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Los ataques de pánico son la epidemia silenciosa de nuestra época

El trastorno de pánico es una enfermedad real que tiene un tratamiento específico, con resultados comprobados entre 2 a 6 meses.

 Cuando afrontamos una situación desafiante, intimidante o potencialmente peligrosa para nuestra integridad, espontáneamente surge una respuesta a nivel físico, emocional y mental que podemos sentir como nerviosismo, agitación, angustia, inquietud y/o miedo dependiendo de la magnitud de la amenaza. En los ataques de pánico, en pocos segundos, hay una descarga máxima (pánico), episódica, de esa respuesta de miedo sin que haya un motivo aparente.

Frente a una situación de amenaza, incertidumbre y/o inseguridad se produce una compleja respuesta del organismo diseñada para defender nuestra vida, y que también se utiliza para adaptarse a diversas situaciones de cambio que afrontamos diariamente. El cuerpo aumenta la descarga de neurotransmisores -como la serotonina y noradrenalina- generando una respuesta a nivel conductual de ataque o de huida frente al peligro.

A nivel emocional aparece la ansiedad. A nivel cognitivo el cerebro también se prepara para funcionar en modo de ataque o huida disminuyendo la función analítica; la capacidad de mirar con perspectiva, de pensar alternativas, de planificar y proyectar. Estos cambios a nivel cognitivo son los que generan que una persona inteligente y preparada funcione por debajo de sus recursos intelectuales.

A nivel orgánico nuestro cuerpo sufre cambios importantes. La sangre se va a las extremidades retirándose del aparato digestivo (de ahí la variada gama de trastornos digestivos que suceden cuando estamos bajo estrés). Nuestra respiración se acelera aumentando el oxígeno en sangre y las pupilas se dilatan, entre otros efectos.

Esto ejemplifica como los trastornos de pánico tienen la capacidad potencial de interferir negativa y significativamente en cualquier área de nuestras vidas. Generan reacciones físicas, psicológicas y emocionales de carácter intenso y recurrente que escapan del control voluntario de la persona. Además produce un profundo malestar e incomodidad, desarrollando conductas evitativas.

Cómo repercute en cada persona

La diferencia en la respuesta que cada persona genera frente al estrés está programada genéticamente. Además, las experiencias vitales modelan la manera de afrontar estas situaciones; por lo que el aprendizaje infantil y los modelos vinculares aprendidos son también determinantes en estos casos.

El desarrollo de un ataque de pánico está ligado a la situación vital de haber estado en contacto muy cercano con la muerte de algún ser significativo, ocupando el lugar de mayor responsabilidad respecto a su cuidado y puede aparecer como respuesta a esa situación incluso hasta varios años después de lo sucedido.

El círculo vicioso del ataque de pánico

En el ataque de pánico el sistema de alarma natural deja de cumplir su función adaptativa. En lugar de actuar como un mecanismo de preparación, atención protección y alerta frente al peligro, se desregula activando la respuesta emocional en cualquier momento y lugar sin motivo aparente. De esta manera, convierte situaciones cotidianas y normales en situaciones amenazantes a las que hay que evitar.

Una vez disparada la primera crisis las cosas ya no vuelven a ser como antes. Si el ataque de pánico no se diagnostica y se lo trata como tal, la enfermedad avanza activando un circuito de evitación, miedo, más evitación y más miedo. Se trata de evitar cualquier situación que pueda dar la sensación de falta de control. Comienza a centrar su atención en las señales que le advierten si vendrá otra crisis, cualquier síntoma físico se convierte en una amenaza.

Volver a una situación igual o parecida a la que se encontraba cuando le sucedió el primer ataque es impensable por lo que evita ir a determinados lugares o situaciones. Estas conductas evitativas tienen la intención de reducir la posibilidad de riesgo a grado cero, pero sus vidas se ven seriamente afectadas. Pueden evitar el contacto social, el trabajo, incluso salir de sus casa se vuelve muy difícil, afectando notablemente la calidad de vida. Se busca la seguridad ante todo, instalando las conductas evitativas pero esto resulta en exactamente lo contrario. La agorafobia es otra de las características fundamentales del cuadro. Vivir de este modo corroe las relaciones sociales laborales, familiares y las condiciones socioeconómicas. A esto se le suma que la autoestima comienza un espiral descendente no permitiendo juntar la fuerza necesaria para afrontar las situaciones por afrontar.

En este círculo vicioso, que va aumentando con el tiempo –en caso de no ser tratado–, la persona se encuentra atrapada y comienzan a aparecer síntomas depresivos. Es importante tener en cuenta que el 80% de los casos los trastornos de pánico se acompañan de depresión.

Los trastornos de ansiedad son considerados los más comunes de los trastornos psicológicos en Estados Unidos. Una de cada cuatro personas ha pasado o pasará por algún tipo de tratorno de ansiedad. Siendo dos veces mas frecuentes que los trastornos del ánimo. Es dos veces más común en mujeres que en hombres, esta diferencia esta relacionada a determinantes hormonales biológicos y sociales que hacen a la mujer sea más vulnerable.

Es relativamente frecuente que los trastornos de ansiedad sean comorbiles con algún otro tipo de trastorno, como adicciones, trastornos del ánimo y/o de la conducta alimentaria.

El comienzo de la solución

La terapéutica utilizada es integradora y apunta a trabajar en los distintos niveles en los que actúa el trastorno: conductual, emocional y cognitivo; brindando herramientas para cada una de estas áreas. El tratamiento que da mejores resultados es específico con técnicas cognitivo comportamentales e integrado a una terapeutica psicofarmacológica.

Las principales dificultades para el tratamiento son el desconocimiento de que se está padeciendo un tratorno, el intento de manejar por si mismo la situación y el no saber a dónde recurrir en el caso de padecerlo.

Si bien la mejoría es llamativamente notoria, es primordial trabajar intensamente en la prevención de recaídas ya que es un trastorno que tiende a cronificarse. Por el mismo motivo comenzar la terapia en forma inmediata es un factor central para este tipo de patología.

Lic. Solange García Bardot-Sincronía

Prensa Virginia Schiavo