Córdoba elimina la “cláusula gatillo” y Cornejo resiste pese a todo

Tras arrasar en las provinciales, Schiaretti dijo que la actualización automática por inflación es insostenible a este ritmo. Por ahora acá la casa está en orden... o lo estaba hasta el último descalabro del dólar.

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cristian avanzini

los estatales provinciales tienen al menos un paraguas en la tormenta.

La ecuación de recaudación en franca baja y salarios estatales actualizados por una inflación indomable no dio para más en Córdoba, y el gobernador Juan Schiaretti adelantó días atrás que agosto será el último mes con “cláusula gatillo”.

En Mendoza, donde también rige el acuerdo con los gremios, la actualización automática no está en duda, según lo garantizan desde el Gobierno, aunque tal como están las cosas hoy, sin duda le costará sangre, sudor y lágrimas.

La confianza en un escenario económico más benévolo en 2019 tras el terremoto cambiario de 2018 y de un panorama electoral también más favorable jugaron como arma de doble filo para Alfredo Cornejo.

El Presupuesto nacional esperaba una inflación en torno al 23% para este año con un dólar en leve suba hasta los $40 en diciembre próximo. Todo esto se precipitó con la fuerza de una cascada antes de la mitad del 2019 y no dio tiempo siquiera a patear el timón antes de la explosión, que dejó los huesos expuestos en las PASO de este domingo.

Scharetti, blindado por el arrasador triunfo de mayo, donde obtuvo más del 55% de los votos, reconoció que Córdoba ya no podía afrontar la “cláusula gatillo” y que negociará otro acuerdo con los gremios. A junio la provincia había gastado más del 85% de lo que tenía presupuestado para afrontar los aumentos salariales y, con recaudación en baja e intereses de deuda en dólares en alza, el camino se hacía inviable. El peronista decidió tirar la toalla antes de que el peso de su aplastante triunfo lo comenzara a hundir inevitablemente en el barro.

En Mendoza los sueldos estatales acumulaban una actualización en torno al 21% al cierre del semestre y una caída de la recaudación de casi un 10% en términos reales. A esto se suman los intereses por la deuda en dólares, que se hace más pesada con cada devaluación.

De todos modos el Gobierno ha insistido en que el plan de “orden y austeridad” de Cornejo permite afrontar con solidez los escenarios adversos. Esto, sin embargo, debe leerse dentro de parámetros “normales” dentro de lo normal que puede resultar un país con inflación de entre 25% y 45% durante 10 años y una de las monedas más devaluadas del mundo, solo superada por el bolívar de la devastada Venezuela.

Hoy, lo inesperado volvió a hacerse posible con otra disparada del dólar que otra vez inyectará su voltaje a la imparable rueda de la inflación. Ante este escenario cualquier proyección resulta mera futurología. Lo único cierto es que quedan por delante 75 interminables días hasta la definición de octubre y que, en Mendoza, solo los empleados pueden respirar con algo de tranquilidad sabiendo que sus sueldos acompañarán la inflación... al precio que sea.

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