Quincho LatAm: Un continente condenado por gente sospechosa
Un perseguido por el chavismo ecuatoriano
El viernes disertó desde la clandestinidad en la Universidad de Mendoza el periodista Ecuatoriano Fernando Villavicencio. Lo hizo en el marco del seminario "Derechos Humanos y actualidad" que organizó el Cladh, Centro Latinoamericano de Derechos Humanos. Villavicencio tuvo que irse de su lugar habitual de vida en su propio país, perseguido por el Gobierno por denunciar presuntos actos de corrupción entre el Estado y la petrolera Chevron. Algunas de sus denuncias, al final, inclusive, no fueron tan "presuntas", ya que muchos de los aludidos por sus notas terminaron en prisión. El asunto es que el poder quería un empate: que él también terminara preso. Se fue a vivir entonces con una tribu aborigen hasta que pudo salir de Ecuador e instalarse en Perú, país al que le está pidiendo asilo.
Cómo medir la libertad en los países
Ante el auditorio mendocino habló por teleconferencia en la que dejó en claro una buena frase: "Una sociedad se puede medir por la dimensión de la libertad de prensa qué hay en cada país". El asunto, explicó, es que a veces hay una libertad total aparente para expresarse, pero son los medios quienes se ven coptados, condicionados o bien, empujados a la aucensura: tales las formas que él sufrió en su país. Por ello el solo hecho de "poder decir" no es una señal de "libertad", porque también depende qué canales se permitan abrir para poder llegar a la sociedad con lo que hay que informar. Villavicencio en su charla mendocina acusó a Rafael Correa y a Lenin Moreno de perseguirlo. "Persiguen al periodismo de investigación en Ecuador". Explicó que la ley de medios Ecuador es "engañosa". Por ella han condenado a medios y periodistas con sanciones económicas y detenciones por información en la que ellos no están de acuerdo.
La defensa mendocina de Villavicencio
El periodista ecuatoriano tiene 4 procesos judiciales. Calificaron de "tendenciosa y temeraria" a su denuncia sobre el levantamiento policial de años atrás en Ecuador y su caso llego de la mano del Cladh a la Corte Interamericana de DDHH, en donde se destacó el abogado mendocino Ignacio Boulin Victoria. Como Correa no le dio cabida a las decisiones de la OEA tuvieron que buscar refugio en aquella tribu mencionada. Si hay algo que reivindicó a Villavicencio es que la explosión de los casos Panama Papers y Lava Jato le empezaron a dar la razón y más gente empezó a creer en la versión del chavismo ecuatoriano -que parecía más "limpia" que el resto- que estaba dando a conocer el periodista. Su portal Focus Ecuador fue atacado 6 veces. Ahora su trabajo se conoce mediante Focus News y Plan B en la plataforma Medium, trabajando en la clandestinidad.
"Guerrilla periodística"
El viernes, Fernando Villavicencio contó que lo que tuvieron que montar muchos periodistas en su país es "una especie de guerrilla periodística para poder informar". "Estoy pidiendo asilo -explicó luego- porque me persiguen por haber revelado información pública de las relaciones corruptas con Chevron. El gobierno considera que era ´reservada´, pero no es así. "Para el periodismo de investigación no hay información reservada", dijo en su conferencia.
Revolución desde arriba que aplasta a los oprimidos
Hay gente en Latinoamérica que cree que el chavismo está haciendo una revolución. Sin embargo, los propios primeros chavistas admiten que no, que se trata de otra cosa, algo que podría graficarse como el fracaso de aquella idea (que para unos pudo ser buena y para otros todo lo contrario) y que, al no tener en donde refugiarse, cómo seguir teniendo estándares de vida de millonarios y además, disfrutando de no estar en prisión, prefieren y alientan el caos. Hay algo más: quienes se dicen "defensores de los derechos humanos", oprimen desde el poder del Estado, sacando al ejército a las calles, hiriendo, matando, prohibiendo, condicionando y acusando -en forma insólita- a los otros, a los oprimidos, de ser los violentos. Para ello no han creido necesario dar vuelta sus argumentaciones ideológicas. Cuando el marxismo clásico no les sirve, inventan uno propio y recurren a oportunistas del momento disponibles en la academia para hacerlo y ponerle el maquillaje de "la fuerza del amor" a la persecución y represión. Así lo explicó la semana pasada en la "Mesa MDZ" de MDZ Radio la prestigiosa historiadora venezolana Margarita López Maya. La gran pregunta es cómo saldrá Venezuela -madre de todos los chavismos latinoamericanos, con sus delegados en Argentina postulándose para "volver"- de esta situación. López Maya planteó opciones lógicas teniendo en cuenta otras tiranías internacionales. Por ejemplo:
- Garantizar un proceso intermedio de cierta impunidad, como hizo Chile con Pinochet. El tema es que el grupo que muestra a Nicolás Maduro como jefe (aunque en realidad puede que no lo sea) no lo acepta, porque quiere el 100% de las ventajas.
- Buscar un país que sirva de válvula de escape: "¿Canadá, Suecia?" se preguntó la historiadora. El problema es que además de ser dirigentes políticos, muchos están siendo mirados como narcotraficantes y ya está el antecedente de los "narcosobrinos" del chavismo, los sobrinos de la esposa de Maduro, "La Primera Combatiente" venezolana, detenidos in fraganti con droga y sometidos a proceso en Estados Unidos.
- ¿Cuba podría recibir a sus socios en caso de que se acuerde una descompresión política en Venezuela? La respuesta es que sería lo lógico que se hagan cargo de lo que han creado, pero "son tan ricos y son tantos que no podrían vivir en Cuba ni se los aceptaría", según López Maya.
