Estados alterados: las consecuencias psicológicas del covid-19

Estados alterados: las consecuencias psicológicas del covid-19

Cómo la psicología puede ayudar a convertir los estados alterados en trampolín para fortalecer la personalidad.

Carlos Gustavo Motta

Una película de Ken Russel de 1980 llamada Altered States (Estados Alterados) relataba la historia de un médico que experimentaba con drogas y un tanque de agua que, al zambullirse dentro, lo privaba de todos los sentidos provocando visiones que supuestamente eran recuerdos de carácter genético.

Como se imaginarán, el experimento se le iba de las manos por la utilización de sustancias que estimulaban graves mutaciones en su cuerpo que lo llevaban a un derrumbe subjetivo de importancia. Una reacción similar a la teoría conspirativa de la pandemia del covid como producto de un estudio de laboratorio en la ciudad de Wuhan. Ya todos a esta altura sabemos de tal cuestión. No podemos comprobar que sea cierto, pero si non e véro…

El covid provocó un estrés generalizado que derivó en un colapso sanitario y desnudó lo peor tanto de las esferas sanitarias como políticas y sociales. En nuestro país y sin que haya estadísticas oficiales, la demanda de atención psicológica aumentó considerablemente. Todos nuestros consultorios se vieron colapsados por varios motivos.

Al principio no se podía atender de modo presencial y rápidamente nos adaptamos a diversos formatos: desde el teléfono de línea hasta videollamadas por Zoom, Meet o Skype. ¡Atención! Muchos profesionales que rechazaban estos formatos se quedaron en el camino y a algunos pacientes la situación les vino como anillo al dedo ya que lograron suspender sus terapias con la promesa de retomarlas cuando volviera a ser posible realizarlas de forma presencial. Hay de todo y para todos los gustos y a veces (para pocos, claro) sólo son excusas que nosotros los analistas solo leemos como resistencia.

Desde el inicio de la pandemia, no había más que contradicciones sobre el comportamiento del virus del covid. Por otro lado, la llamada “nueva normalidad” parece tener un fuerte impacto sobre la psicología. A grandes rasgos, incrementaron las consultas respecto a problemas relacionados con:

  • problemas de convivencia
  • irritabilidad generalizada
  • temor al contagio
  • incertidumbres relacionadas con las vacunas
  • impacto en el cuerpo por no querer salir del hogar
  • alteraciones de la alimentación y del sueño
  • falta de motivación y deseo

Si bien estos conflictos son una mayoría, hay múltiples variables que se revelan en cada caso. El covid ha dinamitado los vínculos y  podemos afirmar que la angustia resulta desbordante. Sostener la cuarentena o el distanciamiento, sumado a gran cantidad de situaciones cotidianas tiene como resultado un gran enredo que provocan escenas de frustración, enojo, ira. Incluso de malos entendidos por el uso del barbijo, tapaboca, máscara u otras terminología para designar el uso correcto que permite cuidarse algo al menos con su utilización correcta.

Esta fenomenología del covid construye un mapa emocional complejo donde la propuesta terapéutica continúa siendo ubicar en el inicio eso que nos inquieta y causa que andemos con los estados alterados. La propuesta de la psicología ante esta situación es ubicar el nudo de esa angustia y trabajar junto a quien sufre.

El primer paso es la escucha. Eso permitirá desandar el problema en busca de su origen y proponer desde ahí líneas de reflexión. Es clave, ante la presencia de estados alterados entender que la palabra permite encontrar lo que el silencio enoja.

Lejos de lo que algunos piensan, no se trata de curar la angustia sino de que sea el puntapié del análisis. Sin angustia no hay análisis, es una situación dada bajo transferencia. Y en este sentido cabe recordar que la angustia del siglo XXI es un el ser separado de la naturaleza sin que haya ley alguna que pueda predecir su irrupción. 

Con una temporalidad imperceptible e irrepresentable hoy se marca con el tiempo de una enfermedad generada por el covid contagiándose en silencio y en ausencia de cualquier síntoma médico observable o alguno de modo ubicuo que alcanza a la experiencia del aislamiento, de un para-todos que intenta evitar la extensión casi del virus y el pánico por evitar el desbordamiento del sistema sanitario.

La experiencia de lo real en la que nos encontramos no es tanto la experiencia de la enfermedad misma sino la experiencia de un tiempo subjetivo que es también un tiempo colectivo, que sucede sin poder representarse, sin poder nombrarse, sin poder contabilizarse.

Es una realidad especialmente interesante para el psicoanálisis. Será con el deseo del analista, con su ética, que podrá confrontarse por otra parte y como siempre lo ha hecho desde sus comienzos con lo real de un acontecer.
 

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?