El Eternauta no se puede ver en soledad
A escasas horas de su estreno, millones de personas habían devorado de una vez los seis capítulos de “El Eternauta ”, versión serie de Netflix; mientras otros tantos, comenzaron a resistirse, sí, confesando que no iban a avalar una producción cinética sobre una obra originalmente pensada por Héctor Oesterheld, uno de los treinta mil desaparecidos por la dictadura de 1976 ¿no fueron treinta mil? Empecemos la otra discusión.
La tentación de contarlo todo
De ninguna manera nos atreveremos a revelar (le dicen spoilear, quizá porque el castellano no es el idioma preferido) lo que la saga ofrece en materia de entretenimiento, aunque también esto desnuda una otra incomprensión. ¿Acaso alguien ignora en qué termina Hamlet? ¿Saberlo impide que se siga representando? Igual, seremos obedientes a los códigos y no diremos que esta serie, El Eternauta, termina cuando…dan los créditos y muestran el detrás de escena como corolario de un muy buen trabajo.
Cineasta de buena madera
Aspectos artísticos y el éxito de público ha sido ya bien abordado y poco podremos agregar a las buenas crónicas de especialistas, como es el caso de Laureano Manson, y de tantos otros que han analizado, escena por escena, los capítulos de esta serie dirigida por Bruno Stagnaro, cineasta con un árbol genealógico que explica, en parte, la madera de su talento y destreza (hijo del director y guionista Juan Bautista Stagnaro y sobrino de Juan José Stagnaro, quien fuera director de fotografía en geniales películas de Leonardo Favio), aunque también sobre esto, la polémica se ha desatado.
El gusto por disentir
La atracción que ha generado “El Eternauta” tiene varias explicaciones, y como ocurre cuando la oferta es amplia, ninguna resulta concluyente. Que Ricardo Darín sea protagonista es una de las razones. Además de la solvencia histriónica y la popularidad, Darín también es un “objeto de disputa”. Mientras que hay quienes lo sindican como el mejor, están los que reniegan y lo discuten, con análisis más propios de lo hepático que de lo neuronal. Así somos. El más talentoso o siempre actúa de Darín, sin atenuantes. El carácter industrial de la producción resulta inevitable para que sea Netflix quien la realice y sirva de plataforma, sin dudas, esto implica resignar algunas otras pretensiones, razón para que algunos se hayan manifestado en contra de posibles concesiones.
Los anteojos ideológicos
La cantidad de palabras escritas sobre esta serie excede, aunque se trate de un éxito arrasador, la cantidad de personas que han visto al menos un capítulo. La incontinencia beligerante de los escribas digitales en redes inunda de falacias la propia historia. La incomprensión sobre una obra de ficción no califica como delito, quizá debería. Aunque cada cual pueda tener una interpretación -y quizá deba tenerla- sobre la obra, eso no otorga permiso para adulterar la historia, la historia detrás de la historia. Vamos al caso. Hace un par de décadas atrás, el ilustrador de El Eternauta (primera versión), Solano López, decía “..la primera aventura de El Eternauta, se publicó entre 1957 y 1959. Fue además de una una historia de ciencia ficción, una especie de ejercicio de la entrega que el país iba a vivir décadas después. Creo que fue un acto casi inconsciente de Héctor Oesterheld como de parte mía”. Y sigue diciendo Solano López: “Héctor era un antiperonista furioso, un liberal, con ideas socialistas”. Resume, el magistral dibujante, que Oesterheld, tanto como él, no estaba afiliado a ningún partido, y eran tiempos en donde casi todo intelectual se situaba en una posición a favor de lo popular y en defensa de la justicia social. (libro “En primera persona”, Francisco Solano López, ilustraciones de El Eternauta , Ancares Editores). La adhesión posterior de Oesterhled hacia la militancia, según Solano López, sorprendió inclusive a su propia esposa, en aquella época. Y en este primer “Eternauta” está basada la serie, no en la segunda edición que hizo el mismo tándem, en 1976, cuando Oesterheld y sus hijas fueron militantes de la agrupación Montoneros. En consecuencia, todas las interpretaciones que vinculan a esta serie con la resistencia peronista, deberán esperar la segunda temporada
Parientes
El nieto de Oesterheld, Martín, ha colaborado, asesorado y trabajado en esta serie. Debió prescindir de testimonios parentales, porque la dictadura desapareció a su abuelo, a sus padres, a sus tías y tíos. Asimismo, pudo contar con su abuela, única sobreviviente de esa tragedia. Elsa Sánchez, hasta su muerte hace diez años, estuvo buscando a dos nietos (o nietas, o nieta y nieto), pero la serie no aborda ni esa tragedia ni alude a dictaduras, aunque quizá pueda asociarse lo distópico y la abrumadora historia de amenaza con los peores momentos de nuestra República, pero eso cuenta por cada uno.
Cuando la diferencia excede lo semántico y es de carácter moral
La serie El Eternauta es ficción de ficción. No responde a la literalidad del comics, de la historieta, y tampoco refleja cuestiones de carácter histórico. Asimismo, es recomendable no dejarse confundir. Hemos leído, más con miedo que con desagrado, algunos posteos en los que desacreditan la serie no por cuestiones estéticas, ni actorales, sino criminalizando al guionista original e inclusive, a sus hijas, adjudicándoles actos terroristas y acciones que no se ajustan a ningún dato, ni siquiera forman parte del anecdotario incomprobable como aquél que señalaba a Patricia Bullrich como “colocadora de bombas en jardines infantiles”. Y esto ya no se trata de ficción, porque en la ficción literaria y cinematográfica existe un acuerdo tácito con los espectadores. Bien distinto a cuando se pretende camuflar una falacia como dato histórico. A los efectos de impedir que una nevada precipite justo cuando se ha decidido a ver El Eternauta, recomendamos tomar como recaudo, una persona a su lado, así podrá espantar con mejor resultado las consecuencias del frío y el dolor que provoca la incesante promoción de la mentira.


