Al final la que nos va a salvar es la alegría

Al final la que nos va a salvar es la alegría

En tiempos de enojos y broncas, una reflexión sobre la importancia de que no nos roben la alegría para siempre. No debemos darle el gusto a los nefastos de quitarnos ese motor vital.

Federico Croce

Federico Croce

“Defender la alegría como una trinchera. Defender la alegría como una certeza”, dice el poeta.

No entiendo y nunca entenderé a la gente que cree que ser alegre es ser estúpido, o hueco, o inepto. A la gente que piensa que disfrutar, reír y ser entusiasta es ser naif, o superficial, o “vivir en una burbuja”.

¡¡¡Pues los estúpidos son ustedes, señores!!! Yo elijo la alegría. Elijo buscarla y contagiarla. Las personas más inteligentes y centradas que conozco cultivan el don de la alegría, de la ironía, de la perspicacia, del humor. ¡Qué pena es, sobre todo, no saber reírse de uno mismo!

Por supuesto que sé que la alegría puede ser herida, e incluso apagada. Sé que la vida en cualquier momento se puede transformar en un infierno personal. Y sé que el horno no está para bollos, que las injusticias, que la crisis, que las leyes en contra del pueblo, que el gobierno, que la grieta, que Trump, que los bestias que les pegan a las mujeres y las matan, que la plata no alcanza y que capaz que ni siquiera nos vayamos unos días a vacacionar porque no hay plata y porque ahora ni a Chile se puede ir.

Las cosas que pasan nos preocupan, nos desalientan, nos hacen doler. Pero justamente por eso creo que el mundo necesita gente que nos haga reír, que no le tema al ridículo, que te de un abrazo, que sea un bálsamo. A mí me gusta ser de esos, porque por suerte, tengo muchos alrededor que son así conmigo.

Acaba de terminar un día larguísimo: mucho trabajo, cobertura de las alternativas de dos leyes polémicas, una del ámbito nacional, la otra del provincial. En la sociedad se sentía y se manifestaba la crispación, los nervios, el enojo y la furia de algunos frente a ellas, y el apoyo de otros. Nosotros, los periodistas, cubriendo los hechos. Pero a la noche llegó un momento delicioso: la fiesta de MDZ Radio, con oyentes y compañeros. Abrazos, apoyo, carcajadas, baile. Volví a mi casa cansado, pero rebosante de alegría.

Empecé la jornada con la alegría plena de que se venía este festejo hermoso en el que podíamos encontrarnos y disfrutar con muchos de ustedes, que nos hacen "el aguante" diario, a pesar de las pálidas cotidianas.

¡Qué felicidad esos abrazos, esas selfies, esas historias y ese entusiasmo! ¡Qué lindo que me hayan dicho cosas tan lindas! ¡Qué buen momento bailando con mis compañeros de trabajo! Que tantos oyentes de la radio, de las formas más creativas, nos hayan expresado tanto cariño, me emociona.

Gracias a todos. Gracias por cada mensaje, cada abrazo, cada anécdota, cada beso. El amor es lo que sostiene. Y este día extraordinario en donde la dosis de alegría fue fácil de encontrar y vivenciar es el que me ha hecho pensar en que debemos esforzarnos para encontrar esa cuotita de alegría siempre, aún en esas jornadas en las que todo parece oscuro. Algo, siempre hay, y si no hay, no nos quedemos tirados, quietos, derrotados. Hagamos algo, salgamos a buscarla. Que no nos la roben por completo.

Sépanlo, señoras y señores: la alegría es necesaria. La alegría salva.

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