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Corrieron una maratón y llegaron juntos al altar
La mendocina Jimena Sayavedra y el haitiano Kerl LaJeune se conocieron en el verano de 2006. Un año después empezaron a salir, y de ahí en más no se separaron. Hasta allí, una historia de amor más o menos corriente. Pero los destinos de Jimena y Kerl no coincidieron ni en Argentina ni en Haití, sino en Chicago, Estados Unidos, ciudad en la que ambos eligieron vivir.
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Ceremonia religiosa, almuerzo y fiesta hasta el atardecer
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La ceremonia religiosa fue en la iglesia Nuestra Señora del Carmen. Más tarde se realizó la fiesta en la Finca El Pino, en Coquimbito, Maipú, un precioso lugar ubicado en los Caminos del Vino. Unos 150 invitados –entre familiares y amigos de los novios- se reunieron en la finca para disfrutar el tan esperado momento.
En los jardines, hubo una recepción con empanadas, humita y tablas de quesos. En el interior de la carpa se sirvió el almuerzo que consistió en asado, ensaladas y buenos vinos, “lo mejor que tenemos en la Argentina”, según Jimena.
Después del almuerzo, los novios bailaron el tradicional vals, y luego llegó la tan ansiada fiesta. Fabián Giacomo fue el dj encargado de hacer bailar a todos con su música. Hubo mucho reggaeton, merengue, salsa y rock nacional.
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Hubo barra de tragos y un divertido y original cotillón, que incluyó vinchas con antenas, estrellas y plumas.
La boda de Jimena y Kerl fue la ocasión en la que se juntaron muchos Sayavedra que no se veían hacía tiempo. La familia aprovechó el momento para sacarse fotos grupales, y para organizar una juntada –en los próximos días- con todos los primos.
Algunos asistentes a la fiesta pudieron intercambiar diálogo –en inglés- con la familia de Kerl. Los no tan entendidos en el idioma anglosajón tuvieron que recurrir a los novios para hacerse entender.
Entre los invitados de Jimena, estuvo uno de los grupos más divertidos, el de los maratonistas que entrenan en el parque General San Martín. Este grupo –una de sus integrantes es la diseñadora Dalila Tahan- organizó trencitos que entraban y salían de la carpa a los jardines de la finca.
La fiesta duró hasta el atardecer, cuando apareció una pierna de ternera que dejó encantados tanto a los invitados extranjeros como a los locales. El paisaje con la hermosa puesta de sol fue el escenario perfecto para concluir el festejo de una unión que recién comienza.
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Las dos familias unidas para una gran foto.



