Del paradigma Heterocisnormativo al paradigma de la Diversidad sexual

Del paradigma Heterocisnormativo al paradigma de la Diversidad sexual

Emiliana Lilloy cuenta su experiencia y aprendizaje en la charla brindada por Diego Borisonik (director general de Políticas Integrales de Diversidad Sexual de la Secretaria de DDHH y Pluralismo Cultural de la Nación), quien explicó estos paradigmas.

Redacción MDZ

Redacción MDZ

A colación de una visita a Mendoza de Diego Borisonik (director general de Políticas Integrales de Diversidad Sexual de la Secretaria de DDHH y Pluralismo Cultural de la Nación), tuvimos la oportunidad de escuchar una idea que parece fundamental a la hora de entender nuestra diversidad y construir una sociedad que sea inclusiva para todas las personas que la integran.

La exposición comenzó con un interrogante simple pero cuya respuesta nos dio una foto de la sociedad en que vivimos. La pregunta fue la siguiente: ¿Quién de ustedes se considera parte de lo que llamamos la “diversidad sexual”?

Si quien lee no se siente parte de la diversidad sexual, no hay problema. Fue los que nos pasó a casi todas las personas que estábamos en la sala. Nos dimos cuenta en ese momento de que no nos considerábamos parte de la diversidad sexual porque seguramente las personas que estábamos allí éramos las “normales”, y el resto claro está, eran los/as diversos/as.

Cabe aclarar aquí que una persona levantó la mano contestando que ella era parte y que todas/os lo éramos, ya que éramos diversas en muchos aspectos y que nuestra sexualidad no era la excepción.

Con un poquito de claridad por esta respuesta, plantada la semilla de la inquietud con la pregunta y el título de la charla (que es el de esta nota), avanzamos hacia el tema central que queríamos entender: de qué se tratan estos dos paradigmas y porqué estamos avanzando hacia el segundo de ellos.

Diego nos explicó el significado de la palabra “heterocisnormativo”. Hetero se refería a la heterosexualidad. Nos explicó que vivimos en un sistema en que la heterosexualidad es la norma, y si bien en Argentina contamos por ejemplo con una ley de matrimonio igualitario, lo cierto es que todo a nuestro alrededor (publicidad, medios de comunicación, discursos escolares etc) nos dice que la heterosexualidad es lo normal, lo correcto, lo común, y que la homosexualidad no lo es.

Esto último estaría encriptado incluso en el lenguaje que usamos para referirnos a estos temas. Un ejemplo que usó con mucho humor, fue el de que cuando contamos que una amiga o amigo es homosexual, utilizamos las palabras “inclinación sexual” (que no usamos cuando hablamos de personas heterosexuales) como si las personas homosexuales estuvieran de alguna manera inclinadas (hizo el gesto de caminar inclinado) y las heterosexuales estuvieran erguidas o derechas.

Así, sin perjuicio del humor con que lo tomemos, las implicancias de que nuestro mundo nos muestre como normal, correcto y válido sólo una de las opciones o formas de vivir nuestra orientación sexual (o deseo afectivo hacia las personas) tiene muchas consecuencias nefastas para nosotras/os, sobre todo en la adolescencia. No sólo nos pone un lugar de incorrección respecto a la vida y a los demás por lo que somos o sentimos, sino que nos priva de derechos fundamentales como el de la salud.

Pensemos por ejemplo en un caso de una adolescente de 16 años que acude a una consulta a informarse sobre métodos de cuidados en las relaciones sexuales y la o el profesional asume su heterosexualidad sin consultarle. De estos ejemplos hay miles, y podemos encontrarlos en todas nuestras prácticas diarias en donde la heterosexualidad de la persona que tenemos en frente es un hecho y la homosexualidad tiene que ser “confesada”.

Incluso, nos sentimos con derecho a exigir que las personas homosexuales salgan del placard cuando a la personas heterosexuales no les exigimos ninguna declaración al respecto.

¿Y el cis qué significa?

El cis se refiere a una clasificación de las personas según si se identifican o no con el género correspondiente al sexo asignado al nacer. Esto es, femenino o masculino. Si las personas nos identificamos nos decimos Cis, de lo contrario, nos decimos trans.

Tenemos claro que lo Cis en nuestra sociedad es lo normativo, es decir lo que consideramos normal o correcto. Lo que no tenemos muy claro es de qué se trata que una persona no se identifique, qué es este sentimiento, y sobre todo cuáles son las consecuencias prácticas que tiene esto en la vida personal o social de las personas. Pero como todo lo que no conocemos y no nombramos u ocultamos, terminamos por rechazarlo sin razones. Un dato que resulta impactante, y que es representativo de este desconocimiento y rechazo, es la expectativa de vida de las personas trans hoy en Argentina que es de 37 años.

Finalmente la palabra “normativo“ refiere a lo ya dicho, a que consideramos lo heterosexual y lo cis como lo correcto y como la única forma “normal o aceptable” de estar en el mundo. Es esta necesidad de poner ciertas conductas fuera de lo correcto, excluirlas, reprimirlas o patologizarlas.

¿Y por qué necesitamos salir de este paradigma, comunicarlo y entrar en el de la diversidad?

Una asistente Cis, quizás un poco incomoda por el hecho de ser catalogada, preguntó por qué necesitábamos ponernos nombres, clasificarnos y hablar de diversidad. La respuesta fue clara: porque la palabra crea mundos, porque si no me nombro no existo, porque si no nombramos y “nos contamos” que las personas somos diversas excluimos y privamos de derechos a quienes están fuera de esa idea, concepto o paradigma.

Dicho de otro modo, hasta que no transitemos hacia el paradigma de la diversidad y todas las personas tengamos los mismos derechos y oportunidades más allá de nuestra identidad u orientación sexual, necesitaremos visivilizarlo.

* Emiliana Lilloy-Abogada
* Directora de la Diplomatura en Género e Igualdad
* Vicepresidenta de la Comisión de Género-Colegio de Abogados de Mendoza

 

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