Privilegiados que no perdieron un peso ante la inflación

Privilegiados que no perdieron un peso ante la inflación

Hay sectores que son claramente privilegiados, con o sin crisis de por medio. Esta semana vuelven a sus labores los legisladores provinciales, los que en su mayoría tienen una beca de cuatro años y no aportan mucho a la Provincia. Lo más lindo, es que vuelven con sus abultados salarios con aumento para quedar parejitos con la inflación

Desde que llegué a Mendoza -hace 10 años- me llama la atención el funcionamiento de la Legislatura Provincial. Un edificio que llama la atención en pleno centro de la Ciudad de Mendoza y que da la impresión que es un lugar donde se toman grandes decisiones y se reúnen estadistas para pensar en una Mendoza mucho mejor y justa. Seguramente en algún momento lo fue, pero hoy no pasa de ser la sede de un gran número de militantes obedientes -en su mayoría- que tienen una beca de cuatro años con salarios alejados de la realidad del ciudadano común y que la población apenas conoce.

Es que cuando te toca hacer periodismo en las calles de Mendoza y conocés cómo funciona y quienes están en la Legislatura, no queda más que sentir pena e indignación por la forma en que se van destruyendo las instituciones fundamentales del Estado.

Entre las dos cámaras son 86 los legisladores y en su gran mayoría, con algunas contadas excepciones, son personas que llegaron al lugar que tienen gracias a una lista sábana por la tracción de un personaje conocido de la política. Muchos estaban escondidos en la lista sábana y se mantienen escondidos en las oficinas del edificio de Patricias y Peatonal. También muchos de ellos pasan desapercibidos en el recinto, porque ni siquiera opinan o toman la palabra para decir algo medianamente sensato.

A esos legisladores se les deben sumar los asesores, muchos de ellos parientes de otros colegas -se los ubican unos a otro para evitar las acusaciones de nepotismo- en una práctica que se instaló hace años y aún se mantiene. Quienes han recorrido las oficinas de todos los edificios legislativos del microcentro se dan cuenta que muchos de ellos se pasean o copan los cafés del centro en "reuniones" para "pensar" una provincia mejor.

Es necesaria la Legislatura, pero una que cumpla su rol y en los últimos gobiernos simplemente se han convertido en secretarias con personas que sólo levantan la mano de acuerdo a lo que les indica su jefe político. Por eso, hoy la Casa de las Leyes es una herramienta para negociaciones ajenas a lo que es la cuestión legislativa y que se maneja como una instancia de presión de uno y otro lado.

Hoy un diputado provincial está ganando de bolsillo más de $100.000 pesos por mes por efecto de la clausula gatillo que también se aplica a los legisladores y que -a este grupo de privilegiados- les ajustó el salario de tal manera que no perdieron poder adquisitivo, aunque ya tenían una billete "holgada".

Mientras la mayoría de los mendocinos que trabaja en el sector privado perdió entre un 15% y 20% de su poder adquisitivo en 2018 (sin contar lo que se perdió en 2017), los salarios diputados y senadores provinciales no perdieron un punto frente a la inflación.

Si tienen esos privilegios es momento de exigir que cumplan con sus roles de manera eficiente y real, no que vayan a ocupar asientos y se dediquen a "proyectos de declaración" y homenajes sin ningún impacto para la sociedad mendocina. Esta semana vuelven a sus labores y es de esperar que los veamos menos en los cafés -y chicaneando- y ocupen sus asesores -también muy bien pagados- en cuestiones que realmente le importen a la gente y que tengan un impacto verdadero en nuestras vidas.

Una parte de la solución sería terminar con las listas sábanas que permiten que lleguen a la Casa de las Leyes personas que no tienen la capacidad intelectual ni política para ocupar un puesto, pero mientras eso no ocurra es fundamental que el mismo ciudadano se ocupe más y mire bien lo que está votando, porque es la única manera de cambiar una triste e indignante realidad.

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