Melisa Millán: "Amo no tener los pies sobre la Tierra"

Melisa Millán: "Amo no tener los pies sobre la Tierra"

La joven artista que decidió dejar de lado la arquitectura, el urbanismo y el diseño para dedicarse full time al arte, ya creó su galería y a través de sus viajes despierta su inspiración. "Todavía tengo mucho hilo en el carretel", confesó la creativa que se manifiesta ambiciosa y sin límites.

Muriel Del Barco

Muriel Del Barco

A través de los colores pasteles Melisa Millán expresa su esencia. Viajando encontró su propio estilo basado en el Wabi Sabi: estética y filosofía inspirada en la antigua sabiduría Japonesa, el secreto para vivir en paz y armonía.

Su universo está compuesto de color, así como también de trazos y líneas asimétricas. Un arte perfectamente imperfecto que fascina a los mendocinos. 

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¿Te dicen?

Mel.

¿Autodidacta o estudiada?

Estudiada. Comencé estudiando Arquitectura, Urbanismo y Diseño, para luego egresar de Licenciada en Diseño. Me especialicé en interiorismo, obteniendo el mejor promedio de mi promoción.

¿Qué es el arte para vos?

Es todo lo me hace feliz, todo lo que aporte color y energía, o me saque una sonrisa. El arte me inspira y me lleva a otro mundo, y como buena pisciana amo no tener los pies sobre la Tierra.

¿Qué expresas a través de arte?

Expreso mi esencia, mi personalidad y mi color por sobre todo, mi paleta siempre ha sido apastelada o pastel, y al mismo tiempo vivaz. Nunca uso colores oscuros ni negros. En cuanto al arte en sí, este año encontré mi propio estilo basado en el Wabi Sabi, es una estética y filosofía inspirada en la antigua sabiduría Japonesa, el secreto para vivir en paz y armonía. Los trazos son líneas asimétricas, es una expresión de arte perfectamente imperfecto, que permite al espectador cerrar la obra a su imaginación. Uno de los principios clave del estilo es experimentar con materiales y texturas nobles como telas o tejidos naturales, que aportan una sensación de carácter y calma, por ello fue que en mi último viaje a Asia traje géneros de China, India y Japón.

Mi obra actual es contemporánea, deconstructivista, forma parte del expresionismo abstracto, ya que es una exploración de los sentimientos, emociones y conceptos a través de formas geométricas y colores depurados. Posee técnica mixta al jugar con pinturas, telas y texturas, que invitan al observador a una experiencia sensorial.

 

¿Cuándo te diste cuenta que querías vivir del arte?

Muy chica, a los 4 años, cuando lo único que quería para mi cumpleaños o fiestas de Navidad eran libros para colorear, fibras, crayones o lápices. Recuerdo en primer grado, que tenía de esas cartucheras de tres pisos, llenas de colores, y todas mis compañeritas se querían sentar conmigo para que compartiéramos mis colores. Luego de cartuchera pasó a ser una mini-valija que no me entraba en el banco (risas). Era todo un personaje, muy alegre y generosa.

Recuerdo una vez en tercer grado que la profesora de Lengua y Literatura me citó a hablar en privado y me dijo que tenia mucha capacidad para todo lo relacionado a la caligrafía, cartelería y publicidad, y que pensara si eso me podía servir en un futuro. Fue un mimo a mi corazón. Y obviamente de adolescente vivía haciendo cartas y cartelitos a mis amiga/os. Creo que no existe amistad cercana que no tenga algún cartelito o carta hecha por mi.

¿Qué sentís cuando pintás?

Siento amor y paz. Es una descarga de toda mi emoción contenida, siento que expulso mi lado más histriónico con el color y alegría, pero al mismo tiempo mi lado mas Zen, ya que me da armonía y tranquilidad. Nunca falta la música, mi perro Tommy y ropa muy cómoda en mi atelier.

¿Cómo te enfrentás a un lienzo blanco?

Es un momento poético, me asusta, pero al mismo tiempo me da adrenalina, hay nada y todo por crear.

Cuando mirás cuadros viejos tuyos, ¿te encontrás o ya no?

