Las ideas del "Durán Barba" mendocino que tiene CFK
Fue presidente de la UCR en Mendoza y funcionario de Roberto Iglesias; acercó al radicalismo mendocino a las ideas de la socialdemocracia europea primero y luego y acompañó a Cobos a la aventura kirchnerista. Fue allí cuando empezó a darse cuenta del fracaso de la centroizquierda en el mundo y, en lugar de virar (como luego lo hiciera todo su ex partido) hacia posiciones liberales, lo hizo hacia lo populista, así, sin comillas, porque no lo considera un descalificativo. Teorizó sobre él en publicaciones que consideró afines, como Página/12 o La Tecla, y se negó -como lo sigue haciendo ahora- a hablarlo en medios que no considera aptos para dar esa discusión por lo liviano o efímero que podría resultar.
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Su evolución política no terminó en la etapa de Cobos con Kirchner. Tras el voto "no positivo" a la Resolución 125 sobre retenciones al agro, Mario de Casas -de él se trata- creó un espacio propio y saltó el cerco definitivamente. Lo hizo creando un "Espacio para la Reparación Social" que sirvió de centro de "desintoxicación" para radicales que querían dejar de serlo para sumarse al panperonismo del kirchnerismo. De Casas tenía experiencia en el ente mendocino de control de la energía eléctrica y acompañó al gobierno nacional desde el ente nacional en la materia, acompañando a Julio de Vido.
¿Por qué hablamos de él ahora? Porque sus documentos están sirviéndole al cristinismo para afiatarse en su posición, aun cuando muchos de quienes en algún momento abrevaron en e´l son capaces de moverse en el amplio dial ideológico práctico en función de los cebos que les van poniendo en el camino, como ya ocurrió, por ejemplo, con sectores autodenominados "movimientos sociales" que comenzaron a coquetear con Sergio Massa o con aquellos que están en stand by mientras les siguen poniendo su amplia cuota de subsidios en el presupuesto nacional.
De Casas es un estudioso, como lo es su hermano, Carlos (que fue el candidato del Gobierno a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos), con quien parece no coincidir más que en los genes. Así lo resaltó el domingo pasado otro ideólogo del kirchnerismo, el periodista Horacio Verbitsky, cuando mencionó uno de los documentos de Mario para poder afirmar que Cristina Kirchner reconfigura la escena política. Allí consideró que Carlos es "un abogado de banqueros cuyo vínculo con los derechos humanos fue del otro lado del mostrador" para terminar justificando como introducción que "tiene un hermano, cuya orientación política no puede ser más alejada, Mario de Casas".
Lo que quiere alentar Verbitsky es el planteo de De Casas (Mario), quien sostiene que lo que está en construcción con Cristina Kirchner como protagonista de un "frente nacional". El nombre hace estremecer a quienes lo vinculan a los movimientos nacionalistas que parecen estallar en el mundo con Le Pen, Maduro o el mismísimo Trump, y que no conocen de derechas o izquierdas, sino de métodos y lenguajes afines.
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De Casas empieza su planteo diciendo "choripanes sí, cacerolas no" ya desde el título del documento que antes que Página/12 publicó La Tecla.
"El choripán -escribió- se ha convertido en un símbolo del temor de las facciones dominantes por la renovada presencia en la calle de los sectores populares decididos a defender sus conquistas, enfrentando la represión de la protesta social. El olor del choripán es revelador del movimiento histórico real que está cocinando la sociedad argentina".
Para el ingeniero mendocino, la nueva convocatoria de la expresidenta no solo puede sino que "debe convertirse en el núcleo dinámico de la construcción de un nosotros, que no debería ser otra cosa que un frente nacional". Para ello ve como marco a "la contradicción fundamental que envuelve a los argentinos desde hace más de doscientos años: la lucha inconclusa entre la entidad Nación-sectores populares por un lado, y la alianza oligárquico-imperialista por el otro". Y agrega una advertencia: "De no ser así, aquella convocatoria sería una mera fórmula ahistórica y atemporal".
Las claves de De Casas para el éxito de Cristina Kirchner en su nueva etapa:
Mario de Casas sostiene algunos aspectos a considerar, debatir y consolidar hacia adentro del naciente "cristinismo" de un nuevo "frente nacional", a saber, en algunas frases que resultan clave:
- En lo filosófico: "Ese nosotros expresaría el tránsito del individualismo liberal a una sociedad solidaria que potencie y no anule el pleno desarrollo de sus componentes".
- Desde lo político: "Sería el nuevo bloque histórico que disputaría la hegemonía al que hoy se expresa políticamente en la alianza gobernante".
Para De Casas, "ambas dimensiones del problema -filosófico y político dice- son relevantes si se tiene en cuenta que el discurso hegemónico tiene su anclaje en el pensamiento clásico griego y en una versión de la tradición aristotélico-tomista; y tiene además la potencia suficiente como para desvirtuar el referido núcleo dinámico central".
El análisis del discurso macrista
Mario de Casas considera que "en efecto, más allá de los retoques duranbarbistas, sobresalen las invocaciones platónicas del tipo ´Juntos podemo´, ´Unidos somos más´, que identifican ´virtud´ con armonía social: son los ´bárbaros´ del choripán los causantes de conflictos ´destituyentes´ y que ´cuestan miles de millones de pesos al país´.
