El irónico beneficio que genera la disputa entre Suarez y Fernández Sagasti

El irónico beneficio que genera la disputa entre Suarez y Fernández Sagasti

En un momento complejo en el que se necesita diálogo, la grieta está más marcada que nunca en la provincia de Mendoza. Sin embargo, la lucha por el protagonismo entre Rodolfo Suarez y la senadora Anabel Fernández Sagasti paradójicamente termina generando un impacto positivo.

Mariano Bustos

Mariano Bustos

A pesar de que en septiembre del 2019 Rodolfo Suarez derrotó con contundencia en las urnas a Anabel Fernández Sagasti, la rivalidad continúa hasta hoy. La senadora nacional se ha convertido en la líder de la oposición y aspira a renovar su banca como legisladora apalancada en el apoyo que tiene en la Casa Rosada. Esto genera una pulseada de poder entre el gobernador y la presidenta del PJ pero de forma impensada parece tener un efecto positivo para la provincia.

Paradójicamente, la provincia de Mendoza hoy parece funcionar con dos motores. Por un lado el gobierno provincial con sus propias medidas para impulsar la economía como el Mendoza Activa y el programa Enlace, que orientan fondos provinciales a la generación de inversión y empleo. 

Pero por el otro lado, en su afán de potenciar la imagen de Anabel Fernández Sagasti, el gobierno nacional no solo le da un rol protagónico a la legisladora ante cada visita de funcionarios nacionales a Mendoza. También canaliza recursos a través de ella y vuelca inversiones a los municipios presentando a la senadora como la gestora de ese desembolso.

Ésta semana, por ejemplo, firmó un convenio de obras con el intendente de Luján Sebastián Bragagnolo (PRO) para que el ENOHSA realice obras de saneamiento por 108 millones de pesos. La senadora también se adjudicó las gestiones para que se adjudiquen 108 viviendas del Procrear en Malargüe, territorio conducido por el radical Juan Manuel Ojeda.

Aunque el verdadero combustible de sus acciones sea la necesidad de construir imagen positiva, la consecuencia directa termina siendo el derrame de recursos en beneficio de los ciudadanos de la provincia. 

No hay dudas de que el gobierno nacional muchas veces falta el respeto a la investidura del gobernador y orienta su agenda y recursos a empoderar la figura de la senadora nacional. Y también está claro que Suarez no se siente cómodo con la situación.

Pero dejando de lado el aspecto institucional -el cual no es menor- en los hechos la competencia ha tenido resultados positivos. Por ejemplo, al redoblar esfuerzos para conseguir recursos para la provincia o para concretar operaciones como la estatización de IMPSA

Por un lado, en representación de Rodolfo Suarez, el ministro Enrique Vaquié empujó en la Legislatura el proyecto de ley para que el gobierno de Mendoza se convierta en accionista de la empresa y por el otro Fernández Sagasti organizó una reunión entre industriales mendocinos y el ministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas para potenciar a las Pymes locales desde la nueva conducción de IMPSA.

O en referencia a ese mismo ministro, tanto Vaquié como la senadora del Frente de Todos "presionaron" a Kulfas para que incluyera a Mendoza en el régimen de Promoción de Empleo que se había anunciado para las provincias del Gran Norte y San Juan. Finalmente eso ocurrió y ambos se atribuyeron parte del éxito.

El lado nocivo de la disputa

Pero así como el doble empuje ha servido para concretar operaciones como la estatización de IMPSA o la incorporación de Mendoza al Régimen de Promoción de Empleo, la puja política también ha tenido consecuencias negativas en el manejo de la pandemia, generando discusiones estériles sobre un tema que debería sostenerse sobre la base de consensos. 

Apenas concluyó el discurso del gobernador en la asamblea legislativa, la senadora nacional y presidenta del PJ salió a descalificar al mandatario asegurando que lo vio "desorientado" y sin rumbo. Recién después de ello ofreció la colaboración de su partido.

La lógica del conflicto le sirve a ambos lados de la grieta, pero su efecto en la sociedad es desastroso. Fomenta la división incluso en lo que respecta a temas sensibles como la vacunación, la educación o la vida. Destruye razonamientos lógicos y convierte en consignas políticas debates que deberían ser profundos. Simplifica temas realmente complejos y los lleva al terreno de las chicanas.

En ese plano el doble motor puede mutar a un juego de poner palos en la rueda para perjudicar al adversario. Y cuando eso ocurre, perdemos todos.

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