Sin embargo, algo está pasando
Luisa Ortega es la fiscal general de Venezuela, digamos, su "Gils Carbó". Fue nombrada en ese lugar por Hugo Chávez y lo cita todas las veces que habla, ahora, en contra de Maduro. Se le ha puesto firme en contra y generado una grieta adentro del chavismo. Eso está despistando a muchos: a los propios y también a la oposición, que también tiene su grieta entre los más rupturistas que pugnan por salir todos juntos "ya mismo" a las calles "para que caiga el régimen" y los que prefieren el "paso a paso" y la búsqueda de otras salidas, como negociaciones y el desgaste. La irrupción de Ortega implica que algo está pasando en Venezuela y que el chavismo no está ni unido, ni sólido, ni convencido y, tal vez por ello, recurren cada vez más al uso de la fuerza, a falta de razones. Sin embargo, la oposición se plantea como incógnita: "¿Por qué debemos creerle y proteger a Luisa Ortega?". Atacada por dos flancos, Maduro ordenó congelar sus bienes en el país y prohibirle la salida. Pero la oposición se regodea señalando algo así como que "a ella no le importa, porque sus bienes están en el exterior y los adquirió como parte de la maquinaria chavista". En Venezuela todos resultan sospechosos.
Curiosa coincidencia: dos enemigos unidos
Fue Luisa Ortega quien armó todo para que el dirigente opositor Leopoldo López fuera a prisión. Forzaron al extremo las acusaciones en contra del fundador del partido Voluntad Popular y yerno de los dueños del diario El Nacional,de modo de achacarle la posibilidad de estar al frente de un golpe de Estado. Sin entrar a analizar que finalmente el golpe lo dio el propio chavismo contra sí mismos al ignorar la Asamblea Nacional (el Congreso), cabe señalar, un día después de que López haya sido a enviado a prisión domiciliaria, que ahora coinciden en sus objetivos tanto el detenido como quien lo encerró en la prisión de Ramo Verde. Escucharemos de Luisa Ortega y de él argumentos similares, apenas unos meses después de que fuera ella misma quien impidiera la visita de varios grupos de expresidentes latinoamericanos y veedores internacionales de las últimas elecciones legislativas a la prisión.
La anécdota del pasado y el futuro
Nadie sabe qué pasará con Venezuela. Lo más probable es que la violencia vaya en escalada. El chavismo dice que está todo OK. Lo dicen dentro y fuera de Venezuela. Lo dicen en Argentina en donde no les parece del todo mal lo que está sufriendo un país en el que una de cada diez personas come de la basura, no hay medicamentos, trabajo ni gestión pública. La posverdad le da una respuesta a medida a cada facción política que el chavismo logró implantar en todo el continente: "La culpa es de los otros". En el año 2005 Leopoldo López era alcalde de un municipio de Caracas muy rico que se llama Chacao. Fue visitado en la clandestinidad por un grupo de cinco expertos internacionales que estaban ayudando en un proceso de reformas en el país, con Hugo Chávez en el poder. Ellos tuvieron que llegar a su oficina sin que se enterara el gabinete nacional que trabajaba con ellos. López les mostró su plan y fue duro al hablar de un futuro que a muchos de los presentes les pareció tal vez exagerado. Entre los cinco visitantes había dos argentinos que habían escuchado historias positivas sobre el futuro de Venezuela con el cambio político que había dado Chávez contra la política corrupta que la había condicionado durante tantos años. Se hablaba de la alternancia en el poder de sectores que llevarían a ese país al progreso. Pero no. López, el treintañero alcalde, tenía razón. El chavismo se cerró sobre sí mismo y en ese mismo instante empezó la fuga de los chavistas bienintencionados hacia otras formas de militancia, aunque no les resultó fácil: la disidencia en esta Venezuela se paga caro.
La diáspora
Llegan semanalmente a Buenos Aires entre 700 y 1.000 venezolanos con la intención de quedarse. Huyen de su país. No son todos antichavistas: de hecho, muchos llegan a sumarse al kirchnerismo local y hasta hacen manifestaciones contra el gobierno de Macri al que acusan de lo mismo de lo que la oposición acusa a Maduro, es decir, de oprimir, reprimir, generar hambre, etc., etc. Aunque es evidente que se está habando de dos realidades diferentes, cuando la política deja de ser científica o una experiencia colectiva y social para volverse una cuestión de fe, pasa esto: creen en lo que quieren creer y nada ni nadie los puede convencer de lo contrario. Hay una fundación que se llama Identidad que está trabajando el tema con un concepto moderno, actual y despojado de ideologismos, sino con sentido práctico. Esto ya ha generado en Colombia problemas: ¿quiénes y cuántos llegan de repente como inmigrantes y a hacer qué tareas? ¿Se trata simplemente de tomar la cuestión migratoria como una actitud humanitaria o hay que estudiar cómo serlo realmente, tratando de que tanta gente no se vea obligada a abandonar a los suyos y a sus cosas para huir? ¿O será que hay que empujar a la Cancillería a tener una actitud diferente hacia el gobierno de Venezuela para que deje de expulsar a sus habitantes? Los desatinos de la excanciller Susana Malcorra ya no son ocultados por muchos de quienes la defendieron, entre ellos, los radicales ue le dieron soporte. Abusó de la diplomacia, dicen, en lugar de sumarse a una estrategia política sólida de defensa de las libertades. Otros prefieren señalar al gobierno nacional y en especial, a la Jefatura de Gabinete, por dubitativa a la hora de dar instrucciones. Por lo pronto, solo se escuchan elogios para el embajador argentino ante la OEA, Juan José Arcuri, que algunos dicen que ya no querría estar más allí si no lo van a dejar trabajar con la vehemencia que hace falta (y que ya ha manifestado, por ejemplo, en diálogo con MDZ).