Vueltas, devueltas y revueltas grosísimas
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Días pasados, en mi lugar de trabajo, alguien me planteó la duda que existe entre usar el verbo ‘volver’ / ‘volverse’ y ‘devolver’/ ‘devolverse’, para expresiones como ‘Me volví desde la parada del colectivo’ o ‘Se devolvió a casa porque no había clases’. ¿Cuál forma es la correcta?
El verbo ‘volver(se)’ tiene, en primer lugar, el significado de “dar(se) la vuelta”, “regresar al punto de partida” y “dar o tomar un aspecto o carácter diferente al que (se) tenía”. Lo advertimos en ejemplos como “Nos volveremos a Mendoza hacia finales de año” o “Con los años, se fue volviendo desconfiado”.
También, puede aparecer la forma “volver a” con un infinitivo, para indicar reiteración o repetición de una acción: “Vuelvo a leer el libro una y otra vez”. En este uso, es incorrecto usar “volver” con verbos que ya expresan repetición, como ‘recaer’, ‘rehacer’ o ‘recomenzar’, en donde la idea de reiteración ya se da en el prefijo ‘re-‘. Entonces, sería incorrecto decir, por ejemplo, “Volvió a recaer en el vicio”; diremos “Volvió a caer en el vicio” o “Recayó en el vicio”.
Por último, la expresión ‘volver en sí’ significa “recobrar el conocimiento” y hay que tener cuidado en usar la misma forma pronominal de la persona que habla: “Ella volvió en sí rápidamente”, pero “Yo no volví en mí hasta después de un buen rato” o “Cuando volviste en vos, no sabías dónde te hallabas”.
El otro verbo, ‘devolver’, significa “restituir, reintegrar algo a alguien”: “Ayer devolví el libro a la biblioteca” o “Quiero devolverte el favor”; en cuanto a la forma pronominal ‘devolverse’, en el español de América y, por ende, en el de Mendoza, toma la acepción de “volverse o darse la vuelta”: “Me devolví profundamente desilusionada”. Esta forma no se usa en España y zonas de influencia.
La otra pregunta que deseo responder tiene que ver con las formas superlativas de adjetivos como ‘bueno’ o ‘fuerte’. En otras épocas, en que la gramática era absolutamente prescriptiva, los superlativos de estos adjetivos se formaban sobre la forma etimológica ‘bonus’ y ‘fortis’, respectivamente. Entonces, aprendimos a decir “bonísimo” y “fortísimo”.
Hoy, en que el uso más de una vez le gana la batalla a la rígida norma, las Academias han consensuado la coexistencia de las formas etimológicas y de las formas diptongadas.
Así, para tranquilidad del lector, son igualmente correctas las formas siguientes: ardentísimo y ardientísimo; bonísimo y buenísimo; calentísimo y calientísimo; certísimo y ciertísimo; destrísimo y diestrísimo; ferventísimo y fervientísimo; fortísimo y fuertísimo; grosísimo y gruesísimo; novísimo y nuevísimo; recentísimo y recientísimo; ternísimo y tiernísimo; valentísimo y valientísimo. También alternan las formas fidelísimo y fielísimo; frigidísimo y friísimo. Siempre, en estos casos, la primera forma guarda relación con la etimología latina, mientras que la segunda se ha formado regularmente sobre la base de la voz española en uso.
Fuentes consultadas: Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2009). Nueva gramática de la lengua española. Madrid: Espasa (2005); Diccionario panhispánico de dudas. Colombia: Santillana.
* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.