Conciliar y aconsejar: en el concejo me dieron un mal consejo
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En el artículo anterior, hablábamos del parecido entre ‘ingerir’ e ‘injerir’, en cuanto a su sonido y en cuanto a cierta coincidencia en su significado, pero de su diferencia en lo que atañe a su ortografía.
Derivado del primer sentido, surge el verbo ‘aconsejar’ con el valor de “brindar consejo a alguien”: Le aconsejé que no se dispersara y que se concentrara en un solo objetivo. Del segundo y del tercer sentidos, encontramos el adjetivo ‘consejero, consejera’, nombre con que se designa al que es miembro de algún consejo: Habrá próximamente elecciones para consejeros. En ciertos contextos culturales, se prefiere usar el sinónimo culto: ‘consiliario, consiliaria’, con el valor, en algunas corporaciones y sociedades, de “persona elegida para asistir con su consejo al superior que las gobierna, o tomar parte con él en ciertas decisiones”.
En cambio, ‘concejo’ deriva del latín CONCILIUM (reunión, asamblea) y designa a un conjunto de individuos que sesionan para deliberar en ayuntamientos o municipios: El concejo municipal ha ordenado el cumplimiento de servicios esenciales para la comuna. Los integrantes de estos ‘concejos’ se llaman ‘concejales’, mientras que el oficio o cargo de concejal se denominará ‘concejalía’.
Si miramos el origen o etimología de este grupo de palabras, nos encontramos con un sustantivo latino que ha subsistido como cultismo en nuestro español de hoy: se trata de ‘concilio’, usado en general en el ámbito eclesiástico, con el valor de “junta o congreso de los obispos y otros eclesiásticos de la Iglesia católica, o de parte de ella, para deliberar y decidir sobre las materias de dogmas y de disciplina”. De ese modo, todos recordamos la expresión “concilio ecuménico” o “Concilio Vaticano”. Muy cerca se encuentran también los vocablos ‘conciliar’ y ‘conciliábulo’.
El primero puede ser un adjetivo, con el valor de “relativo a un concilio”, como en “resolución conciliar”, o ser un verbo, con los significados de “componer y ajustar los ánimos de quienes estaban opuestos entre sí”, o de “conformar dos o más proposiciones o doctrinas al parecer contrarias”, o de “granjear o ganar los ánimos y la benevolencia, o, alguna vez, el odio y aborrecimiento”. Así, “Vamos a tratar de conciliar esas posturas antagónicas”. En cuanto al sustantivo ‘conciliábulo’, él guarda en su significado algo de ilegítimo o de oculto, pues se trata de un “concilio no convocado por autoridad legítima” o de una “junta o reunión para tratar de algo que se quiere mantener oculto”. Entonces, podemos escuchar "Vaya a saber en qué conciliábulos andan esos revoltosos".
Fuentes consultadas: Real Academia Española. Diccionario de la Lengua Española. 22ª edición online; Academia Argentina de Letras (2011). Diccionario argentino de dudas idiomáticas. Buenos Aires: Santillana.
* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.



