Los "grupos de whatsapp" se transformaron en nuevos actores políticos

Los "grupos de whatsapp" se transformaron en nuevos actores políticos

Padres y madres empoderados ante la mirada de un docente que quedó en la línea de fuego, cuestionado en sus saberes y prácticas.

Andrea Ginestar

Andrea Ginestar

Los “chats de madres y padres” comenzaron a tener protagonismo en la vida escolar de los estudiantes tanto de primaria como de secundaria y las formas de comunicación fueron mutando hacia nuevas formas entre quienes integran el proceso educativo. De este proceso decanta una nueva forma de relación política entre las partes, sí, política desde el punto de vista de la propia política institucional que reconoce a un histórico actor -padres y madres-, pero ahora dotado de nuevas y mejoradas herramientas para la visibilización de sus reclamos y puntos de vista.

Esto no es malo ni bueno en sí mismo, simplemente es. Y como tal, debemos reconocerlo al menos en su funcionamiento general. A saber, la escuela ha representado históricamente un espacio institucional hermético, donde las prácticas sociales y educativas eran administradas casi de forma exclusiva por sus actores centrales: directivos, docentes y trabajadores de cada escuela o miembros administrativos del sistema. Por otro lado, los padres y madres, acompañaban a sus hijos un tanto “a ciegas”, debido que lo que sucedía allí dentro era validado por la propia lógica racional y burocrática de cada época. Sin dejar de lado, el hecho que asume que la escuela es formadora de sujetos para el momento histórico que le toca. Pero eso es para otra discusión.

En fin, la existencia de los grupos de Whatsapp como medio de comunicación, difusión, intercambio y visibilización de reclamos, ha generado que el otrora actor que acompañaba tangencialmente al proceso institucional, hoy participa fuertemente en la discusión no solo de las formas del proceso educativo, sino además de sus contenidos.

La educación es primordial e indispensable en la vida de todas las personas. La pertenencia al sistema educativo y las prácticas comunicacionales que confluyen en la cotidianidad de quienes forman parte de la comunidad educativa toman relevancia ante los conflictos que se generan.

Discusiones, malos entendidos, enojos y hasta directivas a un docente permanentemente cuestionado por sus formas y decisiones pedagógicas.

Algunos argumentan que son varios los beneficios de la utilización de los grupos de Whatsapp en las instituciones educativas ya que se produce un acercamiento de ¿todos? los protagonistas que intervienen y las familias que acompañan. Sin embargo, es frecuente observar que una incorrecta utilización de esta herramienta genera tensiones importantes en las formas que asumen las relaciones entre las partes que integran el proceso educativo, tensiones que no siempre se liberan saludablemente en favor de mejoras sino que impacta en la rotura de esas relaciones y en confrontaciones entre las partes de un proceso que los necesita en sinergia.

Las instituciones educativas delegaron en los grupos de Whatsapp la potestad de la generación de contenidos dando un poder relativo a padres y madres que se transformaron en especialistas en pedagogía y gestión educativa tan solo por el hecho de pertenecer.  En el recuerdo quedaron los cuadernos de comunicaciones donde los avisos eran seleccionados cuidadosamente y transmitidos desde la formalidad de la institución.

A partir de haberse armado de nuevas y poderosas armas de discusión masiva (y universal), los padres ponen en jaque a la escuela y a sus docentes. Hoy participan más activamente del proceso, pero con una ventaja de importancia, no hay regla ni normativa que los regule. Y por su lado, la escuela es quizás uno de los espacios más organizados y contenidos por lo normativo, racional y formal. Hecho que genera un creciente avance en la consolidación de ese poder, porque los medios para participar del conflicto o de las tensiones son desiguales en cuanto a su peso, agilidad y practicidad.

De esa manera, los docentes quedaron en la línea de fuego en caso de un problema o disconformidad de los padres que integran la comunidad educativa quienes, al ser parte de un grupo o colectivo se empoderan ante la figura de quien está frente al aula.

La violencia discursiva es cotidiana, padres y madres discutiendo ante la presencia de un docente que se transforma en un espectador atacado, cuestionado, interpelado y en ocasiones, obligado a generar cambios en sus formas pedagógicas por requerimiento de los padres y madres.

El problema principal es que la descalificación de los padres a los maestros no queda solamente en el grupo de Whatsapp ya que en ocasiones los estudiantes son testigos y conocedores de los juicios de valor generados mellando así la autoridad del docente que se pone frente al aula.

Lejos quedaron los tiempos donde el maestro o profesor era una figura prácticamente intocable, hoy en día son los primeros destinatarios del enojo frente a un sistema educativo que no satisface a quienes lo integran.

Hay varias preguntas que subyacen esta problemática: ¿cuál es el rol de la institución educativa frente a este problema?, ¿es posible generar un intercambio sano o correcto a través de un grupo de wapp?, ¿el docente debe exponerse a la mirada constante y “pública” de los padres?.

Es probable que las preguntas no tengan una única respuesta, pero de lo que no hay duda es que  las consecuencias de estas prácticas cotidianas comenzaron a tener un fuerte impacto en el proceso de enseñanza de nuestros hijos e hijas.

Para sugerencias o aportes: aginestar@mdzradio.com

 

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