Dura carta de intensivistas mendocinos de cara a la "segunda ola"
A pesar de que el número de casos positivos de covid-19 ha bajado considerablemente en Mendoza, profesionales de la salud ya se están preparando para la segunda ola. Los hospitales han forzado a sus empleados a tomar vacaciones en estos días para poder contar con todo su personal ante un rebrote que consideran inevitable. Tal es la preocupación , que los médicos intensivistas han publicado una carta abierta con pedidos de mejoras de cara a lo que está por venir.
"A las Unidades de Terapia Intensiva (UTI), donde nos desempeñamos, llegaron los pacientes más críticos, gran parte de los cuales lograron una buena evolución y volver a sus hogares con sus familias. Eso implicó largas horas de guardia, a veces de 48 horas o más sin dormir, ya que la sobredemanda lo requería y ante todo, porque con nuestros errores, limitaciones y toda la angustia que significó para nosotros enfrentar algo nuevo y desconocido, estuvimos siempre, hicimos lo que debíamos y lo que la sociedad esperaba de nosotros", narran los profesionales que estuvieron en la primera línea de batalla y resumen su reclamo en una pregunta.
"¿Elegiría que un médico que no ha descansado en 48 horas asista a un familiar cuando un error le pueda costar la vida a esa persona? Es una pregunta válida para entender de qué estamos hablando", expresan al denunciar las condiciones en las que han tenido que trabajar..
"Médicos intensivistas autoconvocados decidimos expresar a la comunidad lo que sucede tras la puerta de terapia y solicitar a las autoridades que gestionen lo necesario para mejorarlo", aseveran y remarcan que eso será esencial de cara a "una probable segunda ola de covid-19".
"La formación de un intensivista dura en promedio 10 años desde que inicia la facultad hasta que finaliza la especialidad, sin embargo, actualmente gran parte se desempeña en peores condiciones que otros trabajadores. La mayoría lo hace en la precariedad ya que son prestadores por lo que no reciben aguinaldo, vacaciones pagas, cobertura social, y en situación de enfermedad quedan desprotegidos ya que si no se puede ir a trabajar, no se cobra", esgrimen y adhieren que pese a la complejidad es una de las especialidades peor paga "pese a la gran carga horaria, estrés e impacto emocional, psíquico y físico que implica".
Según deducen, esto ha llevado a que cada vez menos profesionales opten por esa especialidad y hoy existe una escasez de recurso humano en las terapias. Por eso, en la pandemia los profesionales de terapia debieron "formar rápidamente a profesionales de otras especialidades que no han sido preparados para esto para cumplir con la atención necesaria".
El objetivo de la carta es revelar esas deficiencias del sistema y poder prevenir situaciones de colapso de cara al rebrote. "Esperamos un 2021 mejor para todos, y que una eventual segunda ola de Covid-19 nos encuentre aún más preparados, más fuertes y con vistas a seguir mejorando nuestro sistema de salud, lo cual empieza siempre y sin excepciones por su capital humano", subrayan.
Para eso, plantean las siguientes necesidades:
- Mejorar las condiciones laborales para dar estabilidad y seguridades propias de un trabajo “en blanco” con sus consiguientes derechos, como tiene cualquier trabajador.
- Regulación sobre el horario trabajado para garantizar horas protegidas para un descanso adecuado.
- Mejoras salariales: actualmente muchos debemos apelar al multiempleo y trabajar más de 90 horas semanales, dado que la hora mejor paga ronda los 600 pesos. Pero al ser contratados todos los costos de la seguridad social, entre otros, corren por nuestra cuenta.
- Los puestos de trabajo en UTI deben ser cubiertos por especialistas idóneos.
- Deben promoverse buenas condiciones para alentar la elección de esta especialidad crítica y esencial en nuevos profesionales.