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Parece que “todos unidos no triunfaremos”

Padilla analiza en esta columna la situación candente del peronismo mendocino, que no da pie con bola.
Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

 La encrucijada política en la Argentina, hoy, a casi medio año recorrido, plantea escenarios. No hay caso cerrado ni sentencia firme. Los escenarios son proyecciones ficcionales, imágenes que visualizamos. En “la escena” se está de mentira haciendo como si fuera verdad. Es como la magia: necesitamos del mago vestido de mago, con sus herramientas de trabajo y un fondo negro como mínimo. “Creer”, es, en cierta medida, sostener la ficción ataviada de vestidos, escenografía, símbolos, gestos y frases. Ornamentos necesarios para la construcción identitaria. La semiología lo diría así: el cuadro no es solo lo que está dentro del cuadro, son sus formas de montarlo, el sitio donde se instala, las luces bajas o altas que lo iluminan. La nobleza que lo visita y se le para enfrente para admirarlo. En definitiva, en la política pasa lo mismo. Están los hombres y las mujeres desnudos. En pelotas. Los adornos son los que le dan el sentido a la desnudez. Por eso la comunicación y la propaganda son centrales en la proyección de la escena de un candidato político. Así funciona más o menos la “creencia”, en el que cree.

Es en el sostenimiento del juego como funciona el juego. Para jugar hay que creer en lo que estamos jugando. De ahí que los escépticos y los románticos terminaran adorando al sol y no a dios. Como el gran pintor inglés del siglo 19, William Turner, que puso su cuerpo al sol y a la penumbra, se ató a los mástiles de los barcos para sentir el viento, los chicotazos del mar y la nieve. Después pintaba. Viboreó por los círculos aristocráticos pero decidió no vender más. Le entregó su obra al pueblo inglés y no a los coleccionistas. Y murió con una amante frente al mar, adorando el sol. “El sol es dios” dijo, y se fue. Rompió con la “creencia religiosa” y con los valores del campo artístico de su época y se bandeó por la soledad y el silencio de los iracundos. Épocas de rupturas. Los que rompen no rompen solo por planteárselo, rompen porque se dan condiciones externas, subjetivas, sociales y políticas enlazadas, que hacen posible la ruptura. Esole pasó e hizo Néstor Kirchner en la argentina. Hizo lo de William Turner. Puso su cuerpo en una coyuntura que pedía un cuerpo. Y rompió. Generóotro tufo que contagió a la sociedad, y su muerte testimonió una época de grandes cambios. Que lo nieguen los necios y los ciegos emocionales. A Néstor, le debemos su cuerpo. Y punto.

Ahora bien, estamos a dos gestiones de Cristina. Una descollante estadista que jamás tuvo este país. Bastardeada como no podía ser de otra manera por la oposición. Con una capacidad de liderazgo inédita después de Perón y Evita. La gran conductora Cristina heredó el tejido social en reparación que dejó su marido, el muerto que puso el cuerpo. Le insufló su dosis. Levantó la apuesta y fue contundente. La historia hablará de este periodo como una época infame para la oligarquía y los medios de comunicación, y como un descanso tozudo para los sectores populares. Cristina es la gran electora del país. Indudablemente, por más “sciolización” del peronismo, Cristina es Cristina. Y no se toca. Lo cierto es que es mortal y “no habrá ninguna igual, no habrá ninguna”, como reza el tango. Queda dentro de su línea ideológica un ministro como Randazzo que no se le acerca ni a los talones. No tiene estatura. Lamentablemente para los fundamentalistas del kirchnerismo, hoy Florencio Randazzo no tracciona. No es el hombre. El kirchnerismo ha parido además a otro hombre, sin quererlo y se llama Daniel Scioli. Scioli es el producto de 12 años de gobierno. El salvavidas del modelo en términos económicos y no ideológicos. Randazzo es, o quiere presentarse, como el reservorio moral del kirchnerismo, y Scioli, representa el bolsillo. Suena esquemático, lo es, pero es una imagen para pensar. Scioli es tan necesario como Randazzo. Eso lo saben los propios y extraños. Lo están diciendo hasta los más fieles defensores del cristinismo.

