La trágica historia de la mujer que fue víctima del robo de su bebé

La trágica historia de la mujer que fue víctima del robo de su bebé

Patricia sigue buscando a su hijo que le fue sustraído hace 37 años en la maternidad de un hospital. Su historia sirvió para que otras mujeres se animen a denunciar.

Andrea Ginestar

Andrea Ginestar

En las últimas décadas fuimos testigos de cientos de casos de niños que fueron vulnerados en relación a su derecho a la identidad. En su mayoría las apropiaciones se dieron durante la dictadura cívico militar en Argentina pero también existen casos de secuestros y robos de bebés producidos en democracia. El Colectivo "Mendoza por la verdad" reúne a las familias que denunciaron el secuestro de sus bebés producido en los hospitales de la provincia durante los últimos años.

Dicha asociación fue creada por Patricia Giménez, quien es la presidenta de Colectivo "Mendoza por la verdad". La organización surgió a partir de la creación de una página de Facebook donde comenzó a difundir la búsqueda de su hija o hijo y se encontró con historias similares de familias que denunciaban haber pasado por la misma situación.

Patricia Giménez convirtió su trágica historia en un símbolo de lucha

Patricia tenía 17 años cuando acudió junto a su marido a un hospital público en la provincia de Mendoza. Cursaba un embarazo de 7 meses de gestación y esa noche, más precisamente el 3 de agosto de 1984, comenzó con trabajo de parto. 

Hacía 15 días habían decidido casarse para esperar juntos la llegada del bebé, del cual no conocían el sexo. Cuando la ingresaron a la guardia, Patricia recuerda que automáticamente tanto enfermeras como médicos comenzaron a decir que con seguridad su bebé iba a nacer sin vida y le recomendaron no ilusionarse.

"Mi panza se movía increíblemente, yo estaba segura que mi bebé estaba con vida, le decía a los médicos que no podía ser que mi bebé muriera porque la panza se movía mucho, sin embargo ellos me decían que eso eran actos reflejos e insistían en que no debía ilusionarme" recordó.

Luego la trasladaron a una sala de preparto ya que le explicaron que todas las salas de parto estaban ocupadas. Patricia explica que se trataba de un salón muy grande que tenía una camilla ginecológica y una luz muy fuerte. En ese momento, las contracciones se hacían cada vez más evidentes y eran más seguidas. Luego de unos minutos dio a luz por parto natural.

"No pude ver el sexo de mi bebé, pero vi un bebé completamente normal que se movía y lloraba como un gatito. En el momento que cortan el cordón umbilical, yo grito que mi bebé estaba vivo o viva porque vi perfectamente como se movía y escuché cómo lloraba. Enseguida me dicen que era un acto reflejo … una de las enfermeras envuelve a mi bebé, en una sábana blanca y se lo lleva. Pido desesperadamente que traigan a mi bebé, que quería tenerlo conmigo, quería olerlo, quería besarlo, quería acariciarlo, quería protegerlo" dijo visiblemente emocionada.

La enfermera en cuestión hizo caso omiso a las súplicas de Patricia y se llevó al bebé dejando atrás los gritos de desesperación de esa joven mamá que acababa de parir pero el médico que la atendía al escuchar los gritos, le pide a la enfermera de manera imperativa que traiga al bebé y se lo muestre.

"La enfermera trae de muy mal modo al bebé, me lo pone a pocos centímetros de mi cara y cuando quise tocarlo me lo sacó… ella no dejó que tocará mi bebé, me dijeron que estaba muerto", cuenta Patricia, quien hoy tiene 54 años pero recuerda cada minuto vivido como si fuera ayer.

Durante el trabajo de parto, estuvo acompañada de su marido, su cuñado y su suegro, quienes supervisaron todo lo referido al nacimiento. Su suegro, fue detrás de la enfermera que se llevó al recién nacido mientras Patricia expulsaba la placenta. El médico que la atendía explicó que la placenta estaba bien y no iba a ser necesario llevarla al quirófano para hacerle un legrado.

La dejaron sola en ese lugar que había tomado otras dimensiones, con la angustia de no saber nada de su bebé y con el cuerpo cansado luego de un parto que dejaría una huella imborrable en su memoria.

"Me dijeron que iba a venir un camillero a buscarme para llevarme a una habitación donde iba a estar acompañada por otras mujeres que tenían a sus bebés recién nacidos con ellas. Grité como loca que si yo no tenía mi bebé conmigo no quería compartir la habitación con otras mujeres y otros bebés" añadió.

