Javier Milei, el único de su clase dispuesto a hacer kirchnerismo sin traumas
Más allá de todas las especulaciones abiertas luego de la designación por decreto simple de los jueces Ariel Lijo y Manuel García Mansilla como nuevos cortesanos de la Nación, ni el peronismo ni el radicalismo, las fuerzas mayoritarias en el Senado, están con ganas de mover un dedo para decir que las designaciones son inconstitucionales, como surge con claridad.
Cuando se produjo el escándalo de Libragate, que todavía no se cerró y amenaza con alcanzar ribetes insostenibles para la intimidad presidencial, muchos referentes del PRO y varios analistas consideraban que la orfandad de personas especializadas en anticipar crisis los haría convocar a nuevos integrantes a su gabinete. Eso no pasará.
“Después de todos los desastres que hicimos, a Javier Milei le aplauden que haga kirchnerismo pero del otro lado… la gente solo quiere venganza”, le dijo a MDZ un experimentado consultor que explica por qué motivo ni el $Libragate pudo haberlo perforado en su base de sustentación, aunque “cada tema que incide en la demanda de transparencia, que buena parte vino con el PRO, ahora lo empieza a mirar con más recelo”.
El kirchnerismo observa que la debilidad de dos jueces supremos nombrados por decreto le abre una oportunidad que hasta hoy no tenían y es la amenaza permanente de la remoción con simple mayoría con lo cual, suponen, no harán nada que afecte los intereses de Cristina Fernández de Kirchner. No obstante, los legisladores de Unión Por la Patria, en un documento emitido en estos días, confirmaron que rechazarán - en la primera convocatoria que tengan en el año - la designación de los pliegos de los jueces en comisión por DNU en la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
“Si lo dejamos tranquilo y el Presidente se sale con la suya, van a creer que todos estamos entregados y capaz hasta los mercados leen eso. Pero, si lo zamarreamos un poquito, lo ponemos en crisis, rechazamos las designaciones, andá a saber con qué martes 13 aparecerá”, reconoció un asesor opositor que ya se leyó dos veces “Los ingenieros del caos”, libro de cabecera de los libertarios.
El estar “peleando con un loco” paraliza a la dirigencia política. De un lado se observa un presidente dispuesto a todo, jugando con o sin reglas, con métodos y prácticas muy parecidas, idénticas a las que su mismo público detestaba del kirchnerismo, aunque en su caso creen que es “imprescindible” para que entiendan que no va a ceder ni un centímetro. En la otra orilla, una vieja y “fracasada casta” se queja por temas que la sociedad casi no entiende, como ser la designación vía DNU de un juez de la Suprema Corte de Justicia.
Para una sociedad precarizada y con niveles de alfabetización que retrocedieron durante los últimos veinte años de manera alarmante, la división de poderes es solo un tema que se lee en los libros de textos escolares pero que contiene poca relación con su cotidianeidad, mucho más afligida por la inflación y la inseguridad.
El Poder Ejecutivo, a cargo del Presidente, tiene muchas atribuciones, entre ellas la designación de los jueces que, luego, el Senado de la Nación debe ratificar o rechazar. Por decreto no puede hacerse. Es ilegal e inconstitucional. Tan sencillo como eso. Pero, en una revolución cultural como la actual, donde cada acto es una “misa”, ¿qué se puede discutir? ¿Cuánta similitud con el kirchnerismo que se quería llevar puesta la República se puede tolerar?
El juez Ariel Lijo, además, no renunció para asumir a un cargo superior. Ni tampoco lo hará. Sólo accede a pedir una licencia hasta que el Senado lo ratifique, de ahí que en el decreto taxativamente se habla de que la cobertura de las vacantes en el máximo tribunal será hasta que finalice el período legislativo actual, que termina el 10 de diciembre de este año.
Los radicales no se expidieron como bloque, y solo se supo la opinión de los que claramente se oponen al nombramiento vía DNU, inclusive Martín Lousteau, quien posiblemente iba a votar en favor de Lijo, en Diputados, el bloque que conduce Rodrigo De Loredo, dijo que el Gobierno había tomado una “dirección incorrecta”. En tanto, en el kirchnerismo, todo es silencio, prudencia, y espera.
En una crudísima reflexión, un “viudo” del actual proceso libertario, que sabe de la importancia de Karina Milei en la intimidad del poder, y que no puede negar el tráfico de influencias que se ejerce en alrededor de Javier Milei, le confesó a este medio que “al Gobierno la gente lo eligió para terminar con la inflación. Lo está haciendo. Todo lo demás forma parte del debate de las almas nobles”.
Lo que quizás no toman nota los que de corazón quieren que a Milei le vaya bien sin reparar en sus traumas y extralimitaciones, es que en la última semana rompió, en diferentes momentos, uno de los pilares por los que la gente pretende escapar del kirchnerismo. La corrupción. Lijo es el más expuesto de todos los jueces federales porque lo consideran el que maneja Comodoro Py. Quienes no le temen, lo desprecian. Pero, ante tanta decadencia, son muchos más los primeros que los segundos.
“Yo no hubiera aceptado un nombramiento en comisión, porque más allá de que la Constitución Nacional lo prevé, hay una gran parte de la población que resiste decisiones discrecionales”, declaró García Mansilla en su participación de hace unos meses en el Senado y se explayó. “Hay determinadas medidas presidenciales, que son constitucionales, pero que si se aplican pueden afectar a la otra institución. Por eso mi respuesta es no aceptaría un nombramiento en comisión”. Fin.
Este abogado ya cambió el "no aceptaría" por "aceptaré", mientras que su futuro par en la Suprema Corte de Justicia pedirá una licencia, pero no renunciará. Precavido y con muchas emociones guardadas por el desgaste al que fue expuesto, ya sabe que no puede esperar mucho más del sistema que forma parte y con quien se cuidan mutuamente.