Por supuesto que sí, he variado de estilos intentando encontrar el mío propio, pero siempre he respetado una paleta de colores que se repite en toda obra.

¿Cuándo te propusiste vivir del arte?

No sé si me lo propuse. Sí sé que quise estudiar algo relacionado al arte y busqué una carrera artística con la mayor proyección de salida laboral posible. Una vez que finalicé mis estudios, a los 22 años, comencé a pintar en bastidor por inspiración de Karico, la hermana de mi papá, a quien considero que fue el ángel que me dio las alas y coraje para pintar. Actualmente, ya con 31 años, siento que puedo vivir del arte al haber inaugurado ¨La Casona¨ galería de arte de Bodega Los Toneles, y no solamente desempeñar el rol de ¨Galerista¨ sino también poder exponer mi obra.

¿Cuál es tu sueño?

Creo que ya cumplí uno que es tener mi propia galería de arte, gracias a mi familia y equipo de trabajo. Pero si se trata de mi carrera como artista es llegar a los 50-60 años y ser un Osvaldo Chiavazza o un Sergio Roggerone. Todavía tengo 20-30 años por delante, mucho hilo en el carretel.

¿Te gusta mostrar lo qué hacés? ¿Cómo te llevás con el marketing?

Me gusta mostrarlo cuando siento conexión con el espectador, sino es algo incómodo. No hace falta que sepan o no de arte, sino que les interese, me encanta poder enseñar a los que no saben, y me fascina potenciarme y compartir el idioma con los que sí.

En cuanto al marketing me llevo excelentemente bien, me ha ayudado mucho poder estar durante 10 años inserta en el mundo del vino, donde el marketing y comunicación son fundamentales. De todas maneras considero que el buen marketing es el que posee buen producto, calidad, historia y concepto, sino termina siendo una moda corta y no trasciende.

¿Qué te inspira?

Los viajes, me aportan la cultura de cada espacio y su gente. Sus costumbres, su lengua, su manera de vivir, su arquitectura, gastronomía, moda, y paisajismo. Soy muy detallista y observadora, y cuando algo me llama la atención necesito inmiscuirme en ello hasta lo más profundo. Cuando algo es muy inspirador lloro de la emoción y no me avergüenzo de expresarlo. Recuerdo la primera obra de arte (pequeña tamaño bolsillo) que compré en Francia, en la plaza de los artistas de Montmartre, lloré frente al artista mientras llovía, él no sabía si eran mis lágrimas o la lluvia pero también se emocionó y me abrazó, tenía unos 75 años.

¿Qué sentís cuando terminás un cuadro?

Agradecimiento y satisfacción. Agradezco inmensamente poder tener el don, capacidad o talento de imaginar algo, crearlo y volcarlo a la realidad. Luego siento satisfacción y motivación para seguir creando más obra.

¿Cómo le ponés un valor a tu obra?

Según el tiempo invertido y tamaño. Hay obras que son pequeñas pero si me llevaron mas tiempo que otras enormes por supuesto que van a tener un precio superior, y viceversa.

¿Quién valora más tu arte el mendocino o el turista? ¿Y tiene que ver con el valor que le das vos?

Ambos. Creo que el valor se lo da uno mismo, no espero que lo externo sea quien le pone la vara a mi arte o expresión, eso es algo que me sale del alma, por ende soy fiel a mi estilo, carácter y esencia, no voy a pintar algo que no me agrada para poder venderlo. No pinto para vivir, vivo para pintar.

¿Dónde soñás con ver un cuadro tuyo?

En cualquier lugar de Oriente, que es de donde me he inspirado en mi ultima obra, Wabi Sabi. Estoy planeando una futura muestra en Xiamen - China para el 2020, nada cerrado todavía, si tiene que ser va a fluir, sino será en su determinado momento.

¿Qué pieza o cuadro quisieras tener en tu casa que no sea tuyo?

Alguna obra de Sarah Golden (es de Sacramento, California) o Karin Olah (es de Charleston, Carolina del Sur) ambas estadounidenses. Son mi inspiración porque una trabaja con tela y la otra con formas geométricas. 

Próxima muestra 5 de Diciembre, en ¨La Casona¨ de Bodega Los Toneles.

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