El Frente de Todos ya no existe más y nadie sabe cómo se presentarán en 2023
De pronto, las calles del conurbano bonaerense empiezan a llenarse de carteles y pintadas que indican que ya no importa la limitación legal para iniciar campañas políticas y los intendentes que responden al Frente de Todos diseñan proyectos disociados completamente de esa marca política, la misma que los congregó hace tres años.
Uno de los lugares más distintivos de este nuevo diseño estético es General San Martín, municipio que conduce el ministro Gabriel Katopodis pero que administra Fernando Moreira, que ya fue confirmado como candidato para 2023 y así lo informaron en todas las paredes de esta comuna, aunque con un agregado: "Somos Uno".
Este concepto, simboliza, aunque pocos lo entienden así, el deseo del oficialismo local de hacer que Katopodis y Moreira fueran observados como una única figura política y que con ellos deben trabajar todos los sectores locales afines. El Frente de Todos no aparece y sólo permanece en las fotos añejas donde, inclusive, ya se recortaron las figuras del presidente Alberto Fernández y la vice Cristina Fernández de Kirchner y sólo quedan la del intendente, el ministro y su esposa, Nancy Capeloni.
En Tigre, Julio Zamora no sabe si podrá o no seguir teniendo la franquicia oficialista. Quien primero lo rechaza es el actual ministro estrella y única esperanza oficial, Sergio Massa, y, como Máximo Kirchner no tiene otra balsa a la que aferrarse, tampoco quiere considerar que el actual intendente pueda seguir participando.
La incomodidad de Zamora, que perdido por perdido puede oficializar una campaña absolutamente vecinal, similar a la que insinúa General San Martín, es algo que sobrevuela en cada municipio del Gran Buenos Aires. Por eso las vueltas de Jorge Ferraresi, en Avellaneda, y Juan Zabaleta, en Hurlingham, donde la impronta personal pesa más que cualquier otro candidato nacional o provincial.
Zabaleta lo tiene estudiado pero prefiere no hacer olas. Sabe que una discusión directa con La Cámpora le traerá más votos. Pero no quiere generar más daño interno del que le hicieron a él mientras no estuvo en la administración comunal. "No nos sobra nada ni nadie", dice a los cuatro vientos, pero también lee encuestas que lo reconocen como el único en condiciones de competir mano a mano contra el referente de Juntos, Lucas Delfino.
Cerca de ahí, en Ituzaingó, Alberto Descalzo ya decidió que será él, y no su hijo Pablo, quien vuelva a competir. Saben que los vecinos de su localidad lo conocen y no tiene que explicar su trayectoria. Los colores verde y azul, preponderantes, están por todos los rincones de la localidad, y su marca es mucho más fuerte que cualquier otra.
En Morón, en tanto, Lucas Ghi debe sobreponerse y realizar una campaña que distinga sus valores personales sobre la de su fuerza política, Nuevo Encuentro. En el distrito que lanzó a la escena nacional a Martín Sabbatella, íntimamente relacionado con los proyectos más polémicos del kirchnerismo duro, como la Ley de Medios y otros planteos que exceden la administración local, ahora parece imprescindible el regreso a la estrategia absolutamente local.
Recorra la localidad que uno recorra ve realidades semejantes. Ariel Sujarchuk pinta en Escobar con su florido estilo cada posta de comunicación a su alcance. El Frente de Todos queda en segundísimo plano. Federico Achaval, en Pilar, alcanzó el status de administrador eficiente y cercano y todas las publicidades están relacionadas con su marca personal.
Leonardo Nardini está contando los días para volver a encabezar la campaña en Malvinas Argentinas. A pesar que todos sus antiguos pares intendentes le reconocen una ejecutividad extrema al frente del Ministerio de Obras Públicas provincial, quienes lo conocen saben que disfruta mucho más el contacto con sus vecinos que nunca cortó y que los fines de semana los exprime al máximo.
En todas las comunas los dirigentes locales miden muchísimo mejor que cualquier otro candidato de su propio Frente de Todos. Sin embargo, en las zonas más alejadas a la General Paz la complicación es inversamente proporcional a lo que sucede al filo de la General Paz. En la región sur, conocida como la Tercera Sección electoral, ahí los intendentes tienen menos problemas que sus pares de la región noroeste porque la imagen de la vicepresidenta sigue siendo más fuerte y estar con ella no es un demérito como sucede en otras comunidades.
Sin embargo, todos van a trabajar con la marca local. Andrés Watson y Julio Pereyra en Florencio Varela, Mariano Cascallares en Almirante Brown, Juan José Mussi o la vuelta de su hijo Patricio en Berazategui, Martín Insaurralde en tándem con Federico Otermín en Lomas de Zamora y Jorge Ferraresi en Avellaneda son ejemplos palpables de la municipalización electoral.
En Esteban Echeverría se da el atípico caso en el que su intendente, Fernando Gray, es un declarado anticamporista y poco o nada sufre la incidencia de Cristina Fernández de Kirchner. En Quilmes, nadie se atreve a arriesgar si Mayra Mendoza tiene futuro post 2023.
La Matanza volverá a tener a Fernando Espinoza como candidato, aunque el camporista Facundo Tignanelli impulsa que Patricia Cubría le haga una interna de envergadura. Sin embargo, este municipio como Merlo, La Matanza, Moreno y Malvinas Argentinas, las cuatro M, junto con Florencio Varela y José C, Paz, entre otros, son los que terminan volcando los votos casi sin corte alguno.
Todas estas estrategias, sin embargo, están atadas a que haya PASO el año que viene. Si esto no sucediera, o nuevamente la lapicera que autoriza la presentación de listas anula a las que quieran ser oposición interna de los intendentes, será irremediable que haya partidos vecinales que competirán con sus propios candidatos, menguando las chances de los candidatos autorizados. Ya se sabe que Sergio Berni tiene su herramienta legal ya presta, al igual que los referentes del Movimiento Evita, que presentarán candidatos en varios localidades.


