Un bien más preciado que el mismísimo endeudamiento

Un bien más preciado que el mismísimo endeudamiento

Suarez se quedó esta semana sin la autorización de la Cámara de Diputados para endeudarse y hacer obras. En el medio denunció presiones de la Casa Rosada. El PJ aprieta también para que se diferencie de Alfredo Cornejo. Pero la unidad es un capital político que no parece dispuesto a resignar.

Juan Carlos Albornoz

Juan Carlos Albornoz

En el gobierno de Rodolfo Suarez hay un bien más preciado que el Presupuesto 2020, el endeudamiento y el propio el plan de obra pública.

No es plata para gobernar. Se trata de un capital político. Es la unidad y la continuidad de gestión entre Alfredo Cornejo y Rodolfo Suarez.

Ese bien está en riesgo desde el 11 de diciembre pasado. Buscar una fisura entre el gobernador que se fue y el que tomó el poder ha sido la estrategia mayor del peronismo desde que Suarez llegó al trono provincial.

El PJ viene diciendo desde diciembre que Suarez es distinto a Cornejo. Más dialoguista y conciliador que su antecesor. El gobernador nuevo, por su lado, ha tratado de acomodarse a la coyuntura política nacional y local con gestos de respaldo hacia la Casa Rosada y cierta apertura hacia el partido opositor.

Pero todos los gestos tienen un límite. En el radicalismo mendocino están convencidos de que los peronistas no tienen chances de volver a ganar una elección si se mantienen unidos. Y que ninguna situación coyuntural, por más dura que sea, puede perturbar ese plan electoral.

Esta máxima de unidad, por supuesto, genera condiciones y hasta dolores. Suarez nunca va a reconocer, sea cierto o no, que las cuentas del Estado están en problemas por culpa de Cornejo. De hecho, en el Gobierno no creen que esto sea así, más allá de que la recaudación creció menos que el gasto público el año pasado.

Tampoco está dispuesto el radicalismo mendocino a que desde "afuera" lo empujen a una pelea o diferenciación entre Cornejo y Suarez. El gobernador actual está sometido a ese riesgo: el Gobierno Nacional tiene un signo político distinto y lo puede condicionar o tentar.

En este escenario, si fuera real que esta semana se puso sobre la mesa de negociaciones el endeudamiento que pedía Suarez a cambio de su apoyo a la designación de Daniel Rafecas como procurador de la Nación, el resultado de las discusiones en la Legislatura habla por sí solo: romper con Cornejo fue el límite y Suarez se quedó sin endeudamiento.

En efecto, Cornejo, como líder opositor a nivel nacional, ha puesto en duda que Juntos por el Cambio vaya a aprobar la designación de Rafecas en el Senado Nacional. Contradecirlo marcaría una diferencia política fuerte.

Probablemente la Casa Rosada crea que Suarez puede generarle un "ruido" partidario a Cornejo, marcando una posición distinta. Y tal vez lo haya seducido esta semana con los beneficios tangibles de cortarse del presidente nacional de radicalismo. 

Si esta versión fuera real, al menos esta vez, Suarez no cedió. Resignó el endeudamiento y apenas tratará de dar batalla en el Senado para que al menos le autoricen la refinanciación de deudas (roll over) para aliviar las obligaciones de este año.

Pero habrá que ver cuántas presiones recibe hacia adelante y cómo responde.

Lo cierto es que el escenario en el que se tiene que desempeñar Suarez es diferente al de Cornejo no solo a nivel nacional, sino en el ámbito provincial también.

El peronismo local está dividido, igual o más que en la era Cornejo. Hay un PJ que se autodenomina "racional" y otro ligado o cercano al kirchnerismo puro, que es mucho más confrontativo. Cornejo lidiaba y aprovechaba esta división interna gracias a su esquema de liderazgo único, el cual ejercía con mano de hierro, hacia adentro y hacia afuera del radicalismo.

Suarez, en cambio, no es un líder único, precisamente porque llegó de la mano de Cornejo y como continuador de sus políticas. Esa condición es la que aspira a explotar el justicialismo. Por eso le negó la aprobación del Presupuesto 2020 con críticas dirigidas al gobernador que ya no está en el poder.

La imparable maquinaria de la política ya ha puesto en agenda las elecciones legislativas de 2021 y el justicialismo mendocino no va a cambiar: cree que su mejor estrategia para los próximos comicios será seguir buscando la diferencia entre los dos últimos gobernadores radicales.

La UCR, por su lado, tratará de que no se note ningún cambio, a pesar de que el estilo de gobierno de Suarez sea distinto al de Cornejo.

A la vista ha quedado que Cornejo y Suarez deben ser uno, por necesidades políticas. Aunque la crisis azote solamente al segundo.
 

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