#VotoCastigo a los chantas: 10 máximas para quienes quieren gobernar

Ya están todos en campaña y es necesario poner en foco al proceso electoral, más allá de lo sobreentendido y de las cuestiones formales. Ante el cansancio de los que creen que es un juego, el desafío es demasiado importante en Mendoza para 2 millones de personas. Un artículo dirigido a todos, pero con un permiso especial en tono de confianza con los que aceptaron el desafío de ser precandidatos a gobernador o gobernadora. Si estás de acuerdo con este este artículo (o si disentís) compartilo en tus redes con tu propia opinión o agregado.

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Gabriel Conte

Un prototipo con muchas réplicas: el alcalde Diamante de Springfield.

Valga la polémica mundial por un tema banal como el planteada en este diario por Laureano Manson sobre el dueto de Madonna con Maluma al lanzar en conjunto el proyecto musical “Medellín” para hablar de esa ciudad como ejemplo en el contexto político de Mendoza, y ante la amenaza de que toda la campaña sea igual que las anteriores: un desfile de gente que dice cosas no chequeadas que solo buscan caer agradables sin saber muy qué van a hacer si ganan.

Es que justamente -y más allá de la polémica de la industria musical- hay un lugar en el mundo que pudo cambiar porque hizo todo lo distinto a lo que había que hacer y es justamente Medellín, o “Medallo” para los locales, la ciudad colombiana que conoció el Infierno con las peores cifras de asesinatos, corrupción, empleo informal y pobreza y que no salió por milagro, sino por acción de un plan de la política.

Hay algunos detalles que simplificar para saber por qué Medellín pudo y se sostiene. Básicamente hay un secreto revelado: dejó de dar dádivas para ofrecer oportunidades. Hizo que la gente apareciera ante los ojos del Estado como personas y no como números, espectadores o votantes. Y poco más que eso.

Con la gente vuelta personas, hubo más que un cerebro para pensarlo todo. Y la sociedad participó en dar vuelta la realidad. Dejaron de ser seres bajo hipnosis para pasar a ser protagonistas críticos. Tanto, que se dieron cuenta que no podían seguir viviendo así.

Conclusión: dejaron de vivir “así” y ahora son ejemplo. Pero no para imitar literalmente, sino para comprender.

Los chantas no caben en su espacio político porque son descartados. La demagogia huelga. Y los charlatanes se terminan quedando mudos.

A partir de allí, sugerimos aquí una serie de "máximas" para quienes quieren ser gobernador, de modo tal que no nos condenen a una campaña inocua y nos obliguen a vivir un chasco, como en elecciones anteriores. Va con humildad y reconociendo incapacidades propias, pero en la búsqueda de que nos despabilemos todos a la vez:

  1. Si hace un año no tenías pensado ser candidato a gobernador, mejor no te presentés. Si ya te presentaste, demostrá valentía y bajate. En Mendoza ya pasó algo así aunque por otros motivos: en la campaña se bajó José Genoud y subió Roberto Iglesias. Y ganó la elección. En menos tiempo no poder conformar un equipo de diagnóstico y propuesta. Si comprás esto último “llave en mano”, avisanos a los ciudadanos, porque seguro lo deberás pagar con nuestros impuestos cuando ganés y queremos saber a quiénes, cuánto y por qué.
  2. Muchas veces lo políticamente correcto no es lo que hace falta, sino decisión y temeridad. Si contás con respaldo en la realidad y no creeés en los poderes mágicos, lánzate de lleno. Mendoza necesita que alguien lidere más allá de lo que “pide la gente” en encuestas. Vos podés convencer y movilizar, si tenés credibilidad y herramientas concretas. Eso es mejor, mucho mejor que solo dejarnos conformes.
  3. No estés demasiado enojado, ni demasiado contento, ni triste. Necesitamos alguien que sea humano, pero que demuestre temple, no que dé lástima en campaña. No sos una víctima ni tenés que posar como el victimario de nadie.
  4. Ponete orgulloso en serio de la responsabilidad que has asumido. ¿Te das cuenta que entre dos millones de habitantes solo vos y otros diez se han lanzado a competir por gobernar a Mendoza?
  5. Sabelo, no queremos tu dádiva ni creemos que seas un superhéroe: solo queremos tu talento y liderazgo para constituir un equipo capaz. Nada más. Nada menos.
  6. Sabemos que pensás que somos todos tontos que nos enamoramos de imágenes tiernas. Pero en esta elección agradeceremos que no besés más niños ni viejos: mostrate en reuniones reales, transmitidas en vivo, con los que demandan algo más que afecto y explicá cómo, cuándo y con qué vas a generar lo que Mendoza necesita: volver a generar empleo genuino en el ámbito privado en función de un plan productivo real. Contanos el programa, su desarrollo, objetivos y plazos, aunque supere tu mandato y no queramos darte la oportunidad de un cambio constitucional para la reelección.
  7. Nos gustaría saber desde ya el nombre de los responsables de cada una de las áreas de estudio de la futura gestión. Si tu partido ya estás gobernando, contanos si se ratificará todo el gabinete o si tenés otro plan, otra gente, qué otras correcciones y por qué.
  8. Dejá de tuitear saludos por efemérides con tal de salir a la luz pública sin decir nada que te comprometa demasiado. Todos los días se conmemoran entre 3 y 7 cosas que resulta simpático recordar. Sos candidato: solo imagínate que todos nosotros lo hiciéramos también. ¿No te parecería ridículo? Además contanos si tus redes están bajo tu comando personal y, si tenés un equipo que se encarga de ello, cuántos son y quién les paga.
  9. Creé en lo que hacés y no lo usés como catapulta o salvoconducto para otra cosa. Se te va a notar si no estás consustanciado íntegramente con el desafío encarado.
  10. Hablá sin miedo con los periodistas y respetalos cuando te hagan preguntas, aunque no tengas respuestas. Sé sincero. No los acusés con sus jefes ni busqués pactos exculpatorios o embellecedores con los dueños de los medios. Eso, de entrada, ya hablará mal de vos y, de una u otra forma, la ciudadanía -esos que votan por vos o en tu contra- lo sabrá.

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