Suarez y su única gran apuesta: la obra pública

Suarez y su única gran apuesta: la obra pública

El Gobierno está concentrado en que se apruebe un endeudamiento de 300 millones de dólares. Lo usaría para evitar una marcada caída de la inversión pública y en consecuencia, del empleo. Parte del justicialismo dice que ha habido un acercamiento con el Poder Ejecutivo, pero dilata su definición.

Juan Carlos Albornoz

Juan Carlos Albornoz

El radicalismo mendocino tiene la ilusión de conseguir en las próximas dos semanas que se generen los consensos necesarios con el PJ para la aprobación del Presupuesto 2020.

Es una esperanza que se alimenta de lo que piensa un sector del peronismo, el cual sostiene que durante el receso veraniego hubo "diálogo" y "acercamientos" tendientes a llegar a un acuerdo.

El diálogo formal fue motorizado por el ministro de Planificación, Mario Isgró, quien se juntó con la mayoría de los intendentes para puntear las obras pretende concretar en 2020. 

Se cree que el gobernador Rodolfo Suarez también tuvo algunos contactos con dirigentes del PJ para ablandar su postura, pero todavía no hay pruebas de que lo haya logrado

El justicialismo local tiene varias cabezas (Anabel Fernández Sagasti, Emir Félix, los hermanos Bermejo y el resto de los intendentes) y todavía no ha existido una reunión general para definir una estrategia o discurso único.

Hay radicales que incluso sospechan que el PJ podría dilatar sus decisiones para asimilar la situación de Mendoza a lo que ocurre a nivel nacional: el presidente Alberto Fernández ha dejado para dentro de unos meses la sanción del presupuesto.

En ese escenario, Suarez podría seguir gobernando sin presupuesto, con la prórroga de la pauta de 2019, que es muy inferior a la que envió a la Legislatura para este año y que ronda los 191 mil millones de pesos

Pero desde el Poder Ejecutivo advierten que, de seguir así, algunos gastos muy relevantes que están en el proyecto de este año quedarían afuera. Por ejemplo, los 400 millones de pesos aprobados por ley para apoyar a la industria vitivinícola, que ya tiene muy cerca una nueva cosecha.

Peor aún: sin presupuesto, colapsaría la obra pública. El peor diagnóstico oficial sostiene que las obras podrían caer este año a la mitad de lo que se invirtió en 2018 y 2019, en medio de una situación económica más grave que la de estos años.

Si no hay presupuesto, caerían también a la mitad los empleos directos e indirectos que genera la obra pública. Para que esto no ocurra, el ministro de Hacienda, Lisandro Nieri, considera vital que el justicialismo acompañe el pedido de endeudamiento por 300 millones de dólares que está contenido en la pauta 2020.

No hay otro plan a la vista ni otra prioridad en este momento para Suarez. Las propuestas que hizo en la campaña están congeladas, a la espera de lo que se consiga el pedido de endeudamiento. No están en la agenda inmediata, por ejemplo, la creación de un nuevo banco provincial ni la reforma de la Constitución.

El presupuesto es una tabla de salvación para la coyuntura y Suarez casi no piensa en otra cosa que en la forma de enfrentar la contingencia.

A la par de la nueva deuda, solicita la refinanciación (roll over) del paquete de deudas viejas que vencen este año: 6.400 millones de pesos. No le dio ese permiso el PJ al ex gobernador Alfredo Cornejo el año pasado y, aunque busque diferenciar a Suarez de su antecesor, no existen señales firmes de que haya cambiado de parecer.

El justicialismo en todas sus variantes sólo está de acuerdo en una cosa: exige que Suarez se haga cargo de un relato dramático sobre el estado de las cuentas de la provincia. Recién entonces estaría dispuesto a negociar. Dice que el gobernador nuevo todavía no ha blanqueado la profundidad de la crisis que le dejó el que se fue.

La demora de algunos días en pagos de quincenas de la coparticipación municipal y ciertas planillas que dirían que Suarez podría quedar ahogado si el PJ no autoriza el roll over han sido hasta ahora el único indicio para alimentar esa sospecha. 

Lejos de aceptar ese ahogo, el Gobierno no entiende por qué el PJ transforma en un escándalo la postergación del pago de deudas, que ha sido una medida de casi todos los gobiernos democráticos.

Para rebatir lo de la coparticipación, a algunos radicales les ha bastado con recordar las deudas millonarias con los intendentes en las que incurrió el último gobernador peronista: Francisco Pérez. La comparación entre Pérez y Cornejo sigue siendo un argumento efectivo para defender el orden de la última gestión.

La otra argumentación opositora es la necesidad de frenar el nuevo endeudamiento, porque va a contramano de una época en la que la recaudación provincial cae. Esta opinión revela una mirada sombría del futuro de Mendoza, aunque los vencimientos de la deuda tomada en la era Cornejo no se produzcan este año.

En efecto, las deudas de Cornejo recién generarán obligaciones fuertes a partir de 2021. El año que viene vence un bono de 5000 millones de pesos y, en los siguientes tres años, habrá que pagar el capital del bono en dólares Mendoza 2024, de 500 millones, que tomó al inicio de su gestión.

Para contrarrestar los pronósticos negativos, el ministro de Hacienda destaca el desempeño del bono Mendoza 2024. Este bono "clean" (sin compromiso de ingresos como la regalías petroleras) es uno de los títulos provinciales con mejor precio en los mercados, se se lo compara con otras provincias. Vale bastante más, por ejemplo, que la deuda emitida por Buenos Aires.

Para Nieri, esto refleja la "calidad" de la gestión provincial. El bono mendocino, según algunos especialistas, sale más que otros porque genera confianza en los acreedores, al igual que los títulos emitidos por provincias como Córdoba y Neuquén. Es este un dato que el gobierno de Suarez necesita poner en valor, más allá de la puja coyuntural por el presupuesto que protagoniza con la oposición.

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