Volvió Disenchantment, y todavía no logra atrapar

La serie de Matt Groening lanzó esta semana su segunda entrega, y, como pasó con la primera, no consigue conectar con el espectador, y mucho menos hacerlo reír.

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Francisco Pérez Osán

La serie volvió con todo, y ese todo no parece ser mucho.

Disenchantment (Desencanto), la serie de Matt Groening que prometía marcar nuevos niveles de calidad para la animación en Netflix, regresó esta semana con su segunda temporada (o su "parte 2", como insisten en llamarla en el servicio de streaming). A pesar de que busca darle un poco más de profundidad a una sitcom fantástica que era notoria por su liviandad, no consigue atrapar a los espectadores, y, lo que es peor, todavía no consigue ser graciosa.

La historia retoma exactamente en el punto en el que quedó la primera temporada, con el reino de Dreamland transformado en piedra y Bean viajando con su madre, Dagmar, quien recientemente se recuperó de esa misma condición. En los siguientes 9 episodios se seguirá, más o menos, esa línea, con algunos condimentos como un viaje al infierno, una mujer-oso (u oso-mujer, mejor dicho), una misteriosa enfermedad que ataca a los elfos o la representación de una obra en la que se ventilan dramas familiares.

Ese resumen muestra que situaciones ridículas no son lo que falta en Disenchantment. Lo que pasa es que son tremendamente desaprovechadas. El primer "chiste" de la temporada muestra al rey Zog recorriendo su petrificado reino y lamentándose. "¡Mi reino! ¡Mis súbditos! ¡Mi cena!". Quizás hubiese sido gracioso hace un par de décadas, pero hoy sólo parece escritura perezosa y poco inspirada. En general los gags son más o menos así. En pocas oportunidades la serie consigue hacer reír, y prácticamente nunca saca carcajadas.

La serie no tiene pocas situaciones ocurrentes, pero no llevan a nada.

La razón para que el nivel se mantenga tan estable con respecto a la primera entrega es que Netflix encargó los 20 capítulos de las dos "partes" al mismo tiempo, y lo más probable es que hayan sido escritos de manera continuada. En la segunda temporada no hay crecimiento alguno de los personajes más allá del castigo que recibe el demonio Luci durante su visita al infierno. Los más memoriosos y fanáticos del trabajo de Groening recordarán que la pérdida de su inmortalidad no es un tema nuevo para el dibujante: en Futurama hay un capítulo en la que Bender el robot pasa por exactamente lo mismo. Claro que en Futurama marcó uno de los puntos más emocionantes de la serie, mientras que en Disenchantment fue una nota al pie que no tuvo ningún peso en la historia que le siguió.

Hay que aclarar que Disenchantment -ni esta temporada ni la anterior- no es mala, pero es mediocre, algo que puede llegar a ser peor si detrás de su producción está el genio que inventó Los Simpsons. De todas maneras, mantiene las buenas características que tenía, que son la excelente animación y trabajo de diseño. Probablemente sea la serie no japonesa más vistosa de la actualidad, por encima de animaciones mucho más interesantes como Rick & Morty o Final Space.

Con otra temporada confirmada para el futuro, las posibilidades para Disenchantment de crecer siguen existiendo. Con algo de suerte, Groening las aprovecha y vuelve a su mejor momento, que, por ahora, parece haber pasado hace años.

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