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Amor sin escalas, de Mendoza al Caribe

Sofía Ortiz Baeza y Julio Petra celebraron su boda con una súper fiesta que tuvo de todo. Un perfecto atardecer en los jardines del Club de Campo hizo que el momento fuera mágico e inolvidable. Música en vivo, sorpresas y muchos recuerdos para que los recién casados se emocionen en su regreso a Costa Rica, el país de Centroamérica que eligieron para vivir.
Un atardecer de ensueño. Los protagonistas, Julio y Sofía, en los jardines del Club de Campo Mendoza. Foto: Gentileza Andy Dubrowsky
Un atardecer de ensueño. Los protagonistas, Julio y Sofía, en los jardines del Club de Campo Mendoza. Foto: Gentileza Andy Dubrowsky
Hay personas que creen que es imposible mantener una relación a la distancia. Esta historia es para ellas, para demostrarles a aquellos incrédulos que como dice la canción “el amor es más fuerte” y más importante que todos los kilómetros que separan a los protagonistas.

Cupido y sus flechas.
Sofía y Julio se conocieron por intermedio de un amigo, Emiliano, en una fiesta de Navidad de 2006 en Mendoza. Julio vivía en Costa Rica, lugar donde trabaja. La relación fue creciendo a la distancia, Sofía viajaba cada vez que podía para reencontrarse con su novio. El año pasado, ella, flamante abogada, viajó y se quedó seis meses trabajando en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Así fue como la relación se terminó de consolidar y la pareja decidió casarse.

Los preparativos de la boda. A raíz de la lejanía, Sofía necesitaba ayuda y se contactó con el wedding planner, Federico Zanfagnini, quien organizó y la asesoró en todos los detalles de la fiesta. Por otra parte, la mamá de la novia, Analía Ortiz Baeza, estuvo atenta a la organización y colaboró con el especialista para que todo saliera perfecto.

El día más esperado. En diciembre de 2008, dos años después de conocerse, finalmente llegó el gran día. Los novios viajaron a Mendoza, su provincia natal, junto con algunos amigos -argentinos y costarricenses- invitados a la boda. Pero ellos no fueron los únicos que recorrieron tantos kilómetros para estar presentes, Alfredo Ortiz Baeza, primo de Sofía, llegó desde Estados Unidos, adonde reside, para cumplir con la honorable tarea de ser su padrino.

Reinas por dos.

Sofía se preparó en el hotel Executive. Lució un vestido de la diseñadora Carola Poggio; allí también la maquillaron y peinaron. Su mamá fue hasta el hotel para acompañarla y compartir los nervios previos a la boda. Analía Ortiz Baeza fue reina Nacional de la Vendimia en 1976. Hoy conserva toda su belleza y buen gusto, por lo que estuvo feliz de aportar toda su experiencia en el proceso de “embellecimiento” de su hija.

Una celebración con todo. La ceremonia religiosa se celebró en la iglesia San Vicente Ferrer, ubicada frente a la plaza Godoy Cruz. La inolvidable y emocionante melodía de la película Cinema Paradiso acompañó la entrada de Sofía, que llegó del brazo de su padrino, Alfredo Ortiz Baeza.

La tan esperada fiesta se realizó en los jardines del Club de Campo Mendoza. En las terrazas, los invitados disfrutaron el cóctel de recepción. Variedad de empanadas, trucha y pejerrey rellenos y mousse de palta y de salmón, entre otras exquisiteces conformaron sólo la primera parte del extenso menú que preparó Gustavo Berti, el chef del lugar.

En los jardines se celebró la ceremonia civil, que finalizó con el tema “All you need is love”. Recién ahí llegó el momento de disfrutar la segunda y más elaborada parte del cóctel de recepción conformada por variedad de pinchos y cazuelas, mollejitas en pan casero, yacaré a la provenzal, kepi crudo y niños envueltos, entre otros.

Pero eso no era todo en cuestión gastronómica, el chef tenía preparadas más sorpresas. Los recién casados ingresaron a la carpa ubicada en los jardines del Club de Campo con “Baby, te quiero”, el reconocido y pegadizo reggaetón. La tercera parte del menú tuvo tres opciones: lomo con salsa de hongos, cordero a la miel y pastichiatta. Y para finalizar llegó el dulce y refrescante postre, apolo de merengue con crema y frutillas.

Por supuesto no faltaron el clásico vals ni el video que mostró las imágenes de cada uno de los integrantes del flamante matrimonio.

Las sorpresas continuaron de la mano de Juliana Guerci. La cantante interpretó un tema de Joaquín Sabina que Sofía le dedicó a Julio. Y luego continuó con más canciones para bailar y comenzar la verdadera fiesta. A ella se le sumaron los novios y algunos de los invitados que no quisieron perderse la oportunidad de cantar.

Ricardo Guerrero fue el encargado de hacer bailar a todos los invitados con los diferentes ritmos de música que eligió durante la noche. Malabaristas y hombres con zancos y juegos de luces se acercaron a la pista de baile para repartir el cotillón.

Originales elementos para lookearse cual piratas recibieron los hombres, mientras que las damas presentes aceptaron felices las hermosas y ultra femeninas capelinas. Analía se encargó de confeccionar las capelinas más especiales, destinadas a las amigas y familiares íntimas.

Además de las tortas y diferentes opciones dulces, a mitad de la noche los hambrientos pudieron saciar su apetito con sadwichs de lomo, jamón crudo y pizzetas.

Y mientras tanto... Durante la fiesta -que terminó a la madrugada- los presentes disfrutaron otras originales sorpresas. Un kiosco-tranvía ofreció una gran variedad de golosinas para los "dulceros". Otras opciones fueron los stands de helados y de copos de algodón de azúcar.

Por otro lado, en la Memory Box, los amigos y familiares de los recién casados les dejaron mensajes grabados en video. Y con las cámaras de fotos descartables que se encontraban en los livings, tomaron instantáneas para el recuerdo de los novios. Ya de regreso en Costa Rica, cuando Sofía y Julio finalicen su luna de miel por Australia y Nueva Zelanda, sin dudas, esos registros los harán reír y emocionar y los acompañarán por el resto de sus vidas.

Agradecimiento a: Carbonero & Zanfagnini