Y califica, en dos párrafos sustanciales:
- "El macrismo clasista y futbolero -de palco techado, no de la popular- supone que la lucha de clases es una cuestión ´actitudinal´ y no un fenómeno propio de toda sociedad con explotadores y explotados, independiente de la actitud de unos y otros; así, el conflicto social -manifestación inequívoca de la lucha de clases- excluye toda posibilidad de ´virtud´ y de ´dignidad individual´ dado que es, por definición, la disociación de los elementos ´naturales´ de la sociedad; en otras palabras, lo sepa o no, acude a la definición platónica del llamado ´Estado de Justicia´, según el cual cada clase realiza sus funciones al servicio del todo y ejerce su ´virtud específica´, ´educada en conformidad con su destino para servir a la armonía del todo´; ignora que la lucha de clases no es un mandato, ni un imperativo ético o táctico, sino el movimiento mismo de la historia. Recordemos que no la inventó ni la impulsó el marxismo, que se convirtió -sí- en su reflejo consciente cuando Marx demostró que la existencia de determinadas clases está ligada a niveles dados de desarrollo técnico y organización del trabajo".
- "Es oportuno señalar que el pensamiento clásico griego fue elaborado en el momento de crisis y decadencia de la polis esclavista y, por su impotencia para concebir un orden superador, es en esencia antihistórico. Cuando Aristóteles habla de la inferioridad natural del bárbaro, no comete un error científico: racionaliza los intereses de los esclavistas griegos".
Cero romanticismo: algo más que amor
Para De Casas, en lo que podríamos llamar como "consejos" o "fundamentos para la construcción del frente nacional", "si el llamado de Cristina no apunta a una romántica y ahistórica articulación de los elementos ´naturales´ de la sociedad, y está dirigido a organizar la nueva relación de fuerzas que emerge de la reaparición activa de los sectores populares en el primer plano de la vida política nacional, entonces la consigna que encabeza este texto (N. de la R.: Choripanes sí, cacerolas no: Hacia un frente nacional) podría significar una expresión cultural primaria de este trascendente hecho político".
"El camino de la liberación...", en tres tramos
El teórico del nuevo espacio cristinista recapitula y pide a los albañiles del nuevo frente recordar por qué es que luchan, seguramente intentando de que sea más allá de lo que la prensa muestra como una búsqueda insaciable de poder o de algo más urgente y banal, como fueros frente al accionar de la justicia. Aquí, algunos tramos especiales del documento de De Casas especialmente destinados a los no tan convencidos ni conversos completos del kirchnerismo práctico al cristinismo dogmático:
- "El camino de liberación iniciado en 2003 debe ser explicado. Es indispensable teorizar la situación estructural activadora de la contradicción fundamental en este momento histórico, pues la expresión ideológica reaccionaria de la cultura hegemónica obscurece el proceso iniciado hace quince años y le pone fuertes obstáculos para dar cuenta de sí mismo, ganar nuevas conciencias y mantener el respaldo político necesario hasta alcanzar sus objetivos·.
- "Con esa ideología se pretende suministrar, para un problema nuevo de un país dependiente con un desarrollo burgués considerable e importante incidencia de las organizaciones de los trabajadores, una teoría paternalista y estamentaria de ´equilibrio de clases´, garantía de desarticulación de los desbordes transformadores surgidos de las bases del movimiento nacional renacido en 2003: esta asfixia ideológica no sólo lo debilitó programáticamente, sino que contribuyó a aislar entre sí a sus componentes principales hasta llegar a enfrentamientos circunstancialmente irreversibles al carecer de un discurso unificador".
- "Asimismo, la batalla ideológica tiene lugar hasta ahora en el campo que eligió el adversario: la ´corrupción´; y ha llevado a los sectores populares a asumir una posición defensiva que facilitó el resurgimiento de la idea nada ingenua de ´racionalizar´ el movimiento, el cual, sin un andamiaje teórico, corre el riesgo de deslizarse hacia cualquier variante del neoliberalismo hegemónico. Así las cosas, adquiere revitalizada vigencia la firmeza de Yrigoyen cuando se negaba a definir a la Unión Cívica Radical como ´partido´ diferenciado por un ´programa´, e insistía en preservar el carácter totalizador de la Causa frente al Régimen".
De Casas, en posición de "Duran Barba" de Cristina Kirchner -cosa que seguramente el autor del documento aquí presentado rechazará in limine no más sea leído- ya había definido antes al populismo, cada vez que escribió una palada más de tierra sobre su examor, "la centroizquierda que comenzó a defeccionar a mediados de los años 70", tal como lo ha señalado varias veces. Escribió: "´Populismo´ suele ser la palabra con la que el liberalismo nombra aquellas instancias democratizadoras que dan respuesta a las necesidades y derechos de los sectores sociales que sus políticas ignoran". Afirmación, definición o postulado que, según el gusto o uso de cada lector, podrá ser una gran posverdad que repetir, o la autentica cara de lo palpable a simple tacto con la realidad.