Luces y sombras en el camino a la luz
Llegamos así casi sin solución de continuidad por los festejos a ser casi sorprendidos por este momento del año que nos marca inevitablemente, que el tiempo, el nuestro en particular no se detiene, en realidad que ya pasó y empieza la época de balances, de miradas hacia ese tiempo que se escurrió sin darnos cuenta, y aparecen planes y promesas para este año nuevo, mientras pedimos que el anterior termine ya.
No hay duda porque buscamos formas de escapar bajo tantas formas de distracción de esa línea fronteriza entre el pasado y el futuro, la vuelta sobre sí mismo, salir de la distracción no es un momento fácil o agradable. Este planteo existencial atado a nuestra condición biológica de vivir en función de ritmos y ciclos, diarios, estacionales, anuales, vitales, va siendo condicionando por eventos propios de la vida, algunos personales y muchos otros muchos colectivos de lo cual algo sabemos en la Argentina actual.
Ese planteo profundo, vital aunque no creamos o imaginemos ser filósofos, lo vivimos en nuestro cuerpo no en nuestras ideas.
Este fin del año calendario, nos lleva inevitablemente a un proceso en el que predomina una mirada sobre aquello que habíamos imaginado, ya ahora frente a lo que realmente pasó, a los proyectos que pudieron o no cumplirse, a las perdidas, a lo que ya no está, y porque no también a los logros.
En los balances muchas veces aparecen también, las “promesas” de inicio del año confrontadas a las del que termina. Esta confrontación pasado/futuro, sumado a veces a que se reactualizan temas personales o familiares, sin poder dejar de mencionar las condiciones que vivimos en la sociedad actual, ponen en juego nuestras emociones.
Si por estos días nos concentráramos en el ahora, no en el pasado, en nuestras propias y reales necesidades y deseos, quizás pequeñas pero factibles, no imaginarias o grandiosas y consideráramos a las pasadas y al pasado, como algo de los cual quizás debamos estar agradecidos por la enseñanza que nos dejaron, pero sobre el cual nada podemos hacer, una visión menos pesada y más esperanzadora puede ser el panorama por delante. Que seamos compasivos y flexibles con nosotros mismos y los demás, puede permitir una mirada nueva.
En definitiva entender que podemos tener esperanza sabiendo que es más importante la acción que la perfección. De la misma manera dejar de lado “recuperar” y la carga imposible que implica para ver con como escribió Ana Frank Que maravillosas idea es la de que alguno de los mejores días de nuestras vidas todavía no han ocurrido

En esa armonía con nuestros propios ciclos, una visión esperanzadora que mire solo hacia adelante usando el pasado como enseñanza y no como cadena, puede estar la salud y porque no la paz y felicidad, que espero sean los logros para todos ustedes en este año que comienza.
* Enrique De Rosa Alabaster es psiquiatra forense médico legista MN 63406
Presidente Asociación Argentina de Victimología
@enriquederosa
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