Suarez demostró que no es Cornejo

Suarez demostró que no es Cornejo

Si bien Rodolfo Suarez centró su campaña en ser la continuidad del gobierno de Alfredo Cornejo, 20 días fueron tiempo suficiente para que no queden dudas de que sus modelos de gestión son diferentes.

Mariano Bustos

Mariano Bustos

Hoy se cumplen 20 días desde que Rodolfo Suarez asumió como gobernador. Menos de tres semanas fueron suficientes para que ponga en riesgo el contundente respaldo que obtuvo las urnas pero, sobre todas las cosas, para dilapidar la autoridad que se construyó alrededor de la figura del gobernador en los últimos cuatro años. Menos de un mes fue necesario para que queden claras las diferencias de carácter y gestión entre Suarez y Alfredo Cornejo.

El actual gobernador se encerró en un callejón sin salida. Hizo una apuesta arriesgada y en su primer día al frente del Ejecutivo mandó un proyecto a la Legislatura para reformar la 7722. Lo hizo con convicción y con un argumento válido: cumplir su promesa de campaña.

Todo parecía salirle bien al mandatario mendocino. Se reunió con Alberto Fernández y demostró que las diferencias políticas quedaban de lado a la hora de dialogar. Incluso, articuló con el PJ mendocino cuyos referentes defenestraban verbalmente a Cornejo pero dedicaban loas al nuevo gobernador.

La ley se aprobó con holgura y muchos creyeron que Rodolfo Suarez había logrado lo imposible: Mendoza podría extraer riquezas de su cordillera. Pero no. La presión comenzó a incrementarse, aliados le soltaron la mano y el peronismo le dio vuelta la cara ante las protestas sociales.

Hubo amenazas, incidentes, escraches y movilizaciones en toda la provincia. El tema trascendió la frontera y famosos a nivel nacional se expresaron en repudio a la modificación a la 7722. Pero sobre todas las cosas, se puso en duda la realización de la Fiesta Nacional de la Vendimia.

Una vez más Rodolfo Suarez recurrió a su carta preferida, esa de la que presumió en la campaña y que le venía dando resultados: el diálogo. En una conferencia de prensa de último momento manifestó su decisión de frenar la reglamentación de la nueva ley 9209. Lo hizo confiado en que serviría para descomprimir la situación y reconciliarse con ese sector de la población que se alzó en pie de guerra. Una bocanada de oxígeno.

Pero el oxígeno solo sirvió para avivar las llamas. Le dio más fuerzas a los mendocinos que defienden la 7722 y generó un efecto dominó y el jefe del Ejecutivo fue perdiendo fichas. Intendentes salieron a suspender sus fiestas vendimiales para exigir la derogación de la nueva ley. Dirigentes del PJ se olvidaron del apoyo que le dieron a la 9209 y se sumaron al pedido para darla de baja. El gobernador se fue quedando solo, poniendo en duda sus propios argumentos y mostrando una debilidad que lo compromete de cara al futuro.

Si bien el universo es diferente, es inevitable trazar paralelismos. Durante el gobierno de Alfredo Cornejo hubo momentos en los que existió tensión social. Ocurrió con el ítem aula, con el fracking y con el Mendotran. En los tres casos hubo protestas, manifestaciones, litigios e incluso amenazas, pero el Ejecutivo se mantuvo firme en sus convicciones y siguió adelante con las tres iniciativas. Con el tiempo, Cornejo consiguió que esos temas sensibles se conviertan en logros de su gestión. 

"Probablemente Cornejo lo trabajaba de forma distinta porque son personalidades distintas con modelos diferentes, pero no digo ni que uno es bueno ni que el otro es malo", manifestó este viernes en MDZ Radio el presidente de la Cámara de Diputados, Andrés "Peti" Lombardi. 

A Cornejo se lo criticó por ser autoritario. A Suarez ¿lo criticarán por ser conciliador?.

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