En ese momento se asomó un médico por la puerta y le dijo que por protocolo, debían trasladarla al quirófano para dormirla y hacerle un legrado. "Le digo que el médico que me había atendido dijo que no era necesario hacer un legrado porque la placenta había salido completa …el médico vuelve a decir que ese era el protocolo. Me llevan al quirófano, me duermen y luego de un rato (no sé cuánto tiempo pasó) me despierto con mucho frío en el quirófano, con esa luz fuerte iluminándome, desnuda …".

Se escuchaba un ruido detrás de ella y cuando se da vuelta para mirar se encuentra con una enfermera joven que estaba limpiando el material quirúrgico. Patricia le dice que tiene frío, la joven la tapa con una sábana y explica que es por el efecto de la anestesia. La enfermera le pregunta: ¿qué vas a hacer con el cuerpo de tu bebé?.

Patricia, afectada por la situación le pregunta si ella había visto a su bebé a lo que la joven responde que no lo vio pero que le dijeron que había nacido vivo y que se había muerto. "Me pregunta si soy católica, le digo que sí, entonces insistió varias veces en que pida el cuerpo de mi bebé para darle cristiana sepultura, le pido que salga afuera del quirófano y que hable con mi marido" recuerda.

Cuando la enfermera entra nuevamente al quirófano le dice que no había nadie afuera, que estaba sola y que eran cerca de las 5:00 de la mañana. Luego de unos minutos, según el relato de Patricia, la sacaron del quirófano mientras la angustia la invadía y el llanto era incontenible. La dejaron en un pasillo sola, muerta de frío mientras pedía ver el cuerpo de su bebé.

"Les supliqué que me mostraran a mi bebé sin vida, les pedí que me lo entregaran y no quisieron, me dijeron que iba a ser muy impresionante siendo tan joven. Les dije que no me importaba que igual lo quería y que me lo quería llevar, me dijeron que no me lo iban a entregar y finalmente me llevaron a una habitación sola".

Estando en la habitación, Patricia se da cuenta que tiene en su muñeca derecha un cordón con una medallita que contenía un número, que corresponde al mismo número que tendría su bebé. En ese instante arrancó esa medallita que aún conserva y la escondió debajo de la almohada.

Patricia aún conserva la medallita con el número que correspondería a su bebé

Al otro día, recibió la visita de una psicóloga que, ante el pedido de Patricia, le dice que es muy joven para ver a su bebé sin vida y que por eso no se lo mostraban y mucho menos se lo entregarían para darle cristiana sepultura.

A las 10:00 de la mañana del día siguiente, llegó su marido acompañado con la mamá de Patricia quien se acababa de enterar de lo sucedido. "Mi marido me dice que ellos me habían dejado sola porque un médico les dijo que tenían que retirarse del hospital ya que iba a dormir hasta el otro día y le recomendaron que fuera al día siguiente por la mañana a buscarme porque me darían de alta" contó.

Alrededor de las 11 de la mañana le dieron el alta, cosa que le llamó mucho la atención debido a que hacía pocas horas de transcurrido el parto. Sus pechos habían comenzado a producir leche y el cuerpo, que indicaba que estaba lista para maternar, parecía no estar enterado de la trágica situación que había vivido hacía apenas unas horas.

Antes de abandonar el hospital le pregunta al médico qué debía hacer con sus pechos llenos de leche y el galeno le recomienda la colocación de compresas de alcohol con una venda bien apretada para cortar la producción de leche. Eso no fue lo peor contó Patricia, el médico luego miró a su marido y le consultó si fumaba... ante la respuesta positiva le dijo: “Flaco, aprovechá a tomar vos esa leche porque es muy buena para los fumadores”.

"Tanto mi marido como yo lo miramos con horror... yo seguía llorando y pidiendo que me entregaran a mi bebé sin vida, ni siquiera me lo mostraron…me fui de ese hospital sin un certificado de defunción, sin mi bebé y solamente con los pechos llenos de leche y un dolor que perdura a través de los años…"

Patricia sigue buscando a su bebé, no tiene la certeza de si es hombre o mujer pero siente que está con vida y no pierde las esperanzas de poder reencontrarse con él o con ella y decirle que es su mamá, que era ella quien lo o la llevó durante 7 meses en la panza donde se movía y pateaba mientras imaginaba y soñaba una vida juntos. 

¿Cómo avanza la investigación?

Patricia realizó la denuncia en la Fiscalía de Delitos Complejos hace 6 años y hoy la misma pasó a la Fiscalía de Delitos Sexuales. En esa fiscalía se están tomando las denuncias a todas las madres que sufrieron casos similares y se animaron a denunciar.

Desde la organización "Colectivo Mendoza por la Verdad" explicaron que los casos de robos de bebés recién nacidos son muy complejos y las resoluciones tardan muchos años en llegar debido a que los involucrados son muchos e insisten en la importancia de realizar la denuncia correspondiente ante la sospecha de la sustracción de sus bebés.

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