Alberto empieza a jugar fuerte en la campaña de Mendoza

El candidato a presidente estará esta semana en la provincia para darle envión a la candidatura de Anabel Fernández Sagasti. Es uno de los objetivos que se planteó: ganarle a Alfredo Cornejo un mes antes de la elección de octubre. Rodolfo Suarez apuesta a que el tsunami en contra de Mauricio Macri no se lo lleve puesto y jugará todo a provincializar la campaña.

Avatar del Marcelo Arce

Marcelo Arce

Después del contundente triunfo en las PASO del 11 de agosto, Alberto Fernández se fijó tres objetivos políticos, además de conseguir la presidencia, claro está.

Uno de ellos es ganar más terreno electoral en la provincia de Córdoba. Allí ganó Mauricio Macri hace una semana con el 48% (este distrito había sido clave para la victoria del presidente en 2015), pero en esta ocasión el peronismo se recuperó bastante: el Frente de Todos llegó casi al 30%, duplicando la cantidad de votos obtenidos en las PASO de hace cuatro años.

Capital Federal es otra de las prioridades. Se trata de su territorio político y allí el candidato Matías Lammens hizo una buena elección, independientemente de que Horacio Rodríguez Larreta tiene muchas chances de ser reelegido.

Y también los cañones están apuntados a Mendoza porque Alberto se fijó darle impulso final a la candidatura de Anabel Fernández Sagasti. Y lo hará buscando, entre otras cosas,  sumar una victoria clave en un bastión de Juntos por el Cambio y a solo un mes de la elección general de octubre.

De estos tres objetivos, el que parece haberse puesto en marcha primero es el que tiene a los peronistas mendocinos entusiasmados por estos días. Alberto Fernández estará esta semana en Mendoza, posiblemente el jueves, en una gira de dos días que lo llevará al Sur y en la que también está previsto que se realice un acto en Guaymallén.

No hay mucho misterio en la estrategia de la senadora nacional de aquí al 29 de septiembre. Tratará de que la ola de descontento hacia el gobierno de Mauricio Macri la lleve hacia arriba y de esa manera contrarrestar los siete puntos de diferencia que Rodolfo Suarez le sacó en las internas provinciales del mes de junio.

Hasta aquí, Anabel fue cumpliendo varios de los objetivos que se había propuesto. Uno de ellos era apostar a retener a los votantes de Alejandro Bermejo (su rival en la PASO), meta que aparece como alcanzada si se analizan los números de la elección del 11 de agosto.

Si algo de impacto tuvo lo que sucedió el domingo pasado, entienden en el Frente Elegí, es que el resultado los puso en “perspectiva de poder ganar” en Mendoza. Una derrota los habría dejado claramente sin chances.

El peronismo se juega a seguir con el envión que le podrían dar cuatro triunfos más el 1 de setiembre en las elecciones municipales de San Rafael, Tunuyán, San Martín y Lavalle.

Pero, sobre todo, Anabel se había impuesto otra misión y fue hacer más sólido su vínculo con Alberto Fernández. Ese trabajo comenzó hace algunos meses, cuando juntos recorrieron varias provincias del país en búsqueda de cerrar acuerdos entre los gobernadores del PJ y el kirchnerismo. Él, como representante de un sector del partido. Ella, como la enviada de Cristina.

En muchos distritos se logró ese acuerdo. Pero en Mendoza no.

Algo no cambia en la lógica de funcionamiento kirchnerista, que durante su trayectoria no hizo del federalismo uno de sus baluartes institucionales. Anabel ya intenta mostrarse como el nexo más potente ante un eventual futuro gobierno peronista a nivel nacional, apelando primero a su llegada con Cristina Kirchner y segundo a su relación con Alberto.

“Desde Eduardo Bauzá con Carlos Menem y después, con el “Chueco” Mazzón (con Néstor y Cristina), no existe un dirigente del PJ local que tanga tanto poder de lobby a nivel nacional como Anabel”, sintetizan en el entorno de la candidata.

Ahora bien: mientras Fernández Sagasti se juega a que la ola nacional la arrastre hacia un triunfo, Suárez y Alfredo Cornejo intentarán que esa misma ola no se los lleve puestos.

Para el gobierno el resultado de las PASO, aquí, estuvo dentro de lo esperado. Cornejo había encargado un puñado de muestreos presenciales que le mostraban, una semana antes de la elección, un virtual empate para el cargo de diputado nacional y una victoria ajustada para Fernández en la presidencial.

Una diferencia de más de cinco puntos en favor de Alberto, especulaban en la previa, hubiera encendido las alertas rojas de la elección. La diferencia de tres (como resultó) prendió, sin embargo, luces amarillas.

El intendente de Capital también tiene en claro su estrategia: provincializar la elección e intentar que el votante repare en la gestión de Cornejo y no en la de Macri a la hora de elegir a su nuevo gobernador. No hay otra apuesta.

El trabajo que le espera a Suárez será duro en los distritos rurales de la provincia y en las zonas más desprotegidas de los departamentos del Gran Mendoza. Allí la crisis golpeó y eso se tradujo en un aluvión de votos que el peronismo captó.

Un dato resultó adelantador para Cornejo: en medio del tsunami que le pasó por encima a Macri, la victoria de Fernández en Mendoza fue mucho más ajustada en comparación con lo que ocurrió en buena parte del país.

El gobernador estuvo con el jefe de Gabinete, Marcos Peña, a mediados de semana y guardó su furia con el resultado electoral para otro momento. La charla, relatan, fue un tanto particular.

-¿Creés que me tengo que ir?, le preguntó Peña, en momentos en que arreciaban las versiones sobre su alejamiento.

El gobernador solo hizo una mueca. No se metió, como uno de los referentes principales de Juntos por el Cambio, en el debate por la necesidad de modificaciones en el gabinete y de la salida de Nicolás Dujovne de Hacienda, por caso, sólo celebró que el exministro firmara el jueves, dos días antes de irse, la emisión de Letras del Tesoro (Letes) para financiar la construcción de Portezuelo del Viento.

Para Cornejo el resultado electoral de octubre es “irreversible” y solo espera que la situación económica no estalle de aquí a diciembre. Pero cree que, aún con este escenario, el radicalismo retendrá el poder.  “La moneda está en el aire. Pero hasta con una hiper (inflación) me tengo fe”, se le escuchó decir a mediados de semana, cuando el país había convulsionado otra vez.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?