Rodolfo juega a los Benvenuto mientras Ulpiano va por más

Rodolfo juega a los Benvenuto mientras Ulpiano va por más

El gobierno provincial abre su primer gesto de sociabilización con reuniones familiares. Mientras tanto, el intendente de Ciudad presenta un protocolo para la reapertura gastronómica, que con cuidados pertinentes, podría ser menos riesgoso que aglutinar una decena de parientes en un living hogareño.

Laureano Manson

Laureano Manson

En estos días, el gobernador de la provincia Rodolfo Suarez anunció con bombos y platillos la iniciativa de autorizar reuniones de parientes durante los fines de semana. "A partir de mañana, estableceré por decreto la posibilidad de reuniones familiares, con un máximo de 10 personas. Será para quienes tengan vínculo directo como padres, hijos y hermanos. Solo estarán habilitados los días sábados, domingos y feriados, con restricciones de horario".

Con el decreto aun no sancionado, luego se conocieron algunas precisiones. Las familias deberán evitar el transporte público para llegar hasta el hogar de la reunión, indicando además que el punto de encuentro quede fijado en el domicilio de integrantes que estén dentro de los factores de riesgo para que no sean ellos quienes tengan que desplazarse. También se estableció como horario tope de juntadas las 23, y se comunicaron números telefónicos para que vecinos puedan hacer denuncias en caso de que detecten que las convocatorias cercanas a sus domicilios no estén dentro del marco del "protocolo familiar". Este fin de semana, podríamos estar frente a la primera experiencia de reencuentro familiar, y también frente a la atenta mirada de la guardia vecinal, que probablemente haga unas cuantas llamadas para alertar situaciones incorrectas, y otras tantas con resultado errático. De solo imaginar, que alguna fuerza de orden público toque un timbre para hacer una suerte de control de documentación de los asistentes, ya estaríamos en una suerte de sketch de Cha Cha Cha.

Llamativamente, o tal vez no tanto, la primera acción de sociabilización del gobierno de Mendoza se circunscribe al ámbito doméstico, y si hay sol mediante, hasta el gobierno del radical Suarez podría estar muy a tono con el tan mentado domingo peronista. Sin lugar a dudas, en esta decisión priman cuestiones como los vínculos, la sensibilidad y la tradición tan ítalo-española de la reunión familiar. Pero hay algunos aspectos que no podemos dejar pasar por alto. La disposición no incluye a personas que no tengan parientes, o bien que consideren que su verdadera familia son sus amigos. Por otro lado, la congregación de familiares no es sinónimo de ausencia de riesgo sanitario.

Omar Sued, presidente de la Sociedad Argentina de Infectología, sugirió en el programa de MDZ Radio No tan Millennials, que Mendoza podría esperar un poco para tomar una medida como esta, y si bien respetó la decisión del gobierno, no consideró que el escenario de abuelos rodeados de hijos y nietos sea el más adecuado en el marco de una pandemia. Si bien Mendoza ha contado con ausencia de casos positivos en los últimos días, hay que mantener cierta prudencia, sobre todo teniendo en cuenta la baja cantidad de testeos diarios que se practican diariamente en nuestra región.

Imaginemos un poco el almuerzo Benvenuto, tal cual nos conocemos. ¿Tenemos tablones de cinco metros en casa para respetar el distanciamiento social? ¿Alguien puede pensar en algo tan ridículo como comer con tapaboca? ¿Los abuelos se sentirán más felices de recibir visitas, o más estresados? ¿Qué pasará con el contacto físico de abrazos?

Es posible que científicos que hayan asesorado a Suarez para tomar esta medida, le hayan indicado que el beneficio de estas reuniones reside en que en el caso de que de allí surja un caso positivo de coronavirus, será más sencillo trazar el nexo epidemeológico. Pero claro, esto reviste alguna validez si los integrantes de las familias reunidas han tenido un muy acotado contacto con otras personas, cosa que en la práctica no sucede, ya sea porque muchos están en interacción diaria con compañeros de trabajo, o porque furtivamente se juntan con amigos y/o amantes. El paraíso de los Benvenuto en su versión más monogámica es de una ingenuidad e hipocresía indiscutibles.

