El Gran Buenos Aires, en problemas: el Conurbano no explota, pero agoniza

El Gran Buenos Aires, en problemas: el Conurbano no explota, pero agoniza

En los últimos días se intensificó la vacunación de adultos mayores en el AMBA. Se nota en redes y sondeos no oficiales en los municipios. A pesar de eso, hay gran diferencia entre lo que vacunan en un lugar y otro limítrofe del conurbano, donde la pobreza crece sin parar.

Alejandro Cancelare

Alejandro Cancelare

Cuando hace un año se encerró a todo el país producto del inicio de la pandemia covid, todas las preguntas que se hacían eran sobre los conurbanos, fundamentalmente el del Gran Buenos Aires, que ya venía extenuado de la crisis económica impulsada en los últimos dos años de la gestión macrista.

También en aquel momento, a la par de una mayor ayuda económica para todos los sectores, se especulaba conque "esto no aguanta" y hasta los históricos intendentes del AMBA, como el de José C. Paz, Mario Ishii, alertó con la situación similar a la de 2001. En ese momento más alarmas se activaron y las imágenes de saqueos recorrieron todos los despachos oficiales.

Afortunadamente, ninguno de los más dramáticos pronósticos se cumplieron, pero la actividad económica cayó más abruptamente que en otras regiones y la inseguridad, amortiguada por el aislamiento social obligatorio, se volvió a disparar apenas se permitió más circulación entre las ciudades. A la par, lo que el ministro de Desarrollo Social de la Nación, Daniel Arroyo, institucionalizó como "changas", desaparecieron.

Cuando de a poco el cuentapropismo volvía a recuperar cierta vigorosidad económica, reapareció el covid. Con números que asustan y que pronostican otro freno abrupto a la actividad económica, es muy difícil anticipar qué medidas se tomarán. La cifra oficial sobre un 45% de pobres impactó no por desconocido sino por su ratificación oficial. "Sabíamos que el paciente estaba muy grave, ya lo habíamos velado en vida, pero cuando se muere, impacta más", graficó un estrecho colaborador del presidente Alberto Fernández.

En estos momentos vuelve haber una trágica combinación. Faltan vacunas, crecen los infectados por covid y vuelven las restricciones al traslado de personas y a la actividad económica en general. 

El desconcierto reina. Todos miran hacia arriba desde los municipios. Nadie, ni siquiera los más extremistas kirchneristas que manejan intendencias, quieren volver a retroceder alguna fase. "Sería terrible para todos. Para nosotros, porque volveríamos a depender de la Provincia y de la Nación para hacer frente a los gastos constantes y para la gente, que no soporta más", dijo un reconocido intendente de la zona sur que, como ya explicamos, hacen del off su manera de comunicarse.

Los sueldos municipales, a su vez, sufrieron un retroceso del 50% promedio, según denunció ayer el kirchnerista Héctor García, de la Federación Municipal de la Provincia de Buenos Aires. Para él, los jefes comunales utilizaron la excusa del "home office" dispuesto en la totalidad del territorio para "no pagar horas extras ni cláusulas especiales que mejoraban la masa salarial".

En los municipios no es que falte plata ni alimentos para los más postergados. Sino, directamente, cualquier cosa que le se termina mucho tiempo antes que finalice cada mes. La tarjeta alimentar, que permite la compra de productos básicos alimentarios, a pesar de sus sucesivos aumentos, no le alcanzan a la inflación.

Según reveló Arroyo, "queremos ver cómo se puede bajar el IVA a esos artículos". Hasta ahora, nada. Además, el Ministro debe sufrir la permanente injerencia de la Cámpora en su gestión. Ninguno de los funcionarios apuntados el año pasado por sobrecostos en la compra de productos para repartir entre los más necesitados renunció a su cargo. 

Tampoco ayuda con la articulación territorial la multiplicidad de organizaciones que participan directamente de la llegada a los barrios. Movimiento Evita, Barrios de Pie, La Cámpora y los municipios de Provincia y Nación participan todos en todos lados, pero muchas veces las internas que subsisten en el campo de acción genera más problemas que soluciones. 

Lamentablemente, lo que expone el nuevo dato del Indec, con 51% de pobres en el Gran Buenos Aires y 15% de indigentes dentro de ese universo, no es la falta de recursos disponibles para la población que más lo necesita, sino que nunca le alcanzará. Ni siquiera a los asalariados o cuentapropistas, los nuevos habitantes permanentes de la pobreza estructural. 

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