Despedidas, egresos, rituales y costumbres: ¿Nos subimos al tren de moda?

Despedidas, egresos, rituales y costumbres: ¿Nos subimos al tren de moda?

Se acerca fin de año y los chats colapsan con la organización de todo tipo de eventos para celebrar egresos, no sólo de secundaria, sino también de primaria, de jardín de infantes, del maternal, del curso de pintura que duró tres meses, y de cuanta actividad cursaron nuestros pequeños en 2021.

Lic Magdalena Clariá y Mercedes Gontán

Claro que es lindísimo celebrar, y cerrar etapas, más aún luego de estos dos años de abstinencia de juntadas multitudinarias, salones cerrados y restricciones. Sin embargo, nos parece importante reflexionar juntos sobre algunas cuestiones que rodean estas celebraciones.

“Es lo que se usa”, “ahora lo hacen todos así”, “me parece una locura, pero bueno, los chicos quieren eso”, y tantos otros más comentarios de padres y madres, pasan desapercibidos entre una seguidilla de mensajes que intercambian presupuestos, votaciones, fechas límite de pago, y fotos para armar videos conmemorativos.

Sin pensarlo mucho, nos subimos al tren de moda, y de a poco perdemos el foco. Gorra, remera, buzo, DJ, luces de colores, catering, alfombra roja, y cuanto extra existe. ¿Acaso no están simplemente terminando el jardín de infantes? ¿De verdad nuestros hijos necesitan todo este circo para celebrar? ¿O será que es “un gustito” que queremos darnos nosotros los adultos?

En el caso de los más grandes, la cuestión se vuelve más difícil aún, porque estos usos y costumbres muchas veces ponen en riesgo su salud y su integridad, avalados por padres resignados que comentan por lo bajo que les gustaría que fueran distintas las cosas, pero que no se animan a alzar la mano y mucho menos la voz, en las reuniones organizativas.

Era el mes de marzo, y el grupo de Clara ya había empezado a preparar la fiesta de fin de año para despedir a los de 5to año. Tradicionalmente el colegio inició estas fiestas como un homenaje que 4to año le hacía a 5to, en el patio del colegio, pero luego de unos episodios desafortunados, dejó de involucrarse en la organización que quedó en manos de los padres, o mejor dicho de los chicos. Ellos con mucha eficacia, ya habían organizado todo, y a los padres simplemente les restaba una reunión final para repasar algunas cuestiones y pagar los gastos. Cuando indagaron los adultos advirtieron que las compras incluían un mayorista de alcohol, que el lugar elegido no reunía las condiciones de seguridad, que los atuendos seleccionados no cubrían ni el 2% de sus cuerpos, entre algunas otras cosas. “No podemos hacer nada, ya está”, comentaban algunos resignados en subgrupos con mayor confianza. Otros directamente con firmeza comunicaban a sus hijos que no iban a participar del evento, esgrimiendo sus argumentos, mientras que la gran mayoría daba su voto positivo sin ni siquiera pensarlo demasiado.

El padre de Clara, tímidamente se animó a pedir la palabra, y logró expresar lo que muchos estaban pensando, y les propuso a todos hacer una reunión conjunta con sus hijos.  Contra todo pronóstico, los chicos fueron escuchando las preocupaciones que les transmitían sus padres, y entre todos pensaron algunas alternativas, dejando soltar su creatividad e imaginación, volviendo el foco a la idea inicial: agasajar a los chicos que se despedían del colegio, y pasar un buen rato juntos.

Finalmente, la fiesta fue un éxito. Todos se divirtieron sanamente, asistió una murga, contrataron juegos mecánicos, hubo música y rica comida. A partir de ese año, el colegio se volvió a involucrar en estos eventos, tomando algunas ideas de esta fiesta, y poniendo sus condiciones a los chicos.

A pesar del final feliz, la historia de la fiesta de Clara tuvo sus momentos de tensión y dificultad. La resistencia de los chicos parecía inquebrantable, y muchos padres simplemente no estaban dispuestos a confrontar ni a sus hijos, ni a la verdad de fe de que “ahora las cosas son así”.  Las claves fueron la sinceridad, el diálogo, el involucrarse los adultos, el ser creativos y brindar propuestas alternativas.

En la adolescencia, todos estos rituales adquieren especial protagonismo, y los padres piensan que ya no tienen nada que hacer. Sin embargo, sabemos que ellos siguen desarrollándose cognitiva y emocionalmente, y necesitan de nuestra presencia. Desde ya que tienen su autonomía e independencia, que no debemos confundir con un “que haga lo que quiera”.

Decíamos al comienzo, que estos usos y costumbres de las celebraciones atraviesan todas las edades. Lo que estaba reservado hace unos años al secundario, se anticipó al primario para terminar aterrizando en el nivel inicial.

Nuevamente, qué importante poder tener una mirada crítica como adultos, pero no desde la protesta, sino desde una verdadera reflexión. Muchas veces, los padres vamos subiendo la vara de la majestuosidad del festejo en función de lo que hizo el colegio de enfrente, o los vecinos del barrio. Entramos en una carrera infinita de intentar que la fiestita de nuestras criaturas sea la mejor de las mejores, y en el camino vamos perdiendo el sentido común, y alejándonos del verdadero propósito del festejo. Es un tema complejo, donde las historias y cuentas pendientes de los adultos también se entremezclan.

Celebrar es festejar un acontecimiento. Festejar es reunirse y divertirse. Estas definiciones que parecen obvias, en la práctica a veces se nos olvidan.

  • Pensar en los homenajeados

En el caso de los más chiquitos, reflexionar si realmente ellos van a disfrutar eso. Seguramente chiquitos de jardín de infantes van a preferir un castillo inflable a una barra de jugos de fruta que simule una barra adulta de tragos.

Para los más grandes, animarnos a proponerles una sana diversión, que no sólo es posible sino que tiene infinitas maneras de lograrse.

  • Ser lógicos con los gastos

Muchas familias padecen también estos acontecimientos desde lo económico, llegando hasta pedir préstamos para cubrir los incontables gastos que se presentan. Pensar en el grupo, y adaptar el presupuesto para que sea accesible a todos. En definitiva, lo importante es festejar.

Los más grandes pueden colaborar con eventos y actividades para recaudar fondos, y es muy positivo que lo hagan.

  • Atrevernos a hablar y escuchar

Muchas veces nos sorprende que las decisiones son por unanimidad, pero cuando indagamos nos damos cuenta de que nadie estaba del todo convencido.

Valentía y honestidad. Y mucho respeto para plantear nuestro punto de vista.

Es habitual que en medio de estas organizaciones se libren batallas campales, porque en vez de hablar y escuchar, gritamos y atacamos. Evitar bocanadas de mensajes por whatsapp, y generar encuentros personales.

  • Reemplazar el “Es así” por un “Puede no ser así”

Para ello, debemos bucear propuestas alternativas que a veces requieren un poco más de esfuerzo, pero que dan sus frutos.

Despedidas, egresos, rituales y costumbres. Ojalá como padres nos animemos a romper la inercia y revisar nuestras decisiones, porque realmente queremos lo mejor para nuestros hijos.  Una vez más, es fundamental el protagonismo de los adultos, que no podemos seguir mirando para otro lado.

¡A celebrar!

 

*Magdalena Clariá es Licenciada en Psicología y Mercedes Gontán, abogada, Mediadora y Orientadora Familiar. Juntas hacen Apuntes de siembra

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