Fernández Sagasti, vidalizada para volverse intocable

Fernández Sagasti, vidalizada para volverse intocable

El oficialismo provincial y nacional está cumpliendo con una receta de campaña que tiene un medicamento universal para todo el país: identificar a sus opositores con La Cámpora.

¿Qué representa ese adversario para la “unión republicana” que dirigen Mauricio Macri, Miguel Ángel Pichetto, Elisa Carrió y Alfredo Cornejo? Bastante más que sólo la gestión de Néstor y Cristina Kirchner: quieren identificarlo con una organización autoritaria, prepotente, verticalista al extremo (más peronista imposible), capaz de hacer cualquier cosa para ganar, pero también para sostenerse en el poder, enriquecerse y garantizar impunidad a los suyos.

Para Juntos por Cambio y Cambia Mendoza, el resumen de todo lo malo se llama “La Cámpora” y, por lo tanto, cuando Anabel Fernández Sagasti y Jorge Tanús ganaron las PASO a los intendentes tradicionales del PJ, lo festejaron, pensando que sería más fácil competir contra un sector creado por Cristina y que aloja detrás de escena a Carlos Ciurca y muchos otros personajes no tan queridos por el electorado o carentes de prestigio social.

Sin embargo, hay al menos cuatro jugadas del peronismo -siempre fuerte en Mendoza, en cualquiera de sus versiones, gane o no- que los radicales y sus aliados no parecen haber tenido en cuenta.

1

¿Realmente el posible retorno de La Cámpora molesta al electorado?

¿Quién se acuerda fuera del círculo rojo y las grandes ciudades qué es, representa y agrupa La Cámpora? El “círculo rojo”, identificado por Jaime Durán Barba, lo sabe bien. Pero probablemente en el oficialismo mendocino estén leyendo sólo algunos párrafos de los manuales del ecuatoriano o apenas el prólogo del "Arte de ganar", y no la letra chica. En los municipios y fuera del núcleo duro que reza el “No vuelven más” no tienen problemas en que regresen si a cambio les garantizan un presente más promisorio. Si ningún político parece garantizar el largo plazo, ¿por qué sus votantes estarían pensando solamente en ello, con los bolsillos vacíos, justo ahora?

2

El PJ se muestra unido, pese a todo

El peronismo, lejos de mostrar sus profundas heridas (que las tiene y sangran), se exhibe unido. Anabel Fernández Sagasti hasta baila en videos de Instagram con Alejandro Bermejo, de quien pocos identifican si es él o su hermano: para la gran mayoría, apenas es un apellido que representa a “Maipú”. Nadie toma en cuenta quiénes están en sus equipos y si bregan por el republicanismo o quieren invadirlo todo, con Justicia incluida. Nadie los asocia con la gestión de Francisco Paco Pérez tampoco.

3

Para el kirchnerismo, a partir de ahora todo es ganancia

Rápidos de reflejos, conquistaron un lugar en la política cuando el mismo peronismo pensaba que 2019 no era su turno para volver en Mendoza, sino en 2023. Sin nada que perder, el kirchnerismo local se lanzó a la hazaña y consiguió llegar a su meta: desplazar a la conducción histórica y amañada del Partido Justicialista de las principales candidaturas, colocando dirigentes no muy afines en las principales candidaturas a intendente, pero llenándoles los casilleros de concejales y legisladores camporistas hasta la médula, a quienes les quitaron (simbólicamente) su acceso a las redes para que no digan lo que piensan. Muestran unidad de lo que en el peronismo se llama “acción y convicción”. Sólo la dirigencia oficialista parece saber lo contrario, pero no aprendió a transmitirlo, a la luz de los hechos. Desde allí, el músculo rápido que genera juntar ganas de “volver” ha llevado al peronismo a buscar demostrar en Cambia Mendoza y Juntos por el Cambio la violencia, el autoritarismo y el verticalismo del que se los acusa a ellos.

4

Cornejo y los suyos "vidalizaron" a Sagasti

Y para que todo esto sea posible, han conseguido algo más, que el oficialismo parece no haber detectado: han “vidalizado” a Fernández Sagasti y, por lo tanto, un campo de fuerza la rodea y todo el que la quiera herir con críticas resulta herido, como sucede con el caso a imitar, el de la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, a quien hasta Cristina Kirchner quiere imitar, aunque no le salga bien y de vez en cuando se le escape su verdadero “yo”.

Con este escenario, en la jungla electoral el león puede ser muy rey en su selva, pero si se come a un ciervo delante de cámaras -por más que este bicho sea, en realidad, menos inocente de lo que parece- quedará muy mal parado para la teleaudiencia.

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