La columna de Padilla: ¡El muerto manda!
Hay río revuelto. Río crispado, oleajes que dan chicotazos. El agua parece no detenerse por momentos porque es la misma película del mismo río revuelto. Estanca unos segundos en una cuenca hecha de piedras por algún nómade gitano. Son unos segundos…por arriba, hasta que pasa, atropellándolo todo, un nuevo vómito de agua helada. El río se revuelve y retuerce, hace nudos con el agua que parecen perlas…. y se deshacen.
Abajo/ en la cuenca los peces se guarecen, perdidos de sus cardúmenes originarios. Se miran extranjeros los ojos. Se acomodan en la corriente. Dejan, zambullidos, pasar los latigazos. Los más fuertes se pegotean bajo la piedra más pesada, los más débiles giran en el embudo abismal y vuelan con los chicotazos, se estampan contra otras piedras, agonizan. Así estamos en la política, en las cumbres y en el llano. En el campo y en la soledad de los edificios de treinta y pico de pisos. Bajo el calor, la humedad y la lluvia errática descompuesta por el viento mareado.
Bajemos unos cambios… y pensemos.
Aquí/ se escribe desde la cicatriz. Se vive desde la herida salada. Por lo general, así, sentimos los que hemos padecido. Se desagradecen todas las que nos hicieron. Los abandonos, los fusilamientos y los raptos. No vamos a cerrar así como así el tajo. Abajo hay piedras y más abajo están nuestros muertos. Los comunes. Los muertos comunes de la comunidad ahogados por las piedras.
Aquí/ se escribe desde el tajo. Bienvenido el viento. El agua solar y la efímera flor del desierto. Los pájaros siguen su vuelo como flechas. Nosotros no sabemos muy bien dónde es que van, pero van… y ellos lo saben, ¿lo saben?... ¿cómo saben las flechas que saben dónde van?
Llueven mapas. Mapas que duelen. Aquí se escribe desde la cicatriz del taimado. Desde la incisión que sajó una noche violenta. Queremos y defendemos las marcas. En las tribus las marcas son palabras. En las tribus el silencio está diciendo.
Bajemos otro cambio.
No tenemos fe. Y tampoco la queremos. El presidente del Reino de Dios nos mandó a hacer lío a todos. Y como peces perdidos de nuestros cardúmenes originarios nos jugamos por el chicotazo. ¡El muerto manda! Entonces… edificamos la ideología y los movimientos populares con el muerto que acompaña. Así funciona nuestro ritual peronista.
Se han salido del estribo y caen. Caen a las piedras como piedras. Llueven piedras.
El río es el cielo de los peces.
El muerto audita.