¿Salir o no salir de la zona de confort? Esa es la cuestión

Mientras el gobernador va por la vía del calor familiar, el intendente de la ciudad de Mendoza se reunió con el sector gastronómico con el fin de elaborar un protocolo sanitario con el objetivo de que se evalúe la apertura al público de bares, restaurantes y cafés. Contrario a lo que muchos piensan, esta modalidad podría ofrecer mayores beneficios a los del plan Benvenuto.

Los locales estarían adaptados a funcionar en un 50 por ciento de ocupación máxima, con una distancia entre mesas de 2 metros y una separación mínima entre personas de 1.5 metros. En términos absolutamente fácticos, esas medidas de distanciamiento son más posibles en el salón de un restaurante que en las reducidas dimensiones de un living comedor dispuesto para amontonar a diez comensales. Es cierto que muchas personas no son habitués de un café, bar o restaurant, o bien no disponen de dinero para pagar un menú. Pero para quienes sí pueden hacerlo, optar por reuniones en este tipo de espacios terminaría redundando en tres puntos a favor: sociabilización en un lugar ameno, disminución de todo riesgo sanitario (siempre y cuando el local en cuestión cumpla con las normativas dispuestas); y aportar al funcionamiento de uno de los sectores económicos más castigados durante esta pandemia.

 Ulpiano estuvo esta semana pegando cartelitos en la Arístides junto a propietarios de bares, y promocionando el take away (o pase y lleve), pero para el sector esa modalidad resulta insuficiente y actualmente el ingreso que generan representa el 10% de sus ventas habituales.

En definitiva, si ambos dirigentes hubieran puesto sus agendas en sincronía, cumplían con la doble demanda: la de las familias y su necesidad del reencuentro, y la de avanzar paulatinamente hacia el movimiento de una economía a la que por una falta de audacia y de puesta en marcha de protocolos pertinentes, se la ha dejado caer en picada hasta estamparla en el certificado de defunción.

Ni inmunidad de rebaño, ni el horror de Brasil: aquí lo que faltan son ideas

Otro aspecto que ha llamado fuertemente la atención en el tránsito de dos meses de pandemia, es la excesiva cautela del gobierno provincial a la hora de practicar una movida audaz, que claramente no derive en una masacre. Aquí no estamos planteando estrategias fallidas como la de la inmunidad de rebaño, que fracasó tanto en Suecia como en Reino Unido. Ni tampoco queremos encaminarnos a la masacre comandada por Bolsonaro en Brasil. Más allá de los lineamentos nacionales, muy certeros sobre todo en la primera etapa de cuarentena, a medida de que Mendoza ha visto decrecer su número de contagios, no se han pensado en estrategias alternativas

Claramente, hay que proteger a la población vulnerable, y extremar los cuidados hacia los adultos mayores. Habrá que ver que sucede tras las reuniones de los Benvenuto. Pero ya que dado sus costos, procedimientos como los del testeo masivo resultaron ser improbables, una alternativa hubiera sido que todo aquel trabajador que no se encuentre dentro de los grupos de riesgo se reinserte en su labor tras un chequeo general, para así descartar alguna patología preexistente que eventualmente la persona pudiera desconocer. Sabemos que eso conllevaría una logística, pero Mendoza cuenta con suficientes centros de salud para llevar a cabo tal tarea, y así por un lado fomentar la cultura del chequeo general anual, y por otro saber que quien vuelve a su trabajo lo hace con conocimiento de su situación clínica.

¿Y si reemplazamos los mesones familiares por un poco de aire y sol?

En muchos países quedó ampliamente demostrado que lo que el adulto mayor necesita tras tantos días de confinamiento, no es una reunión un tanto tumultuosa, sino un poco de esparcimiento, aire libre y sol (cuidando por supuesto que esa salida no sea en una tarde de frío arrasador). En ese sentido, en lugar de armar una comilona en la que que probablemente todos los invitados estén hablándose a menos de 50 centímetros, en un espacio cerrado propenso para el eventual contagio, resulta más placentero, recreativo y tranquilizador, que un par de nietos, sobrinos o hijos vayan a buscar a sus padres o abuelos para salir a caminar con tapaboca y el prudente distanciamiento social. Cuando observen la expresión de gratificación de esa mamá o abuela levantando su cabeza hacia el sol, comprenderán que cuando se trata de una pandemia, vale mucho más un cielo limpio y un césped bañado de hojas otoñales que el largamente conocido mesón hogareño. Los tiempos cambian. Los paradigmas también.

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