quien, como surge de una carta dirigida a él desde Tucumán en 1812, mantenía una larga amistad”.

“El General Belgrano”, grabado de Nuñez de Ibarra a partir de un dibujo original propio, colección Museo Julio Marc.

Belgrano Ecuestre

Fallecido Don Manuel apareció a la venta una litografía cuyo origen se conoció bastante tiempo después. Fue un encargo de Ambrosio Cramer, un oficial francés que había emigrado a Sudamérica tras la derrota de Napoleón que se integró al Ejército de los Andes y luego al Ejército Auxiliar del Perú, y así conoció al general. Su objetivo era comercial. Un día después de la muerte de Belgrano se anunció en la Gazeta de Buenos Ayres que los retratos estaban en venta.

Théodore Géricault: (1791-1824)  “Dn. Manuel Belgrano”, grabado.

Durante mucho tiempo se ignoró que la misma es obra de un destacado artista francés: Théodore Géricault, el autor de la famosa “Balsa de la Medusa”. Se da cuenta de ello recién en 1828, dando la noticia lugar a un encendido debate público entre los estudiosos.

Se trata de una figura ecuestre, de 52 x 42 cm. El general monta un caballo blanco y su cabeza está cubierta por un bicornio adornado con plumas. Viste uniforme militar, en actitud de mando y aparenta encontrarse en un campo de batalla. Se trata seguramente de una adaptación de alguna obra anterior del artista. El rostro, bastante impreciso, parece extraído del dibujo de Nuñez de Ibarra y el caballo está muy lejos de ser un criollo. Copias litográficas procedentes del Museo de Bellas Artes de Rouen (Francia) se encuentran en los Museos “Julio Marc” de Rosario e “Histórico Nacional” de Buenos Aires.

Belgrano visto con ojos de mujer

De mayor mérito artístico, algunos años más tarde Andrea Bacle tira una litografía en las que, ahora sí, los rasgos fisonómicos se empiezan a consolidar. Seguramente esté basada en los óleos de Carbonnier a los que nos referimos más abajo.

Adrienne Pauline Macaire (1796 – 1855), conocida como Andrea Bacle, fue una artista suiza radicada en Buenos Aires durante el primer tercio del siglo XIX. Junto a su marido, César Hipólito Bacle, estableció la primera empresa litográfica de Argentina, en funcionamiento entre 1828 y 1837. Andrea se convirtió en la primera mujer en desempeñarse como litógrafa en Sudamérica, un medio predominantemente masculino para la época. 

Litografía de Manuel Belgrano, obra de Andrea Bacle, Museo Cornelio Saavedra.

La imagen consolidada

Francois Casimir Carbonnier (1787-1873) Retrato de Manuel Belgrano, 1815.

Existen dos óleos importantes que la historiografía atribuye a Francois Casimir Carbonnier, (1787-1873) pintor francés que alrededor de 1815 trabajaba en Londres. Según se dice en aquel entonces Belgrano, en oportunidad de una misión diplomática junto a Rivadavia posó para ellos. Son descriptos, por primera vez por la revista Argos, dos años después de la muerte del general como “un retrato elegante de cuerpo entero y un busto del mismo, trabajados por un hábil artista de Londres”.

Mucho se especuló sobre la autoría hasta que en 1944, el investigador, Dr. Mario Belgrano da a conocer un soneto de autor anónimo, “Al perfecto retrato del General Belgrano por Monsieur Carbonnier”, encontrado en el Museo Mitre.

Francois Casimir Carbonnier (1787-1873) Retrato de Manuel Belgrano, (atribuido).

A partir de entonces, la autoría se da por válida pese a que el segundo (hoy en la colección del Museo Nacional de Bellas Artes) pareciera de un artista mucho más virtuoso que el primero (Museo Damaso Arce de Olavarría).

Queda también consolidada la imagen belgraniana, (pese a lo improbable que el General dedicara largas sentadas frente a un artista) que es difundida a partir de trabajos de importantes artistas (como el de Andrea Bacle al que nos referimos antes) a los que se suman Narciso Desmadryl, Mauricio Rugendas y Prilidiano Pueyrredón.

Nuestro homenaje al Belgrano fundacional, cuyos nítidos valores hoy honramos (y a menudo añoramos), más allá de las dudas de cuál fuera su verdadero rostro.

*Carlos María Pinasco es consultor de arte.

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