No estamos eligiendo el sabor de un helado, precisamente

No estamos eligiendo el sabor de un helado, precisamente

Elegir autoridades, aunque sea en las PASO, no es un acto menor ni de mera satisfacción gustativa. Es una responsabilidad.

Una elección puede ser "tan solo una gran encuesta", como se ha dicho una y mil veces sobre las PASO, pero nunca será un acto tan menos como el de tener que elegir qué sabores de helado cargarle al cucurucho. Lo que se vota es determinante: bajo qué modelo, métodos y con qué personas se enfrentarán los desafíos de la gestión pública en adelante. Bastante más, sin dudas, que escoger con qué fresca crema empalagarnos por un ratito.

Terminó el período de votación de este domingo 11 de agosto y no será la última vez -ni tampoco fue la primera- en que votamos este año. Se trata de una cadena de decisiones que no tienen nada de lúdico. La esperanza latente es que se achique cada vez más la porción de electorado que indefectiblemente, siempre, van a preferir elegir a quién echarle todas las culpas que asumir su cuota de reponsabilidad en la construcción del futuro.

No es lo mismo chocolate que frutilla. Pero si se profundiza en el tema, tampoco es lo mismo Paco Pérez que Alfredo Cornejo, por ejemplo, si es que tenemos que analizar con peras y manzanas la complejidad de la decisión que tomamos al emitir nuestro voto.

Está claro que a pocos desde el poder central de las decisiones políticas les interesa un voto racional y nos empujan al sentimentalismo desequilibrante. Pero también lo es que el tiempo transcurrido de ejercicio democrático no ha sido en vano: se puede elegir mejor, se puede gobernar mejor, se pueden elegir mejores equipos para la gestión pública, se puede transformar la realidad sin repetir esquemas, se puede mirar hacia adelante sin anclarse en el pasado.

Votamos, y eso es mucho para quienes conocimos una Argentina en donde eso no se podía hacer.

Lo que sigue faltando (y vamos cubriendo en cómodas cuotas electorales)  es el compromiso de meternos de cabeza en estudiar las decisiones y propuestas sin prestar nuestro cerebro en alquiler, sino usándolo en defensa de nuestra vida y la de quienes nos rodean.

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