Lanata, PPT y la capitalización de todos los miedos

Lanata, PPT y la capitalización de todos los miedos

La vuelta a la TV de Jorge Lanata es un hecho político y no solo una noticia del show business o el periodismo. No pasará inadvertido en un año con elecciones en todos los niveles. De hecho, el arranque constituyó una apuesta muy fuerte.

A pico y pala, antes, con maquinaria pesada ahora, PPT, el programa de Jorge Lanata, llegó para profundizar aquello que el propio conductor popularizó como "la grieta" entre los argentinos. Su estreno fue una bomba de precisión que hizo estallar todos los miedos.

Si bien puede decirse que logró catalizar el pánico del tercio de argentinos que no quieren que retorne al poder el kirchnerismo (y se encargó de satirizar con energía el rol que el programa sostiene que le asigna Cristina Fernández de Kirchner a Aberto Fernández en la fórmula presidencial), también capitaliza a su favor todos los otros miedos.

En este sentido, hay que señalar que, antes que el programa se emitiera, se intentó frenar su difusión. La intentona corrió por cuenta de Eduardo Valdés, el exembajador ante la Santa Sede, de quien se dieron a conocer escuchas telefónicas filtradas en forma ilegal a la prensa, pero en las que quedó al descubierto una trama de operaciones que -de acuerdo al relato de PPT- buscaría hacer explotar una dupla judicial ("Operación ¡puf!") integrada por el juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli, a la sazón, quienes tienen "en la parrilla" a la exmandataria, su funcionariato y a empresarios, todos acusados de ser parte de un sistema de ventajas y coimas por intermedio de las obras públicas.

En simultáneo con la emisión del programa, el miedo emitido no sólo logró generar más cohesión entre los votantes de Cambiemos que lo que ese propio espacio puede conseguir, sino que despertó el de los aludidos. El simple seguimiento de la reacción tuitera de dirigentes y militantes lo dejó al descubierto: una dirigencia que se quedó pasmada y la militancia salió al cruce con frases que denunciaban su estado tales como "no lo escuchen, es todo mentira", como si se tratara de niños frente a la emisión de alguna película de Stephen King.

Pero hay otros miedos que superan "la grieta" o que, al menos, debieran estar por encima de los propósitos partidarios o electorales: el central es que una vez más hay escuchas de los servicios de inteligencia que se filtran con liviandad. Por lo que vimos ayer en la tv política, primero las mostró solo en textos de desgrabaciones Luis Majul en "La Cornisa" y luego las pudimos escuchar en audio en el programa de Lanata.

Son otras dos ramificaciones de miedo las que dejan al descubierto: primero, que los escuchados hayan recurrido -tal como se oyó en los programas- a la ex Side, la Afi, a buscar información. Y que luego, la operación haya sido operada en función de nuevas operaciones, esta vez en su contra. Eso vuelve a demostrar -desde un punto de vista- la endeblez del sistema institucional que sigue atormentada por la persecución de algunas de las capas geológicas acumuladas en el área de espionaje del Estado, ya no del gobierno, y que fue dejando cada presidente que pasó por allí.

De tal modo que en medio de definiciones racionales para la república, una reacción tan irracional como es el miedo volverá a regir, salvo que podamos racionalizar la información recibida (porque al fin y al cabo, es información: buena, mala, regular, bien o malhabida) y procesarla con consciencia (el conocimiento de la propia existencia y nuestra individualidad para tomar decisiones, no en "manada") y concientemente (en forma responsable frente a nuestros deberes con los otros en la sociedad en donde vivimos).

La presencia de Lanata en la TV es un hecho político, y no solo parte del show business. De por sí nada es malo, salvo que nos rindamos si no ante el mandato político de las ideas que profesamos, obediente y ciegamente, ante las afirmaciones potentes de quien se les opone desde el periodismo. Somos equilibristas dueños de nuestro camino sobre la cuerda floja.

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