Los dos son complementos de una época. Scioli es silencio y espera, Randazzo es tren que va y va pero no llega. El que espera el tren es Scioli. Randazzo no puede esperar y se apura. Y los peronismos territoriales y sindicales del país han decidido tomar el tren de Scioli, el que restauró Randazzo bajo la presidencia de Cristina. Efecto de mutación eco-ideológica para sobrevivir a la esperanza de un mundo a conquistar. Cristina conquistó el mundo y ahora hay que preservarlo. Randazzo hace trenes para que los peronistas esperen en la parada indicada, y tomarlo. Scioli y Randazzo “son el modelo” por decantación. El resultado de dos grandes liderazgos irrepetibles (Néstor y Cristina). Y eso es lo que enerva y pone en jaque a los seguidores y perseguidores. Asumir la escena “Scioli o Randazzo” es traumático para todos. Porque no está Néstor y porque Cristina dejará de ser presidenta. Y no va a ser lo mismo. Aunque Cristina juegue su papel seguramente preponderante, el escenario apagará las luces y la película habrá que vivirla… en las calles.

En Mendoza las cosas se van solucionando (¿?) tras la reunión del martes pasado en la Rosada. La ecuación sería más o menos la siguiente: la izquierda peronista al congreso y la derecha a la gestión(lo de izquierda y derecha es chiste, espero se entienda). Esto es, Anabel Fernández Sagasti de la Cámpora como primera candidata a Diputada Nacional y Guillermo Carmona (referente del armado puro local) a Senador Nacional en segundo lugar, detrás de Rubén Miranda, con muchas posibilidades de entrar. Una especie de falsa unidad por arriba que derrama desunión por abajo. Y este acuerdo da para una mínima reflexión. El kirchnerismo del 11 % en la interna peronista menduka logró lo que buscaba, un espacio en el juego nacional, a través del congreso. Esa parece ser la necesidad de un futuro escenario con Scioli Presidente. Cercos desde el cristinismo en la gestión con ministros acoplados y diputados y senadores puros. Con lo cual, con un resultado en Mendoza modesto del FPV en las provinciales, aun perdiendo Bermejo, los puros entran. En definitiva, el espacio del carmonismo logró su cometido: sabía que no ganaría la interna pero iba por los mismos lugares que tenía. Y que la provincia explote. Total, los que entren al congreso serán ganadores y los que pierdan la provincia serán los ganadores, pero de la interna peronista, responsables de la derrota frente a Cornejo. Y así se salvan las ropas. Que se las arregle Bermejo, dirán, entre ellos. Y los errores de la corriente local serán talonarios de facturas a granel. Y así, la derrota de los que más pierden: las familias, los comedores infantiles, los laburantes, los que no lleguen a terminar su casa con el PROCEAR.

Retomar las calles para el kirchnerismo, el peronismo, el movimiento obrero ylos sectores populares, será la apuesta del nuevo escenario a confirmar. El poder debe estar en manos de los de abajo. Y de ahí se pecha hacia arriba. Scioli estará virando para un lado o para otro pero son los sectores populares los que deberán marcar la nueva agenda política en la argentina que se viene. Las nuevas demandas económicas son expresión de que se quiere más. Que los obreros, los laburantes quieran ganar y vivir mejor. Que los sectores medios reaparecidos con el kirchnerismo puedan llegar a fin de mes y salir de vacaciones. La revolución para las clases medias, en definitiva siempre fue irse de vacaciones y pagar la cuota del cero km. Eso es ser feliz aun criticando, desde la tediosa existencialidad que los define como clase. Que los sectores concentrados de la economía estén cercados por un pueblo movilizado que supo conquistar lo perdido. Con Scioli tal vez, pero no en silencio.