Por qué dormir mal podría causar sobrepeso

Por qué dormir mal podría causar sobrepeso

El sueño, ese proceso biológico que a pesar de ser inconsciente mantiene activas las funciones del cerebro y la mente, es una necesidad básica que nos permite reestablecer las funciones fisiológicas y psicológicas esenciales para un óptimo rendimiento.

Lic. Mara Fernández

Según estudios científicos del Instituto del Sueño de Madrid, el ser humano adulto debe dormir entre 7 y 8 horas diarias para lograr mejorar el bienestar y calidad de vida, siempre teniendo en cuenta la particularidad de cada persona. El organismo trata de mantener el equilibrio, y es esto lo que determina las distintas necesidades de sueño de cada individuo en cada momento de su vida (a mayor actividad mayor necesidad de sueño). Sin embargo, las horas extras, las plataformas de ‘streaming’, el querer cumplir con todo lo que nos proponemos, los hábitos poco saludables, de alguna manera, repercuten en nuestro descanso.

La falta de sueño reparador puede repercutir significativamente en nuestra vida diaria: irritabilidad, desgano, dificultades para concentrarse y estar atentos, agotamiento, cambios en la alimentación, entre otros. Uno de los causantes del mal dormir es el estrés. Las personas con estrés son más propensas a sufrir trastornos del sueño como insomnio y desorganización del sueño. Esto es preocupante dado que la cantidad de tiempo dedicado al sueño ha disminuido poco a poco.

Cómo no dormir puede afectar el peso corporal

Existe una asociación entre la reducción de horas de sueño y los cambios negativos en el metabolismo. En las personas adultas  dormir 4 o 5 horas por noche podría aumentar el hambre y el apetito, en particular aquellos que tienen alto contenido calórico y de carbohidratos.  Al parecer, la falta de sueño aumenta la secreción de la hormona llamada grelina, que envía una señal de hambre al cerebro. Al mismo tiempo, desciende el nivel de leptina, la hormona implicada que ayuda a suprimir el apetito; e incrementan las ganas de comer.

Las consecuencias de este trastorno hormonal se traducen en un mayor apetito y una bajada de energía considerable. Si dormís menos, al día siguiente comes más. Cuando el cansancio nos invade somos más susceptibles a elegir alimentos menos nutritivos, lo que provocarían un incremento de peso.

Además, una mala noche también genera menos energía que, consecuentemente, lleva a no hacer deporte o no tomarse el trabajo de cocinar un menú más saludable. Son estos tres pilares (alimentación sana, actividad física y un sueño reparador) esenciales para tener una buena salud.

Claves para mejorar nuestra calidad de sueño

Lo ideal es evitar la ingesta de bebidas energizantes o estimulantes como café y alcohol, realizar cenas abundantes ni acostarse con hambre, acondicionar los espacios para descanso: la luz, la temperatura, los ruidos, no conectarse a los dispositivos electrónicos 30 minutos antes (la luz azul de la pantalla altera el ritmo circadiano del sueño), mantener un horario de sueño regular.

 

* La licenciada Mara Fernández es Psicóloga especialista en Trastornos de la Conducta Alimentaria

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